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Cómo te habíamos extrañado

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – ROSENBORG, 0

Hay cosas, y personas, sin las que uno puede vivir décadas y jamás las echará de menos. El alcalde de Valladolid, por ejemplo. Otras sin embargo, cuando faltan, te dejan ese desasosiego del que sabe que la vida tiene que ser otra cosa. Algo mucho mejor. Es lo que pasa con el Kun Agüero. En 25 minutos, un tipo bajito y cara de haber roto todos los platos, hizo felices las 45.000 personas que tenía más a mano y a todos a quienes pillaba lejos, pero lo vieron por la tele. Porque Agüero no provoca admiración por su talento sino ilusión por lo mágico que puede llegar a ser. Con él en el campo, el Atlético vive como si todo estuviera a su alcance.

Pero para eso tuvimos que esperar una hora y cinco minutos. Un tiempo que dedicamos a hacer garritas contra un equipo que malviviría en nuestra Segunda división. Si este es el club más laureado de su país, la liga noruega debe de ser un espectáculo apasionante. No habían llegado todavía algunos al campo cuando Forlán tuvo la más clara de su noche. Un centro que fue a rematar, hizo como si quisiera hacerlo, pero el balón pasó por él cómo el sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Por no hacer, ni lo desvió un poquito: le atravesó las piernas hasta llegar a un Simao que tuvo todo el tiempo del mundo para acomodársela y rematar, solo como estaba. Y lo hizo de pena. Minuto tres y nada de nada cuando un gol nos hubiera dejado el cuerpo, a esas alturas, como una sopita caliente.

Pero el Rosenborg hacía oposiciones al descalabro y daba tantas facilidades que hasta llegamos a ver una ruleta de Diego Costa. Sé que no me van a creer. No les culpo. Todavía sorprendidos, Simao decidió no sacar su trigesimoséptimo córner corto al primer palo del año y se la puso a Felipe Luis en el pico del área. Centro de un tío demasiado bueno para ser lateral que todos intentan rematar y al que nadie llega. Pero la pelota le cayó a Reyes, y bueno estaba perdonarles una; dos era un exceso: gran centro que remata Godín para poner el uno a cero y tranquilizar un poco el ambiente.

Eso en la teoría. En nuestra práctica, el Rosenborg se vino arriba y antes del descanso, nos dejó los sustos de un poste tras el achique carajote de Perea y Godín y de un tiro raso y con mala leche que obligó a estirarse al grandón de Joel. Después del 43 con el que De Gea ganó una UEFA, en ese afán que tenemos por confundir a nuestros porteros con líneas de la EMT, Joel iba con el 27: Embajadores – Plaza de Castilla.

Empezó la segunda parte y sin que lance alguno del juego lo justificara, la grada empezó a rugir. Que te aplaudan tras un jugadón el campo debe de ser la leche, que te ovacionen cuando correteas por la banda ya no puedo ni imaginarlo. Creerán que Forlán, que tenía toda la pinta de ser el sustituído apretó el paso, ¿no? Se equivocan, amigos. El uruguayo siguió a lo suyo, que esta noche fue lo de nadie y apenas volvió a mirar a portería para malrematar un gran centro de Diego Costa. Sí, igual la pareja de delanteros de este año acaba no siendo la prevista.

Llegados a este punto, olviden todo lo anterior, que sólo habla de un partido de fútbol.

Minuto 65, sale Agüero por Forlán.
65:25, Agüero roba una pelota en nuestro campo y se la pone a Diego Costa que tenía toda la banda izquieda para correr.
65:31, Costa se lía y el balón acaba en Simao listo para un centro.
65:37, el centro lo recoge Ujfalusi que se la deja en corto a Reyes.
65:41, Reyes, grande, enorme toda la noche, aguanta el balón lo indecible hasta que Agüero da el pasito adelante que tenía que dar.
65:43, Agüero recibe el pase, esquiva a dos defensas y marca el 2-0.

Se lo dije, lo de antes era fútbol. Esto ya es otra cosa.

Si el Kun necesitó 43 segundos para marcar su gol, sólo le hizo falta un toquecito para dejar claro que ha vuelto, que viene con ganas y que podrán frenarlo las lesiones, porque las defensas rivales se le han quedado cortas. Jugaba Reyes por la derecha un balón que terminó en el control extraño de Diego Costa en la frontal. A la segunda, acertó a ponérsela a Agüero y arrancó hacia portería sin ninguna fe. Era imposible que el balón le llegara, sólo sería posible si al recibirla, el Kun acertaba a hacer una perfecta vaselina de primeras que superase a la defensa y pudiera llegarle a él. No, era imposible. Todo eso iba pensando Diego Costa cuando vio que la pelota le llegaba a la cabeza, mansita, lista para rematar un poco, tampoco demasiado, y meter su cuarto gol en cinco partidos.

Era el remate a un partido que nos deja con mejor cara en la clasificación pero, sobre todo, con la certeza de que, como decía Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

 
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Publicado por en 22 octubre 2010 in La pelotita

 

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El futbolista prescindible

ATHLETIC DE BILBAO, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

La última vez que un atlético pensó que había sido un día perfecto, llegó a casa y se encontró a su mujer con el fontanero. No está de Dios que celebremos victorias completas. Terminas de jugar en Bilbao, miras la tabla, y sonríes, miras el parte médico y te entran ganas de llorar mientras asumes lo inevitable. Cuando en cada regate dejas blasfemando a un par de defensas rivales, lo normal es que el destino se tome venganza antes o después. Lo del Kun no es una lesión, es un acto de envidia divina.

El Atleti volvió con los de siempre, que son esos a los que hacía falta un buen puñado de fichajes cuando terminó la temporada. Mérida lesionado, Mario Suárez y Diego Costa en el banquillo y Luis Filipe esperando su oportunidad. No sé si el chico es de naturaleza humilde, pero llegar como estrella y no haber debutado baja los humos a cualquier cristiano. El único que juega por decreto ley es Godín. Cómo estaría la defensa para que Quique se haya encomendado al último en llegar. Y le funciona.

Tanta seriedad teníamos atrás que el espectacular arranque del Athletic no terminó en catástrofe. Capeamos el temporal justo lo suficiente para que el balón le llegara a Agüero. Un manual de insolencia vino a continuación: descubrió que el camino más corto es el que pasa entre dos defensas, levantó la cabeza vio a su socio y le puso el balón con la misma cara que tenía en Hamburgo. El pase no fue tan preciso, pero por allí andaba Simao para, en un fallo que él siempre dirá que fue taconazo, dejársela a Forlán. El uruguayo que sólo tiene una portería en la cabeza apenas tuvo que girarse: media vuelta y gol. Minuto 10. Otra vez profanamos la catedral. Ya no hay respeto.

Agarraditos al Kun recorrimos casi una hora más de partido. Raúl García volvió a dejar claro que no es Tiago mientras Perea no hacía más que sembrar dudas sobre su verdadero ser: tanta torpeza y tanta eficacia no pueden caber en el mismo hombre.

¿El Athletic? A lo suyo. A lo de Caparrós, vaya. Dejándose la piel en el campo y todo esos tópicos tan hermosos si no fuera porque el pellejo que suele acabar en el césped es el ajeno. De tanto pegar, nos hicieron daño. Se escapaba el Kun en un 0-2 evidente cuando Gurpegui se lo llevó por delante. Gurpegui, un hombre cuya única aportación al fútbol es un turbio asunto de análisis y contra-análisis. Un tipo sin hechos deportivos que merezcan una línea. Un futbolista totalmente prescindible dejó llorando a uno de esos jugadores a los que debería pedir autógrafos. Pareció penalti y pudo serlo. Era roja sin lugar a más dudas de las que quiso tener Undiano Mallenco. Todo acabó en amarilla y falta. Lo que le pareció al buen señor.

Para colmo de males, por el Kun salió Diego Costa. La lista de diferencias es infinita pero yo me quedo con una: el brasileño corre mirando a la pelota. Así no hay manera aunque un Athletic volcado le dejará un contrataque, pudiera pasar a Simao, éste fallara estrepitosamente y por allí apareciera Tiago para meter el 0-2.

El cómo en 10 minutos nos complicamos tanto la vida lo tendrá que explicar Quique en rueda de prensa. Con el partido hecho, dejamos que el Athletic nos comiera vivos hasta el punto de que De Gea tuvo que recoger el 1-2 de la portería a falta de dos minutos más cuatro de prórroga. Un mundo entero. Dos mundos si contamos con que las contras dirigidas por Diego Costa, cuatro para dos, cuatro para uno y demás peritas en dulce, acababan con el buen chico en el córner, perdiendo el balón y no tiempo.

Con muchos más sofocos de los razonables acabó el partido. Seguimos líderes y esperamos, rezando a medio santoral por Agüero, a un Barça jodido tras perder en casa con el Hércules de Drenthe. Que no es broma. De verdad.

 
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Publicado por en 12 septiembre 2010 in La pelotita

 

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