ATLÉTICO DE MADRID, 4 – SPORTING DE GIJÓN, 0
¡Carnaval, carnaval!… ¡Radamel Falcao!…
Y así.
No me pregunten cómo porque no tengo ni idea, pero el Atleti de nuestros pesares se ha marcado un pedazo de fichaje de los de hablarle de usted. El tipo lleva un gol en Europa y cinco en Liga porque los árbitros, lo que son, es unos tacaños. Hasta ayer le habían anulado dos y hoy Iturralde también le ha quitado un gol legal y ha apuntado en propia puerta uno que podría haberle concedido. Hay que ser eso que le canta el Frente Atlético para racanearle goles al tío con más cara de pichichi que ha pisado el Calderón desde los tiempos de Vieri.
Falcao es un fuera de serie que nos hemos encontrado por el camino. Un tío al que le centras una caja de polvorones.y la coloca entre los tres palos. Grandioso. Siempre está donde debe. Y eso, para un rojiblanco, es más de lo que estamos acostumbrados a ver.
Lo sorprendente es que ahora no sólo tenemos un arma de destrucción masiva delante. A eso estamos acostumbrados. Lo que alucina es que, detrás del superdotado que tenemos la buena costumbre de colocar cerquita del portero contrario, esta vez, hay equipo.
Entre huelga y huelga de enseñanza, Manzano, el profesor, se ha permitido el lujo de dejar a la mitad de los titulares descansando. Que el sábado vamos a Barcelona con más miedos que billetes del AVE. Con Reyes y Diego fuera del campo, Arda ha vuelto a demostrar que puede llevar el peso del equipo, de este equipo. O no sabe todavía dónde está, o somos nosotros los que aún no sabemos todo lo bueno que tenemos delante.
Quizá hayamos visto la mejor primera parte en varios años. Sobre todo, porque decir esto ya no depende de que un tipo sobrenatural haya jugado a un deporte distinto que su equipo. Ahora, no me van a creer, es el equipo el que juega a algo distinto. A algo con sentido.
El Sporting se ha ido al descando con un gol, remate acrobático de Falcao que entra tras rebotar en un defensa, porque Dios ha querido. Podían haber sido seis o siete. Imaginen por un momento una bota militar golpeando el suelo… ¡qué coño!… imaginen un martillo hidráulico a toda hostia. A eso se parece mucho más lo que se le ha venido encima al pobre Pichu Cuéllar. Qué tiempos cuando era nuesto… pensaría el muchacho.
No sé qué coño tomamos en el vestuario, porque no es la primera ni la segunda vez que salimos del descanso con esa torrija que contra el Sporting te cuesta un susto y contra el Barça una goleada. Aún así, Curtois, un tipo serio, tampoco ha tenido demasiado trabajo.
El que se ha hinchado a horas extras ha sido Falcao. Cuatro minutos después de que Domínguez metiera de cabeza el segundo, el tigre dejaba sentados a tres defensas sportinguistas y colaba el tercer gol de la noche como si hacer una obra de arte fuera lo más normal del mundo.
No había marcado de cabeza y andaba preocupado el muchacho. Al rato se le quitaron las penas: centró Gabi, que ya le había puesto el que le anularon, y Falcao marcó su segundo gol y medio de la noche. Un espectáculo, un disparate, un regalo para los 35.000 tíos que habíamos sorteado todos los atascos del mundo para llegar al partido.
Manzano, cuesta abajo y ante un rival entregado, repitió la jugada del Racing: más madera, que total… Esta vez quitó a Silvio para meter a Adrián, un rato antes había salido Reyes por Koke. Vamos, que al final, acabamos jugando con un 3-2-5 que el sábado lo plantamos en el Nou Camp y nos traemos un saco de goles para casa. En contra, se entiende.
Pero eso será dentro de una semana. De momento, andamos de fiesta. Déjenos disfrutar. En el circo que llevamos años viviendo el Calderón, la estrella ahora es un tigre. Igual estamos ante el mayor espectáculo del mundo y todavía no nos hemos dado cuenta. Todavía.

