ATLÉTICO DE MADRID, 0 – SEVILLA, 2
Perdimos. Perdimos porque el primer balón que le llegó a Navas en esa banda en la que es letal fue para nosotros el final de todo. Su carrera acabó con Capel marcando el gol que nos quitó la copa casi antes del empezar.
Perdimos porque en cada centro, en cada remate, apareció Palop para dejarnos con las ganas. Cuando el portero se despistaba, la suerte desviaba un tiro de Raúl García, malograba un disparo de Forlán o evitaba que un buen pase de Jurado llegase al Kun dispuesto a rematar con toda una vida de ganas.
Perdimos aunque De Gea se dejó callada a media Sevilla al parar ese dos cero seguro que Kanouté le puso de tacón a Negredo.
Perdimos aunque la segunda parte fue un arreón atlético constante con el Sevilla encerrado y dejando correr el tiempo tan en su papel como siempre.
Perdimos aunque la derrota no entró en nuestros cálculos hasta que Navas marcó el segundo demasiado tarde para que nada fuera posible.
Perdimos. Aunque escuchando al Camp Nou, todo el mundo pensó que volvíamos a ser campeones.

