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El termo de café

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – REAL SOCIEDAD, 0

Empezó el partido revuelto. Mucha gente muy harta de quienes dirigen el cotarro se juntó fuera de estadio para que todo el mundo se enterase. Se enteró casi todo el mundo, lo que no deja de ser un paso. Sobre el campo, la Real Sociedad vino con muy poquita cosa a jugar al Calderón.

Diego Costa, titular porque cualquier otra cosa hubiera sido una injusticia bíblica arrancó peleón, como siempre, pero además dejó un detallazo que supuso el 1-0: pase de tacón a Filipe que, de frente y en carrera, fusiló a Bravo. Poco más de diez minutos de partido y estábamos con una placidez impropia de nosotros mismos.

Costa, muy en plan titular, aún tuvo otra. Fue tras un pase genial del Kun Agüero, valga la redundancia, que lo dejó solito frente al portero rival. Tiró bien, pero se a Bravo le dio tiempo a rozarla y se fue al palo.

Andábamos recordando la decena larga de veces que en no demasiado tiempo nos hemos complicado la vida con el marcador a favor cuando Reyes se encargó de quitarnos tanta tontería de la cabeza. Cogió un balón en la banda izquierda, avanzó hasta la línea de fondo y, ahí, sin despegarse mucho de ella, dejó sentado literalmente a Carlos Martinez, sin tocar el balón, para poner luego un pase atrás perfecto a Mario Suárez. El chaval sólo tuvo que rematarla, casi de tacón, para meter el 2-0 justo al filo del descanso.

Sobró la segunda parte. Si acaso, nos dejó la certeza de que Forlán está en su propia guerra y Agüero un paso por delante, o diez o doce, de todos los demás. El primero tiró a puerta cada balón que le cayó cerca. Hasta una falta en la frontal del área que miraban Reyes y el Kun con ojos golosones. El otro, en un día bastante gris para ser él, se fabricó por su cuenta la jugada del 3-0: aprovechó el error de un defensa para cogerle la espalda en el medio campo, recorrió 50 metros hasta la portería con el balón pegado al pie y, como vio que Forlán no llegaba, la tiró ajustada al palo derecho de Bravo.

Con esto y una palomita de De Gea dejamos cerrado un partido en el que Mario y Tiago demostraron que igual hasta tenemos medio campo. Lo que nos falta es tiempo. Como los malos estudiantes, el Atleti tiene que agarrarse otra vez al termo de café para recorrer a última hora el camino que ha tenido todo un curso para andar. Ahora llegan las apreturas, las prisas y la necesidad de no fallar nada de nada hasta llegar al examen de final de mayo. Ese que nos puede colocar en Europa por la puerta grande o la pequeña. De ese tamaño dependen tantas cosas…

 
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Publicado por en 10 abril 2011 in La pelotita

 

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Buen karma

MÁLAGA, 0 -ATLÉTICO DE MADRID, 3

El Karma, según lereles místicos no mayoritarios en esta, Mispaña, es una especie de ley de la compensación. Algo así como el cielo, pero en plan cortoplacista: si eres bueno, ya no tienes que esperar a la otra vida porque en esta misma te llevas el premio. Pues eso, que después de la eliminación europea, de haber llorado por las esquinas que ya no seremos bicampeones de la UEFA y de todo lo demás, el destino nos ha agradecido el haber hecho feliz a un pueblo tan castigado últimamente como el griego. Esta tarde, enfrente no teníamos un equipo, teníamos una excursión de madres ursulinas.

Y aún así, más 20 minutos nos costó superar a un Málaga que, para que nos entendamos pronto, es ese equipo de la Primera división española que defiende a balón parado peor que nosotros. Un poema. Centró una falta Simao, que ha sido saberse compañero de Guti y empezar a levantar balones, llegó a la pelota Tiago y cabeceó un 0-1 abrumadoramente tranquilizador. Lo que teníamos enfrente no iba a ser capaz de marcarnos dos goles así empezaran a llover petrodólares sobre la Rosaleda en ese instante.

Nosotros tranquilos y ellos incapaces, la primera parte terminó convertida en ese tostón tan extraño a nosotros, que tenemos romo el filo de la navaja a base de pasearnos sobre él.

Pero acabó el descanso y el Málaga salió con lo único que podía ponernos enfrente: sus ganas y a Duda, un tipo que todavía no me explico cómo no ha terminado en un equipo más grande. Eso y nuestra habitual caraja de eh, que todavía no se vale, fue suficiente para acojonarnos un rato.  El que tardó Simao en tener otra falta lista para centrar. Sacó el portugués, la pelota fue a parar a Tiago que en lugar de rematar, se la puso a Domínguez. Después de pasarlo mal, sale el chaval de titular y marca. Buen karma, ya digo.

Un par de minutos más tarde, otra falta, otro balón hablando portugués y esta vez Tiago remató, también de cabeza, el tercero ante la mirada atenta de la defensa malaguista y cabreada de su portero. Sólo el pueblo atlético tenía buena cara en Málaga. Y no dejó de tenerla, porque el partido se diluyó sin mucho alarde.

Quique quitó a Agüero con media hora por delante. Lo justo y necesario. Fuera de casa, ojo, porque robarnos minutos del Kun en el Calderón no tiene perdón de Dios. Forlán vio todo el partido en el banquillo porque Quique probó con un 4-3-3 que no nos deja las vergüenzas del medio campo al aire. Diego Costa salió a hacer su fútbol. Ese fútbol. La cosa terminó y mi equipo acaba el año mirando hacia arriba más que hacia abajo. Fuera de Europa, pero con ganas de marcha. En un rato, el Espanyol, a jugarnos las copas.

 
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Publicado por en 19 diciembre 2010 in La pelotita

 

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Tendremos que reír los últimos

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – ESPANYOL, 3

Somos un equipo llamado a los imposibles. A levantar copas recién escapados de la tumba. A retener contra viento y marea a uno de los cinco futbolistas más luminosos de la última década. A llevarnos un calentón inconmesurable a dos grados bajo cero. Para eso último hemos tenido ayuda de mucha gente. La de todo el Espanyol y la de Teixeria Vitienes, cántabro.

20 minutos estuvimos decidiendo quién tenía menos que perder. Si ellos o nosotros. Con una alegría digna de mejor temperatura, los dos equipos se tiraron al ataque. Nuestra primera falta tonta, devino drama. No por el tiro, que no iba a ningún sitio, sino porque pegó en la barrera. En una parte de la barrera, esa que eran los dos brazos de Reyes juntos, sobre el pecho, entre protegiéndose y rezando el jesusito de mi vida. Ciento cincuenta jugadas iguales hay así cada semana. Ninguna acaba en penalti. Pero eso es porque nunca pillan cerca a Teixeira.

Instalados ese punto exacto en el que el cabreo está al borde de convertirse en incredulidad, vimos a Luis García meternos el primero. El Espanyol se relajó un puntito y entonces supimos que el bocata nos lo íbamos a comer empatados. De lo que no teníamos ni idea es de que fuera a costar tanto. No sólo es que tuviéramos que esperar 25 minutos de asedio sino que, ya en faena, el gol sólo vino después de un catálogo de remates: sacó Reyes el córner y de cabeza lo intentó Tiago. Paró Kameni. A medio metro de la raya, Godín pegó un zapatazo. Volvió a parar Kameni. Le cayó otra vez a Tiago y esta vez marcó con un trallazo suficiente para meter en la portería la pelota, el portero y todo aquello que se le pusiera por delante. Fue lo último de una primera parte que nos dejó las engañosas sensaciones de que ganaríamos el partido y de que el penalti había sido un accidente.

Ni diez minutos de la segunda parte tardamos en darnos cuenta del error. Osvaldo corrío un balón largo con Perea, una empresa destinada al fracaso. Pero el colombiano, un hombre destinado a darnos estos disgustos, perdió la posición. El delantero le empujó un poco, el cántabro se hizo el sueco, de Gea falló en el primer remate y Verdú puso a todo su equipo a echar cuentas. Como ese funcionario que hay en cada adminstración que entre bajas y libranzas descansa más que curra, al Espanyol de Pochettino le iban a sobrar dos moscosos a poco que se aplicara.

Y se aplicó. Ante la pasividad absoluta del árbitro se aplicó. Si Teixiera hubiera pitado el Ajax-Madrid, Sergio Ramos está todavía haciendo paradiñas en el Amsterdam Arena.

Poquito que nos hace falta para desquiciarnos, con el Espanyol dando estopa y perdiendo tiempo a partes iguales, el partido se nos iba cañería abajo hasta que apareció Forlán en un destello. Su fantástico pase lo aprovechó el Kun, sólo ante Kameni, para engañar con el cuerpo y rematar rasa y seca al palo contrario.

Dos a dos y durante doce minutos se volvió a jugar al fútbol. Más nosotros que ellos. Con Teixeria molestando todo lo posible en cada jugada, parando contraataques (nuestros), pitando fueras de juegos inexistentes (nuestros), repartiendo amarillas a diestro y siniestro. Haciéndonos ese tipo de cosas que jamás le harían en casa a algunos equipos. Incluso a esos que juegan los lunes.

Y entonces marcó Osvaldo. Nuestra defensa le dejó adelantarse, cazó un centro y metió un golazo estupendo. Nada que reprochar. Salvo que ahí sí que sí, su equipo nos robó un cuarto de hora de partido. Cada entrada, cada falta, cada caída españolista iba encaminada a perder el máximo tiempo posible.  El calentón de la grada era inversamente proporcional a la temperatura ambiente: estábamos a puntito de ebullición.

En medio de este ambiente, Godín le pega una tarascada a Javi López, que cae entre la zona técnica de Quique y la línea de banda. López, escrupuloso con el planteamiento de su equipo, se retuerce en el suelo de dolor. Pero está fuera, no dentro. Un detalle que convertía en inútil tanto aspaviento. Ahí llega Luis García, un tipo al que la UEFA está tardando en darle la medalla de oro al juego limpio, para decirle que se corra un poquito hacia el campo, lo justo para que puedan perderse un par de minutos más con el paripé de la camilla, el masajista y el ay doctor me duele aquí. Quique que lo escucha y se acerca a mentarle ancestros al tal García este, Agüero que aparece con las mismas intenciones y una patada absolutamente fuera de lugar y ahí se lía el bochinche.

Jugada perfecta para el Espanyol: Quique a la calle, y el reloj marcando las horas como si los Panchos no hubieran cantado nunca. Se acabó el partido y aún tuvo tiempo nuestro entrenador de ir a por Luis García sin ánimo aparente de invitarlo a unas cañas. Medio mundo tuvo que meterse por medio para evitar algún guantazo. Feo lo de Quique y feo lo de Agüero. Dicen que Luis García se había reido del Atleti. Lo llevaban haciendo a medias el Espanyol y el árbitro todo el partido. Sólo nos queda el consuelo de que queda mucha temporada y que no sería la primera vez que reiríamos los últimos.

 
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Publicado por en 28 noviembre 2010 in Sin categoría

 

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Una cuestión de lógica

REAL SOCIEDAD, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 4

El fútbol es esa mala costumbre que te cambia la cara, las certezas y casi la vida en apenas 90 minutos. El Atleti sólo necesita 45. Porque todo lo que pasó en la primera parte podemos apuntarlo en el capítulo de los desastres. Desastre empezar el partido sin saber a qué jugábamos. Desastre dejar a la Real controlar un ritmo que debía ser nuestro y desastre, hecatombe, permitir esa jugada de Griezmann a en la que Ujfalusi ahorra a Joseba Llorente el engorroso trámite de meter el 1-0. El muchacho lo celebró como si hubiera sido suyo, pero nosotros y la tele sabemos que fue el checo, deportado hasta el descanso al centro de la defensa, quién nos puso en desventaja.

A partir de ahí la Real se diluyó. Y eso que no tenía motivo: Quique había salido con una defensa experimental que dejaba a Perea el lateral derecho y a Antonio López la banda izquierda. Sólo él sabe por qué. En el medio campo Mario Suárez borraba todas las buenas sensaciones de los dos partidos anteriores y Forlán, Agüero y Reyes deambulaban entre la nieba de nuestro propio atasco. Contagiados de esa costumbre tan uruguaya, los atacantes de este equipo se esforzaban en hacer la guerra por su cuenta. Cualquier punto del estadio era buen lugar para tirar a puerta. A pesar de todo eso, nos empezamos a venir arriba y la primera parte acabó con la Real pidiendo la hora.

Nos mirábamos entre resignados y expectantes. Quién más y quién menos pedía otra caña al camarero sin saber demasiado bien si teníamos por delante una tragedia o una de aventuras. El camarero, del Madrid, nos las ponía como quién calibra la ortografía de un parvulito.

Empezó la segunda parte y casi nos arrepentimos del descanso: Griezmann volvió a darnos un disgusto que no fue a mayores porque todavía seguimos teniendo a De Gea como portero. Atacábamos con ansia y la Real se defendía con eficacia. Entonces, Martín Lasarte decidió inmolarse: quitó del campo al hombre que le había amargado la vida a Perea y complicado la existencia a Ujfalusi, esto último, una vez que Quique decidió volver a la lógica. Griezmann al banquillo. Hagan juego señores.

Y lo hicimos. Tiago sacó con el antebrazo un balón en nuestra área. La pelota le cayó a Reyes que le puso un balón 60 metros adelante al Kun. El control de Agüero hubiera sido un prodigio si no estuvíeramos tan acostumbrados a estas cosas. Lo demás fue sólo rutina: dejada perfecta a Forlán para que empatase. Ni diez minutos más tarde, cambio de papeles: Forlán abrió magníficamente a Ujfalusi que centró al sitio justo en el que iba a aparecer Agüero para meter el segundo. Un poco en fuera de juego, que todo hay que decirlo.

Por delante en el marcador gracias a decisiones arbitrales. Por un momento, nos empezábamos a sentir del Madrid. Cuando Agüero aprovechó un rechace para meter su segundo, nuestro tercero, galácticos del todo.

Pero nosotros, como el escorpión, somos demasiado fieles a nuestra naturaleza. Ningún otro equipo en los límites de la M-30 sería capaz de hacer de los diez minutos restantes una aventura épica. Nosotros sí. Con la gorra.

Fue cosa de Simao, aunque no exclusivamente de él: la pelota rondaba el área, Godín se había liado, Perea la había sacado de aquella manera, el rechace le había caído al portugués… y empezó el espectáculo: el muchacho empezó a regatear rivales en la frontal de nuestra área. Sin lógica, sin conocimiento, sin pizquita de compasión por nuestros pobres corazones que se veían venir -¡camarero, otra caña!- la tragedia. Efectivamente, Simao perdió el balón, le llegó a Diego Rivas y ese hombre, que mamó tanto en nuestros pechos, clavó un 2-3 que nos dejó tiritando.

Cuatro minutos y otros cuatro de propina. Ocho. Anda que no somos nosotros capaces de liarla parda en ese tiempo. Y nos sobra pa un café. Tiró Zututuza, remató Tamudo, centró Sarpong, lo intentó Bergara, hasta concedimos un córner. Nada de lo nuestro ni de lo suyo nos daba idea de cómo iba a acabar la cosa: el rechaze terminó con Reyes entrando en su área, Mikel González abatiéndolo y Ayza Gámez, un amigo, dudando entre pitar penalti o el final del partido. Como daba lo mismo, supongo, le dio la pelota a Simao para que metiera el 2-4 antes de mandar a todo el mundo al vestuario.

Nadie lo hubiera imaginado. Hacía siglos que no remontábamos fuera de casa, nunca habíamos ganado en Anoeta. Lo teníamos todo en contra y por eso, este es mi Atleti, no tuvimos más remedio que ganar.

 
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Publicado por en 21 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Para frotarse los ojos

ROSENBORG, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Medio metro. Por lo menos. Era la distancia entre Agüero y el último defensa. Entre el Kun y la espalda de ese último defensa, se entiende. Un fuera de juego como una catedral que nos puso por delante en el minuto cuatro o así. Antes, Simao y Raúl García nos habían dejado el mejor cambio de banda en lo que va de temporada. De ahí al centro, a la ceguera del árbitro y al gol. Son así de malos, aquí, allá y acullá. Claro que cuando nos son torpemente favorables, duele menos.

Fue marcar el gol y empezar la siesta a la espera de un latigazo del Kun o de Costa, a lo tonto modorro el único jugador que ha estado en todos los partidos del Atleti este año. Alguna tuvimos, pero insuficiente. O no atinábamos nosotros o atinaba Örlund. Nombre de vikingazo para un portero sueco. Todo queda, más o menos, en casa.

Y nos confiamos. Nos confiamos tanto que cuando el lobo empezó a soplar, la cuatro paredes de cartón con las que Quique sostenía al equipo, se fueron al carajo: Henriksen metió el empate en una jugada en la que se juntaron nuestras habituales angustias defensivas con una insospechada cantada de De Gea. El Rosenborg se lo creyó y entre unos y otros nos acabaron dando la tarde.

Sin jugar ni a la chapas, con la clasificación chunga de cojones, el Madrid asomando la patita y el porterazo que encontramos en Illescas completando su cupo anual de fallos con una salida absuda a controlar un balón en la banda. Le quitaron la pelota, claro, y supimos que la derrota, la debacle europea y hasta la goleada en Chamartín iban a ser cuestión de que pasara el tiempo.

Si la esperanza es lo último que se pierde, el Atleti no tenía nada en el petate desde el minuto en el que Quique quitó al Kun y sacó a Forlán. A su sombra. A esa sombra que nos es peligrosamente familiar y que aún contemplamos con la esperanza de que cualquier día arranque. No puede ser que a Forlán se le olvide jugar al fútbol. Ni siquiera puede ser que se le hayan quitado las ganas. Justo eso que pareció cuando, en una cruel fotografía mental, todos lo vimos quejarse por no haber recibido el pase mientras la pelota entraba en lo que ya era uno de los goles del año: Tiago.

Porque Tiago marcó un gol de los de frotarse los ojos. Como los héroes, rescató a la chica cuando todo estaba a punto de estallar. El portugués cogió el balón en el medio campo, se fue de dos defensores, a otro más se lo quitó de encima con un caño, miró a portería y desde 25 metros, con ese último impulso del que no da más de sí, le pegó seco a la escuadra. La pelota entró, pasar de ronda es ahora todo lo fácil que para el Atleti pueden ser las cosas fáciles y hasta Forlán fue a felicitarle por el gol. Apenas tardó una décima de segundo de más en darse cuenta de que había visto una obra de arte. No es mal chico, sólo son cosas del hambre desmesurada.

 
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Publicado por en 5 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El año que volvimos

 

 

Ya ha nacido, y tiene la cara que veis arriba. Hace año y pico empecé a contar en este blog las desdichas del equipo de fútbol del que me hizo mi madre porque la camiseta del Barça era muy oscura y la del Madrid demasiado sosa. Gracias, mamá, por hacerme del Atleti.

Ni me podía imaginar que lo ganaríamos casi todo, que acabaría llorando en Hamburgo y aplaudiendo en Barcelona. Mucho menos que a unos locos (gracias Tximi, Petón,  Josete, Óscar, Mario, Kiko, Sergio… todos) se les iba a ocurrir que ese viaje tenía que ser un libro. Y lo es. Casi 200 páginas de risas, llantos, berrinches y goles. Partido a partido, desde el debut europeo en Atenas hasta Mónaco donde el fútbol le dio a Agüero el gol que le debía.

El año que volvimos ya está en todas estas librerías. Bienvenidos a la historia de un equipo que, cuando nada era posible, se inventó la manera de volver a hacernos sonreir.

 
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Publicado por en 4 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El futbolista prescindible

ATHLETIC DE BILBAO, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

La última vez que un atlético pensó que había sido un día perfecto, llegó a casa y se encontró a su mujer con el fontanero. No está de Dios que celebremos victorias completas. Terminas de jugar en Bilbao, miras la tabla, y sonríes, miras el parte médico y te entran ganas de llorar mientras asumes lo inevitable. Cuando en cada regate dejas blasfemando a un par de defensas rivales, lo normal es que el destino se tome venganza antes o después. Lo del Kun no es una lesión, es un acto de envidia divina.

El Atleti volvió con los de siempre, que son esos a los que hacía falta un buen puñado de fichajes cuando terminó la temporada. Mérida lesionado, Mario Suárez y Diego Costa en el banquillo y Luis Filipe esperando su oportunidad. No sé si el chico es de naturaleza humilde, pero llegar como estrella y no haber debutado baja los humos a cualquier cristiano. El único que juega por decreto ley es Godín. Cómo estaría la defensa para que Quique se haya encomendado al último en llegar. Y le funciona.

Tanta seriedad teníamos atrás que el espectacular arranque del Athletic no terminó en catástrofe. Capeamos el temporal justo lo suficiente para que el balón le llegara a Agüero. Un manual de insolencia vino a continuación: descubrió que el camino más corto es el que pasa entre dos defensas, levantó la cabeza vio a su socio y le puso el balón con la misma cara que tenía en Hamburgo. El pase no fue tan preciso, pero por allí andaba Simao para, en un fallo que él siempre dirá que fue taconazo, dejársela a Forlán. El uruguayo que sólo tiene una portería en la cabeza apenas tuvo que girarse: media vuelta y gol. Minuto 10. Otra vez profanamos la catedral. Ya no hay respeto.

Agarraditos al Kun recorrimos casi una hora más de partido. Raúl García volvió a dejar claro que no es Tiago mientras Perea no hacía más que sembrar dudas sobre su verdadero ser: tanta torpeza y tanta eficacia no pueden caber en el mismo hombre.

¿El Athletic? A lo suyo. A lo de Caparrós, vaya. Dejándose la piel en el campo y todo esos tópicos tan hermosos si no fuera porque el pellejo que suele acabar en el césped es el ajeno. De tanto pegar, nos hicieron daño. Se escapaba el Kun en un 0-2 evidente cuando Gurpegui se lo llevó por delante. Gurpegui, un hombre cuya única aportación al fútbol es un turbio asunto de análisis y contra-análisis. Un tipo sin hechos deportivos que merezcan una línea. Un futbolista totalmente prescindible dejó llorando a uno de esos jugadores a los que debería pedir autógrafos. Pareció penalti y pudo serlo. Era roja sin lugar a más dudas de las que quiso tener Undiano Mallenco. Todo acabó en amarilla y falta. Lo que le pareció al buen señor.

Para colmo de males, por el Kun salió Diego Costa. La lista de diferencias es infinita pero yo me quedo con una: el brasileño corre mirando a la pelota. Así no hay manera aunque un Athletic volcado le dejará un contrataque, pudiera pasar a Simao, éste fallara estrepitosamente y por allí apareciera Tiago para meter el 0-2.

El cómo en 10 minutos nos complicamos tanto la vida lo tendrá que explicar Quique en rueda de prensa. Con el partido hecho, dejamos que el Athletic nos comiera vivos hasta el punto de que De Gea tuvo que recoger el 1-2 de la portería a falta de dos minutos más cuatro de prórroga. Un mundo entero. Dos mundos si contamos con que las contras dirigidas por Diego Costa, cuatro para dos, cuatro para uno y demás peritas en dulce, acababan con el buen chico en el córner, perdiendo el balón y no tiempo.

Con muchos más sofocos de los razonables acabó el partido. Seguimos líderes y esperamos, rezando a medio santoral por Agüero, a un Barça jodido tras perder en casa con el Hércules de Drenthe. Que no es broma. De verdad.

 
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Publicado por en 12 septiembre 2010 in La pelotita

 

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