Querido pirata:
Tenía que pasar. Esta misma mañana has caído por este blog buscando “el año que volvimos descarga gratis”. Y pese a toda aquella historia de que copiar es bueno para el autor, que la industria cultural, así a pelo, es un parásito, que lo importante es la expansión del producto y que por arte de algún cuento de la lechera eso acabará revirtiendo en mí, pues mira, no me acabo de sentir afortunado.
Vaya por delante que te llamo pirata porque todos lo somos. Por que estoy deseando que tire la primera piedra quién en su vida haya copiado nada. Yo el primero ojo y aún recuerdo con ternura cuando vi Karate Kid II en un VHS pirata que nos dejaron. No pretendo insultarte, sólo es más corto que querido-copiador-de-productos-culturales-en-sana-y-justa-reivindicación-de-tu-legal-derecho-a-la-copia-privada-que-de-privado-en-este-caso-tiene-poco. Tú ya me entiendes.
Hace justo justo un año, andábamos todos de protesta histórica en protesta histórica por estas redes del señor, la ministra postrada a nuestros pies, el poder de las redes sociales y todo eso. La Ley Sinde pintaba mal y la propia torpeza del Gobierno se encargó de pintarla peor. Se llevó palos hasta en el cielo de la boca. Muchos de ellos, merecidos, otros, me parece, ni tan libertarios ni tan socializadores de la cultura como quisieron hacernos creer.
Para mi pasmo, gente con una solvencia intelectual más que sobrada, copiaba y pegaba, incluso promovía un manifiesto que tenía demasiados cabos sueltos. El principal, un desprecio bastante mal disimulado por el sustento de los autores. Un año después, alguna de esa gente se ha caído del guindo y parece haberse dado cuenta de que detrás del grito de “¡jdownloader o muerte!” hay algo más que las ansias de libertad y voracidad cultural del pueblo llano sediento de formación. Estoy más con Escolar cuando dice eso de que los artistas tienen algo de razón que cuando pedía que, por favor, pirateasen sus canciones. Aunque moriría por su derecho a hacer con su obra lo que le venga en gana. Porque supongo, amigo, que coincidirás conmigo en que ahí está la libertad, no en que tú seas libre de descargar gratis algo que tiene un precio.
No sé dónde estabas tú entonces. Mientras se sucedía todo el bochinche del Manifiesto, yo andaba escribiendo sin saberlo, un libro. Sin saberlo porque el borrador de El año que volvimos son las entradas de este mismo blog. Has vivido su nacimiento en directo. Durante todo un año tuviste acceso libre-gratis-free a ellas, igual que tienes ahora a las de este año. La diferencia está en que un loco propuso la idea, mucha gente dedicó esfuerzo y dinero al tema y ahora todas las entradas del año pasado, después de un curro considerable para mejorarlas, están en las librerías.
El año que volvimos ha salido con 2.000 ejemplares, en ellos se han jugado pasta una fundación y una editorial pequeña, se ha llevado decenas de horas de sueño mías, de la correctora, la diseñadora, de los editores, del responsable de prensa… El año que volvimos cuesta 17 euros que sirven para pagar todo ese proceso. Si sale estupendamente, también para cuadrar las cuentas de una empresa que, como verás en su catálogo, no publica, precisamente, a Ken Follet o Pérez Reverte. Yo, que no tributo en Miami, carezco de relación alguna con la SGAE, así que poco me corresponde de un canon cuya eliminación comparto.
El año que volvimos, en lugar de ser ropa, whisky de garrafón, tasas de basuras o colonias para reyes, que pagas religiosamente en todos los casos, tiene la mala suerte de ser un producto cultural. Así que de repente te has sentido con derecho a tenerlo por la cara, porque tú lo vales, porque seguramente aprecies el libro, pero te da igual la inversión y la dedicación de la gente que lo hemos hecho posible.
No me vale que quieres probar el producto antes de comprarlo. No me vale, sobre todo, porque es mentira. Si quieres saber de qué va el rollo, tienes más de una decena de entradas de este año. Así no te llevarás sopresas, así no comprarás a ciegas. Repásalas, fijo que te darás cuenta de si te mola cómo escribo o te parece una basura. Y con todos esos datos, lo compras o no. Tú mismo.
Hasta aquí, supongo, poco habrás leído que te resulte nuevo. Llevamos un par de semanas leyendo a quienes quieren colgar del palo mayor a todo el que se baje un disco y quienes, por el conrtario, consideran que la barra libre es la única situación posible y, es más, están cabreados con Sabina porque no saca un disco semestral que poder descargarse. O sanísimas posiciones intermedias, ojo.
Pero ahora es tu turno. Todo para ti. ¿Qué hacemos? Más allá del insulto facilón de unos y otros, lo suyo sería tener alguna respuesta seria. ¿Cómo hacemos para que Titano y Alcoraz decidan volvérsela a jugar con otro tipo desconocido que escribe cosas? Quizás esas cosas te gusten. Quizás, si no aportamos soluciones, nunca pasen de ser un borrador y perdamos todos. Te lo digo, compañero, de pirata a pirata.
12/06/11. ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: Ya no es que puedan probar si les gusta o no el rollo de El año que volvimos. Es que tienen la segunda parte, entera, verdadera y gratis total aquí.




