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Para volvernos a ir


Esta vez no ha sido solo, sino en compañía de otros. El año que volvimos nos hizo felices. El siguiente, el que acaba de terminar, nos ha dado para conocer hasta la última curva del camino que va del cabreo a la pena negra. Y vuelta.

Como uno empieza a escribir en agosto sin saber si acabará llorando en Alemania o en casa de la propia mala leche, nos ha caído encima junio y este blog ha vuelto a tener almacenadas todas las aventuras, pocas, y las desventuras, una barbaridad, del Atlético de Madrid durante la última temporada.

Como les decía, esta vez no he estado solo en la faena. Para volvernos a ir además de un catálogo de mis propios lamentos incluye cerca de 40 paginazas escritas por lo más granado del pueblo atlético. Les cuento: Menottinto, Barahona, toda la gente de Esto es Atleti, Javi Gómara, Matallanas, Fran Guillén, Jorge Olmos, Pepe Orantos, Jorge Ordás, Petón, José Antonio Vallés y Juanjo Palomo nos cuentan cómo ven el panorama de nuestro equipo. Merece la pena leerles, palabrita. Ah, y no me olvido de lo más evidente, la portada que están viendo es obra de Rubio y Emi, dos cracks que luego los verán entrevistar en algún periódico y caerán en la cuenta de que los conocieron aquí.

El precio de Para volvernos a ir es exactamente cero. Gratis. Free. By the face. Sale con una licencia Creative Commons que les permite copiarlo y enviarlo a quienes crean oportuno. Preferiblemente aficionados del Atleti, aunque no deja de tener su punto dárselo a alguno que me estoy imaginando.

Pueden descargarse el libro completo en estos formatos:

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Para volvernos a ir para Kindle. Amazon me obliga a cobrar 3.44$ por el libro (0.99€ en la versión UK que no permite comprar ebooks desde España) Ya les he avisado de que se puede obtener gratis y que, por lo tanto, lo dejen en 0€. Si tienen a bien, díganselo también en este enlace. Mientras lo hacen o no, el 35% que se supone que me llevo del precio prometo no dedicarlo a nada bueno. Avisados quedan)

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Sinceramente, espero que les guste.

 
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Publicado por en 6 junio 2011 in Juntaletras, La pelotita

 

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Las cenizas del volcán

Ni les va a costar trabajo. En serio. No les voy a pedir que regresen al pasado glorioso de Pereira, de Luis, de aquella copa de Europa que, cosas nuestras, tuvo que ser Intercontinental. Muchos de ustedes, como uno, ni habrían nacido entonces. No, esto no tiene nada que ver con la prehistoria.

Hace un año, Madrid era rojiblanca, en Neptuno terminaba una marea que empezaba en la Sylvester Allee de Hamburgo y Barcelona acogió la mayor demostración de fidelidad irracional que se recuerda desde que Hilary Clinton dijo venga, pelillos a la mar.

Hace doce meses, un volcán andaba tocando los cojones a media Europa, especialmente a nosotros. Es mayo de 2011 y otro volcán islandés amenaza con dejar al barcelonismo en casa. Del nuestro sólo quedan las cenizas, más o menos lo mismo que del equipo que no hace tanto, joder, nos hizo tan felices.

Creanme si les digo que cuando la vida se pone perra, se viene en plan mastín. Y háganlo, si quieren, cuando confieso que, con todo lo que me ha dado para pensar este país en los últimos días, quizá la noticia que me ha dejado peor cuerpo sea la marcha de Agüero. No es, ni de lejos, la más importante. Pero sí la más desoladora para el corazón adolescente que todos nos metemos en el pecho cuando hablamos de fútbol.

Dice Daimiel que el Atleti era para Agüero el primer novio de Adriana Lima, el primero que besó a Beyoncé. Antes o después aparecería otro más guapo, con más pasta, más adecuado. Los cincos casan con los cincos, los ochos con los ochos. Y Agüero era un nueve y medio que andaba liado con un cuatro. Se veía venir y no por eso duele menos.

Quede claro que no hay nada que reprochar a un tipo que sabiendo que se iba, hizo a la vez su primer hat-trick y sus 100 goles atléticos en su último partido. Como si hubiera hecho coincidir la fecha a posta. Como si fuera tan superior. Quizá lo sea.

Sergio Agüero vino a un equipo que le quedaba grande por muy poco, tardó nada y menos en igualar la talla y hace años que andaba con las costuras a punto de reventar. Reventaron. Nada que reprochar a quién quiere progresar en su vida y lo que tiene alrededor es una banda para la que entrar por la gatera en la Europa League no se considera un lastimoso accidente.

Agüero se ha cansado de esperar a que su club diera alguna señal de estar a la altura de las circunstancias. En cinco años, el Atlético de Madrid ha tenido tiempo de hacer un once titular en el que el Kun no fuera un extraterrestre que jugaba a otro deporte. Ha desaprovechado miserablemente cada una de las oportunidades. En cinco años hemos gastado el dinero en gente como Seitaridis, Eller, Elías, Costinha, Cabrera, Cléber, Sinama, Coupet, Luis García o Pernía. Si aceptamos las cifras oficiales con un candor impropio de nuestra historia reciente, salen unos 37 millones de euros sólo en traspasos. Más o menos lo que vamos a ingresar, después de Hacienda, por Agüero y De Gea. Parafraseando a Fontevila, si a estas alturas el cuerpo sólo les pide quemar el abono, es que todavía no lo han entendido del todo.

Esta es la historia de un equipo cuyo presidente desconoce la claúsula del mejor jugador al que nunca estrechará la mano. La de una institución cuyos dirigentes dicen que la base de su proyecto para el año que viene es un futbolista que en ese mismo momento está terminando de redactar su carta de despedida. Es la historia de un club que se ha levantado mil veces, porque no son ellos, somos nosotros los que estamos obligados a ponernos en pie. Y a no sentarnos hasta que se vayan.

 
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Publicado por en 24 mayo 2011 in Sin categoría

 

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Los malos conocidos

ESPANYOL, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Nos ha servido el partido, en plan bola de cristal, para pensar en lo que puede ser y no será. Conociéndolos. Con Forlán fuera de juego por un dolor a medio camino entre la pierna y las dos jornadas de banquillo, el Espanyol nos puso delante a un tipo que quizá no hicieran falta grandes esfuerzos económicos para traerlo. A poco que se entendiera con el Kun, nos íbamos a divertir.

Eso, nosotros. Porque hay que reconocer que para un aficionado neutral, el partido de ayer ya fue lo bastante divertido. Arriba, un buen delantero y un extraterrestre con telepatía. Abajo, pues eso, nuestras defensas, que son llorar. Inopinadamente, fue la del Espanyol la que se lió primero: Un par de minutos de partido y ya estaban enredados ante la presión de Diego Costa: Dale tú, que no, que mejor tú, que no, que no, que faltaría más y cuando se dieron cuenta Galán se la estaba poniendo en el punto de penalti a uno de los nuestros para que la empujara a puerta vacía. Koke metió su gol y al rato acabó lesionado. Salió por él Raúl García, dispuesto a congraciarse con la grada… con la de Cornellá.

El cero a uno tenía pinta de cualquier cosa menos de ser definitivo. Perea era titular. Cuando empezábamos a creer en los milagros, el talento literario de Juan Manuel de Prada y en que llegaríamos por delante al descanso, un balón largo, dividido entre Osvaldo y el velocista colombiano, nos devolvió a la realidad. Luis Amaranto llegó, claro que llegó. Llegó tanto que se pasó de frenada, acabó entre la pelota y la portería lo justo para desviar el tiro. Si De Gea tenía pocas oportunidades de pararla, con el fino toque de nuestro defensa ni la olió. Uno a uno.

Volvimos del descanso y apareció el marciano. No me interesa si el Kun es un tipo muy leído o apenas graduado, si el fútbol es el plan b de un eminente ingeniero o sólo existía un plan a. Me da lo mismo: Agüero demuestra sobre el campo una inteligencia descomunal. Los consoleros me entenderán: mientras todos los demás ven el fútbol como en el Be a Pro del Fifa, él tiene en la cabeza el modo normal, con radar incluido. Sólo así se explica que echara a correr hacia la portería rival antes, ¡antes!, de que Callejón llegara a la pelota, forzadísimo, y despejara atrás para evitar el fuera de banda. El pelotazo de ese chico al que rapas y se convierte en un excelente yerno quedó dividido entre el Kun y Raúl Rodríguez. Mentando a varias madres, el defensa vio cómo el Kun se le anticipaba, encaraba a Kameni y ponía esa vaselina que siempre intenta con Casillas. Esta vez, entró y nos pusimos a soñar con la Champions, los viajes por Europa y todas esas cosas bonitas que trae hacer los deberes, pese a todo.

En estas, que otra vez apareció Osvaldo. Un pedazo de pase de Verdú y la colaboración necesaria de nuestra defensa, lo dejaron solo en el segundo palo, rematando hacia el contrario, un gol tan doloroso como plástico. Nada pudo hacer De Gea que aún tuvo que intervernir alguna vez más para evitar que todo aquello terminara en catástrofe. Desde la grada lo observaba un Ferguson. El hermano del que dicen que será su entrenador si en la planta noble no hacen nada evitarlo. ¿Alguien se atreve a apostar? Yo no. Conociéndolos…

 
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Publicado por en 18 abril 2011 in La pelotita

 

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Diez escasos minutos

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – REAL MADRID, 2

Se nos ha echado encima la primavera y los niños harán la comunión sin haber vivido nunca una victoria atlética en el derbi. Llegará el otoño y nacerán otros cuyos padres aún no se conocían la última vez que les mojamos la oreja. Ser del Atleti es asumir que, al menos un par de veces al año, hablar de fútbol sólo conduce a la melancolía.

Lo jodido es que esta temporada han sido cuatro esas veces. La buena noticia es ya hemos cumplido con la última de esas penitencias hasta nuevo calendario.

Hay dos maneras de ver la estadística: la ciencia díría que si no hemos ganado en los últimos 21 partidos, es muy probable que el 22 lleve el mismo camino. La fe, que nadie puede prohibirnos soñar con que el año que viene arranque una serie histórica de derrotas madridistas. El fútbol, sobre todo el nuestro, pero también en general, es cosa de fe. Si fuera de ciencia, hace años que todo cristiano sería del Barça.

Pero somos del Atleti, así que por cuarta vez en lo que va de temporada hemos visto al Madrid jugar con nuestro equipo, apretar un poco, tampoco mucho, hasta ponerse por delante y luego echarse a dormir mecido por nuestra impotencia. No hemos jugado mal, pero tengo la sensación de que ha sido porque nos han dejado jugar un poco. Otra vez la hija de puta de la orca, vaya.

Con lo mayores que somos, nos volvemos niños chicos según se nos acerca un tío de blanco con un balón en los pies. Ujfalusi y Godín que en un primer vistazo son perfectos opositores a ángeles del infierno, acabaron convertidos en un par de ursulinas mientras dejaban un hermoso pasillo a Benzema, ese hombre. El gatito clavó el uno a cero de vaselina y nos ahorró 80 minutos de esperanza.

No íbamos a remontar, pero, por si nos daba la tentación, ahí estaba Casillas para devolvernos al camino de la virtud. Sacó lo que tuvo que sacar y en otro arreón blanco la pelota acabó en Ozil que la coló ante cierta lentitud de De Gea. Sacó varias más difíciles, pero se tragó esa.

Antes, en esa misma jugada del dos a cero, un tal Teixeira se había comido el penalti que le hicimos a Ronaldo. El resto de partido se encargó de desquiciarnos con esa injusticia manifesta pero no denunciable que parece compañera inveterada del Madrid. Nada demasiado escandaloso, no les hace falta, pero sí suficiente para sacar de sus casillas al más pintado. Un ejemplo: Lass se llevó su primera amarilla en el 62, tras cinco patadas. Era la primera tarjeta que veía un Madrid que había jugado al límite del reglamento, pero por la parte de fuera, prácticamente toda esa hora. A esas alturas, ya habían sido amonestados Ujfalusi por sacar demasiado pronto una falta y el Kun por caerse en el área blanca y obligar al árbitro a elegir entre penalti o amarilla.

La segunda parte nos la pasamos intentando arañar a un Madrid adormilado. Pudo el Kun marcar muy pronto, pero otra vez Casillas le comió la moral en ese duelo particular que también hemos perdido. Pese a todo no dejamos de insistir, claro que con la sensación de un falso dominio que no llega a ningún sitio. Y entonces llegó el vergonzoso episodio con Marcelo.

A veces, cuando un negro del equipo contrario comete una falta, o falla una buena oportunidad de marcar, o también cuando no falla, y cuando discute con el árbitro, me veo temblando, presa del pánico, por culpa de un presentimiento bastante liberal, dicho sea de paso. “Por favor, por favor -murmuro para mis adentros-, que no me lo estropeen” [...] Es entonces cuando un hombre de Neanderthal se pone en pie, señala a Ince, o Wallace, o a Barnes, o a Walker, y este servidor tiene que contener la respiración… es entonces cuando le llama comemierda, soplapollas o quién sabe qué otra obscenidad, y te inunda en ese momento una absurda sensación de orgullo metropolitano, de orgullo culto, porque ahí falta el epíteto.

Fiebre en las gradas, Nick Hornby

Pero no siempre esa así. Y es una puta lástima que todavía nos dudara el mal cuerpo cuando Agüero, siempre Agüero, se inventó un gol que, al menos, sirvió para que el Madrid pasara diez minutos de miedo. Es todo lo que hemos podido hacer este año. Demasiado poco.

 
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Publicado por en 20 marzo 2011 in La pelotita

 

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Ni de lejos

ALMERÍA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Dicen que la distancia es el olvido, pero yo me pegué la mitad de la tarde de un sábado lisboeta buscando un punto wifi donde saber qué estába haciendo mi equipo. A base de tweets cazados con lazo fui viendo que aunque luego mejoramos, empezamos jugando horroroso (no es noticia), tenemos un Agüero que no nos lo merecemos (tampoco), De Gea es la otra mitad del equipo (menos) y alinear casi cualquier combinación de nuestra defensa es poner la cara de tonto a plazo fijo (nada de nada).

Marcó el Kun dos golazos que se tuvo que inventar, nos metieron Crusat y Goitom otros dos abusando de Perea, habitual acaparador de calamidades.

Cerramos el capítulo Almería y la única buena noticia de todo esto es que ni el Kun ni Reyes, ambos al borde de la suspensión, vieron una amarilla que nos hubiera dejado tiritando para recibir al Madrid. No la vieron. El sábado los esperamos. Con nuestra delantera de gala, nuestra defensa de harapos y la sana intención de acabar con una Liga que para nosotros terminó hace muchísimo tiempo.

 
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Publicado por en 13 marzo 2011 in La pelotita

 

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Un partido de fútbol

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – SEVILLA, 2

Pues que quieren que les diga. Yo he visto un partido de fútbol. Entre disgusto y disgusto, ya ni me acuerdo de la última vez que salí del Calderón contento del espectáculo. Lo de salir feliz por un resultado es ya terreno de San Judas Tadeo, del Kun Agüero o de De Gea. Patrones todos de los imposibles.

Vale que podíamos haber ganado, que lo hemos tenido a huevo y que un Atleti grande tiene que llevarse por delante al Sevilla. Vale todo eso, que tampoco tengo ganas de discutir.Pero la realidad es la que es, tenemos lo que tenemos y varias frases recurrentes más tarde supongo que todos estaremos de acuerdo en que ahora mismo tenemos que salvarnos, aspirar a esa plaza europea de rebote que nos permite la final copera y luego, si sale con muchas barbas y Champions League, pues san Antón. Aunque tiene pinta de ser la purísima.

El caso es que nos hemos puesto a jugar, y nos ha dado por estar serios. Después de hartarnos a buscar, resulta que teníamos un centrocampista llamado Koke en el banquillo. Un tío que no lo hace nada mal y que, de paso, vuelve a cumplir ese axioma según el cual tras gastarnos una millonada en un fichaje, aparece un canterano que es doce veces mejor que él. Asenjo, De Gea, Elías, Koke… que no decaiga, pero que Pitarch se deje la cartera en casa.

El Sevilla no era nadie hasta que en uno de esos descarajes defensivos que se nos dan tan de rechupete, Negredo ha acabado empalmando un balón que era gol o balonazo trágico al portero. Se han puesto por delante a dos minutos del descanso y era casi lo mejor que nos podía pasar.

Sobre todo porque a nada de empezar la segunda parte, y coincidiendo con el vaticinio menottintiano de nos faltan cabeceadores y Koke por qué no la controlas, el chaval ha colado, obviamente de cabeza, el empate a uno. Partido nuevo y otra vez a achuchar como leones hasta que Rakitic, ese que a nosotros nos vendían a precio de oro, que no pudimos comprar y el Sevilla se llevó a precio de saldo, metió el 1-2.

Eso fue justo ocho minutos antes de que saliera Juanfran, un tipo con clase y con diez de adelanto a que Reyes controlara un balón y llegara justo al sitio donde todos sabíamos que aquello iba a ser el 2-2. Locura de partido. Todo era posible.

Tanto que, en plena efervescencia, Mateu Lahoz, el primer buen árbitro que alcanzo a recordar, pitó cesión del Sevilla. Sacó Tiago echando leches a Agüero que sólo tenía que empujarla… pero acabó tirándola a las piernas de Javi Varas. Quizá sea el fallo más tonto de un futbolista en cuya carrera, precisamente, no abundan los errores. Aquelllo nos condenó a al empate. Claro que también ayudó que nadie pitara nada en esa jugada en la que Capel cayó ante Ujfalusi cuando iba a rematar a puerta vacía.

Seguro que hay mil motivos para lamentarse, serán cosa de mañana. Cuando hayamos olvidado que hoy, pese a todo, hemos visto un gran partido de fútbol.

 
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Publicado por en 27 febrero 2011 in La pelotita

 

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Cosas del destino

ZARAGOZA, 0 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

Llegaba el Atleti convulso, descosido y triste. Relativamente salvado, relativamente fuera de toda posibilidad de Europa. Con la grada sumida en ese cabreo monumental de sentirse estafada año tras año y saberse siempre a punto del gran golpe. Llegaba el Atleti así a La Romareda y enfrente un equipo con Leo Franco, Gabi, Braulio y Sinama. Con Aguirre en el banquillo. El destino es un maricón, anda todavía pensando media Zaragoza.

Esta gente, honrados trabajadores de esto del fútbol casi todos, se encontró enfrente a un equipo que jugó algo mejor, tampoco un exceso pero sí lo suficiente, y que además tiene a Agüero entre los suyos. Se acabó lo que se daba. Del Kun fue la primera gran ocasión tras irse de medio equipo rival y agarraditos su mano recorrimos un partido que se terminó cuando puso la directa, se adelantó a cuanto defensa zaragocista se le intentaba arrimar y marcó el 0-1 cuando llevábamos más de una hora de quiero y no puedo.

Del resto, lo de siempre y uno nuevo: Reyes sigue recibiendo estopa cada vez que tiene el balón y a un defensa a menos de dos metros. Ujfalusi sigue siendo ese tío con el que entrarías en The Cavern vestido con la nueva camiseta de Torres, Perea se volvió a liar, pero sin consecuencias trágicas y Forlán sigue viviendo como si ya no tuviera ganas de jugar al fútbol. Al menos, en mi equipo, que para el caso, es lo mismo. El nuevo fue Koke, que resulta que teníamos un medio centro guardado por ahí y nosotros venga a buscar en los catálogos de ciertos representantes.

De Gea, por cierto, volvió a ser ese gran portero que llegó a un balón imposible y ese buen chico al que su ángel de la guardia evitó dos desgracias cuando terminaba el partido y el larguero rechazó lo que hubiera sido el empate.

Victoria y alejaditos del descenso. Lo suficiente como para esperar la llegada del Sevilla con esa excitación de saber que ganando, volvemos a respirar un poco en una temporada calamitosa.

 
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Publicado por en 20 febrero 2011 in La pelotita

 

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Una cuestión de lógica

REAL SOCIEDAD, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 4

El fútbol es esa mala costumbre que te cambia la cara, las certezas y casi la vida en apenas 90 minutos. El Atleti sólo necesita 45. Porque todo lo que pasó en la primera parte podemos apuntarlo en el capítulo de los desastres. Desastre empezar el partido sin saber a qué jugábamos. Desastre dejar a la Real controlar un ritmo que debía ser nuestro y desastre, hecatombe, permitir esa jugada de Griezmann a en la que Ujfalusi ahorra a Joseba Llorente el engorroso trámite de meter el 1-0. El muchacho lo celebró como si hubiera sido suyo, pero nosotros y la tele sabemos que fue el checo, deportado hasta el descanso al centro de la defensa, quién nos puso en desventaja.

A partir de ahí la Real se diluyó. Y eso que no tenía motivo: Quique había salido con una defensa experimental que dejaba a Perea el lateral derecho y a Antonio López la banda izquierda. Sólo él sabe por qué. En el medio campo Mario Suárez borraba todas las buenas sensaciones de los dos partidos anteriores y Forlán, Agüero y Reyes deambulaban entre la nieba de nuestro propio atasco. Contagiados de esa costumbre tan uruguaya, los atacantes de este equipo se esforzaban en hacer la guerra por su cuenta. Cualquier punto del estadio era buen lugar para tirar a puerta. A pesar de todo eso, nos empezamos a venir arriba y la primera parte acabó con la Real pidiendo la hora.

Nos mirábamos entre resignados y expectantes. Quién más y quién menos pedía otra caña al camarero sin saber demasiado bien si teníamos por delante una tragedia o una de aventuras. El camarero, del Madrid, nos las ponía como quién calibra la ortografía de un parvulito.

Empezó la segunda parte y casi nos arrepentimos del descanso: Griezmann volvió a darnos un disgusto que no fue a mayores porque todavía seguimos teniendo a De Gea como portero. Atacábamos con ansia y la Real se defendía con eficacia. Entonces, Martín Lasarte decidió inmolarse: quitó del campo al hombre que le había amargado la vida a Perea y complicado la existencia a Ujfalusi, esto último, una vez que Quique decidió volver a la lógica. Griezmann al banquillo. Hagan juego señores.

Y lo hicimos. Tiago sacó con el antebrazo un balón en nuestra área. La pelota le cayó a Reyes que le puso un balón 60 metros adelante al Kun. El control de Agüero hubiera sido un prodigio si no estuvíeramos tan acostumbrados a estas cosas. Lo demás fue sólo rutina: dejada perfecta a Forlán para que empatase. Ni diez minutos más tarde, cambio de papeles: Forlán abrió magníficamente a Ujfalusi que centró al sitio justo en el que iba a aparecer Agüero para meter el segundo. Un poco en fuera de juego, que todo hay que decirlo.

Por delante en el marcador gracias a decisiones arbitrales. Por un momento, nos empezábamos a sentir del Madrid. Cuando Agüero aprovechó un rechace para meter su segundo, nuestro tercero, galácticos del todo.

Pero nosotros, como el escorpión, somos demasiado fieles a nuestra naturaleza. Ningún otro equipo en los límites de la M-30 sería capaz de hacer de los diez minutos restantes una aventura épica. Nosotros sí. Con la gorra.

Fue cosa de Simao, aunque no exclusivamente de él: la pelota rondaba el área, Godín se había liado, Perea la había sacado de aquella manera, el rechace le había caído al portugués… y empezó el espectáculo: el muchacho empezó a regatear rivales en la frontal de nuestra área. Sin lógica, sin conocimiento, sin pizquita de compasión por nuestros pobres corazones que se veían venir -¡camarero, otra caña!- la tragedia. Efectivamente, Simao perdió el balón, le llegó a Diego Rivas y ese hombre, que mamó tanto en nuestros pechos, clavó un 2-3 que nos dejó tiritando.

Cuatro minutos y otros cuatro de propina. Ocho. Anda que no somos nosotros capaces de liarla parda en ese tiempo. Y nos sobra pa un café. Tiró Zututuza, remató Tamudo, centró Sarpong, lo intentó Bergara, hasta concedimos un córner. Nada de lo nuestro ni de lo suyo nos daba idea de cómo iba a acabar la cosa: el rechaze terminó con Reyes entrando en su área, Mikel González abatiéndolo y Ayza Gámez, un amigo, dudando entre pitar penalti o el final del partido. Como daba lo mismo, supongo, le dio la pelota a Simao para que metiera el 2-4 antes de mandar a todo el mundo al vestuario.

Nadie lo hubiera imaginado. Hacía siglos que no remontábamos fuera de casa, nunca habíamos ganado en Anoeta. Lo teníamos todo en contra y por eso, este es mi Atleti, no tuvimos más remedio que ganar.

 
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Publicado por en 21 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El otro equipo de Madrid

REAL MADRID, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 0

Dice la mayoría que la historia se repite. Que esto es el cuento de nunca acabar, la historia interminable del Bernabéu, siempre la misma canción. Qué va. Es mucho peor. Durante diez años uno llegaba al derbi muerto de ganas de ganarlo y salía de él encabronao. Porque no hay derecho a que Raúl te marque en el minuto uno, porque cuando nos damos cuenta ya no tenemos delante un partido, sino una ascensión al Tourmalet, porque Casillas lo para todo, porque el Madrid siempre sale a jugar con catorce y más en casa… De todo eso ha habido. Bueno, casi. Raúl está en Alemania. Pero aunque los ingredientes hayan sido casi los mismos, el gazpacho esta vez nos ha salido distinto. Ya casi nos da igual ganarle al Madrid, al menos, hasta que le ganemos.

La cosa, al final, se quedó en poco más de seis minutos. Después de aguantar el chaparrón con el que saltó al campo el Madrid, Reyes se escapaba por la derecha, Xabi Alonso lo tiró al suelo, el Madrid arrancó el contraataque, falló nuestra defensa y Carvalho, que pasaba por allí, puso el 1-0. Al ratito, en una falta lateral, De Gea colocó mal la barrera, Reyes no llegó donde debía, Ozil tiró a puerta y la pelota alcanzó la red por un pasillo enorme, mágico, divino, como el del papa en Santiago de Compostela. Fallaron todos y todo se nos vino abajo.

Hasta ahí el partido. Ahora la melancolía. El Atleti se rehizo como nadie se esperaba. Entre eso y todo lo que bajó el pistón el Madrid, el resto de tiempo estuvimos mucho más cerca del 2-1 que del 3-0. Pero fue inútil. Es más, cuando Agüero remató para meter el miedo en el cuerpo a media España, no fue la mano de Casillas la que paró el balón, sino la de Xabi Alonso. Mateu Lahoz no vio nada, porque de verlo era penalti. Su asistente tampoco, quizá por el mismo motivo. Para compensar, también se quedó sin pitar una entrada de Simao a Di María en nuestra área. Tan penalti era como falta había sido la de Xabi a Reyes previa al gol. ¡Qué de cosas cambiarían si el Madrid fuera otro equipo!

 
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Publicado por en 8 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Nuestras pesadillas favoritas

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – ALMERÍA, 1

Noche de Halloween en el Calderón y nosotros, que nos apuntamos a un bombardeo, lo celebramos invitando a dos de nuestras pesadillas favoritas. Se llaman Diego Alves y Piatti. Y son dos tíos con la molesta costumbre de darnos la noche a poco que les dejemos. Esta vez, no iban a fallarnos.

El portero se dedicó a frustrar toda ocasión rojiblanca con buena pinta salvo aquella en la que nada podía hacerse. Es más, sólo él y la mala suerte evitaron que en el minuto 5 de partido el marcador no fuera un 2 a 0 definitivo. Cinco córners, otros tantos remates a puerta y la sensación de que el Almería todavía no estaba en el campo no sirvieron, sin embargo, para nada. Lo de Piatti volvió a ser lo de siempre cuando un medio rápdido, pequeño y habilidoso tiene su día contra nosotros. Filipe Luis le perdió la pista muchas más veces de las aceptables, Tiago y Assunçao no sabían qué hacer con él y en la grada se mascaba la tragedia cada vez que la tocaba.

Uno y otro pertenecen a esa especie de jugadores que si sólo jugaran contra el Atleti levantarían el Balón de Oro año sí año no. Luego, los fichamos, firman por cinco años y un disparate de millones y se acaban diluyendo como un terrón de azúcar. Piatti rima con Ibagaza, Alves con Asenjo. Qué bien están en Almería.

Aquellos primeros cinco minutos, furiosos y estériles, dieron paso a un primer tiempo con la certeza de que el 1-0 estaba al caer. Tal cual. Alves pudo con el primer remate de Reyes, pero no con el segundo de Agüero. El Kun se estrenaba en liga y aquello tenía que ser el aperitivo de una victoria facilona.

Pero como tantas otras veces, lo fuimos dejando, lo fuimos dejando, hasta que se nos escapó de las manos. Minuto 45, Tiago pierde un balón tonto, de De Gea se luce para desviar a córner el empate, saca el Almería, la bola le cae a Piatti fuera del área y nos quedamos con cara de tontos. Sobre todo, al repasar el partido y darnos cuenta de que habían vuelto a robarnos la cartera: según empezaba el partido, Teixeira Vitienes, otro amigo, confundió los términos dentro y fuera y nos hizo sacar al borde del área lo que era un penalti de libro sobre Reyes. Justo antes del empate, un placaje tiró a Agüero en el área del Almería cuando arrancaba a por un balón.

Aún se quedó sin pitar otro penalti, éste a Diego Costa. Pero eso fue en la segunda parte, cuando el brasileño salió por Forlán, Reyes ya se había lesionado, Perea había visto una amarilla que le deja sin el próximo partido y aquello, difícilmente, iba a descarrilar del empate a uno.

Así terminó esta pesadilla recurrente. Justo antes de irnos al Bernabéu con una defensa tan llena de costurones como el apéndice de Godín. Con los vecinos de goleada en goleada y con la certeza de que los árbitros este año no nos va a dar ni una mijita de cariño. Como dijo una vez la siempre genial Demencia: lo veo tan chungo, tan chungo, tan rematadamente difícil, que hasta es posible.

 
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Publicado por en 1 noviembre 2010 in La pelotita

 

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