En Público, claro. (Gracias a un RT de @mediotic)
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Paseando por el polígono
Uno se pone a pasear por el polígono y ve que, aparte del perroflautismo-geek, sigue habiendo por esos mundos de dios más gente medianamente sensata.
Lo coherente en todo esto de la “cultura libérrima” y “la adaptación a los nuevos tiempos, muera la rueca, y etc” sería no bajarnos la película de los Transformers y hala a buscar películas hechas por aficionados. Lo coherente sería no bajarte el FIFA de este año y jugar a esos pedazo de juegos en Flash que hacen cuatro frikis. Eso sí es cultura gratis y libre. ¿Quién lo hace? Nadie. O casi nadie.
Lüzbel, aquí mismo.
O dicho de otro modo, la milonga del internetero libertario cuya única aspiración es compartir el conocimiento frente a un gobierno opresor se viene abajo a poquito que le estornudes cerca. El sutil razonamiento que acaba igualando una patente farmaceútica con el último Call Of Duty y la copia a los amigos en cintas de cassette con el emule a mansalva deja bastante claro por donde van los tiros.
Los ves ahí, envueltos en la bandera de la libertad como si fueran a tomar la Bastilla a golpe de ratón y lees sesudos post-manifiestos de defensores de la cultura libre (la de los demás, se entiende) sobre redes sostenibles en los que, faltaría más, se deja muy clarito que la cosa no va por el pirateo, sino por la defensa de los derechos constitucionales, que ahí es nada. Cuando casi te tienen convencido de que el mundo es una cascada de colores, ojeas los comentarios y te encuentras apoyos como estos (comentario 71, por si no les funciona el enlace). Vamos, que te pegas los últimos meses defendiendo la legalización de la marihuana porque así se acabará con las mafias y a la Asociación de Camellos Sin Joroba (ACSereJé) le falta tiempo para agradecerte la gentileza.
Porque sí, mucha cultura libre y conocimiento compartido, mucho yo sólo escucho cantantes desconocidos finlandeses y veo películas amateurs iraníes rodadas en 12 planos (en las que invariablemente un niño descubre la vida gracias a los consejos de un anciano tuerto), pero luego, cuando la cosa tiene que funcionar, pues vaya, no funciona. Me entero por Periodistas 21 que Jamendo las está pasando canutas. Jamendo es (¿era?) una plataforma desde la que obtener música de manera gratis y legal, sólo de artistas que comparten sus creaciones porque son así de majos, con sus licencias Creative Commons, sus camisitas y sus canesúes. El propio futuro hecho carne ante nuestros indignos ojos, vaya. Y resulta que el futuro ya no es lo que era.
No es la primera vez que pasa: arranca la idea, la cosa crece como la espuma (como parte de cero…), esto marcha, todo va de puta madre hasta que alguien se da cuenta de que hay que pagar facturas y el invento se va al carajo. Como dice Fuckowski, “el éxito no es sacarle unos millones al inversor; el éxito es devolverlos y que nos sobre pasta, que nuestro trabajo y talento se hayan traducido en ganancias”
El modelo actual de gestión de los derechos de autor (porque, para qué nos vamos a engañar a estas alturas de esto va la cosa) no me parece bueno. Eso lo tengo claro. Ya no me parece tan evidente es que el futuro sea un mundo donde toda creación cultural sea gratis (o se financie con las generosas donaciones del público -como si no hubiera otras cosas a las que donar). Pero lo que es de aurora boreal es disfrazar de justa reivindicación cultural y filantrópica lo que de toda la vida viene siendo ahorrarse unos duretes. Arriba parias de la tierra, parias con 6 gigas de RAM, se entiende.
Menéalo si te sobra karma ->
Intervalos de honestidad variable
De la serie situaciones que no se van a producir:
- Oiga, hace usted unas barras de pan riquísimas. Me llevo dos.
- Gracias, son 2 euros.
- No, no, le he dicho que me las llevo. Verá, las barras están exquisitas sí, pero es que su manera de venderlas, así, en la panadería, con una caja registradora… no sé… no me convence.
- Pues vaya a cualquier otro sitio.
- No, no me ha entendido. A mí las que me gustan son sus barras de pan. Otra cosa es que se las vaya a pagar. Quizá si modernizase su canal de venta, yo qué sé, si en lugar de usted me las vendiera una ninfa voluptuosa en tanga…
- Va a ser que no, que los tangas combinan mal con el bigotazo que porto con (inigualable) estilo.
- Entonces, si quiere que se las pague tendrá que darles valor añadido. Rellenarlas de jamón de Extremadura no estaría mal.
- Ya, pero es que esto es una panadería. Yo hago panes. La charcutería está dos manzanas más abajo.
- Es usted un antiguo, un facha y un castrador de libertades, que lo sepa. Por cierto, me llevo las dos barras y pienso contarles a todos mis amigos dónde hay un panadero cojo de persecución improbable. A ver si ahora alguien va a limitar mi libertad de expresión, que para eso me la he ganao… bueno, para eso ya estaba ahí cuando vine al mundo, ya me entiende.
Se nos fue 2009 en plan protesta histórica de los internautas (así, como ente etéreo) y nos llega 2010 con más de lo mismo. Desde hace un rato conocemos cómo queda el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible. Hay que ser un genio del marketing para que semejante panacea para las cuentas de esta Mispaña (el Gobierno más o menos dixit -¿y pixit?) se quede en la “Ley Sinde”. Grande, muy grande.Y eso, teniendo un modelo que funciona con solvencia. El yanki. Aquí, muy bien explicadito.
El texto no es del todo bueno, pero tampoco ese demonio contra las libertades fundamentales que unos, otros y los de más allá se han propuesto que creamos. Unos, porque el chiringuito del gurusismo internetero que se han montado por fin aparece en periódicos, teles y radios (tiene cojones: cientos de post defendiendo que Internet es el sumum, la quintaesencia de la esencia para que sólo se vean satisfechos cuando Telecinco les da un total), otros porque cualquier excusa es buena para darles en los morros a esos defensores de marimachos y maricones, que ya está bien, oiga. Y la mayoría porque, joder, que entre gratis y cualquier cosa, prefiero lo gratis, que hay que explicarlo todo.
Tengo la sensación de que las modificaciones que se han hecho al anteproyecto alejan bastante el peligro de que cierren el Eco del Bierzo por opiniones que no gusten al Gobierno, a los de arriba, al poder oculto, a esos que usted ya sabe, se lo digo yo que lo sé de buena fuente… Así que lo que era protesta (un tanto exagerada pero medianamente útil), ahora tiene toda la pinta de pataleta porque nos joden el emule (y asimilados).
De razonamiento delirante en razonamiento delirante, toda (todita) página web es una publicación, amparada por la ley de prensa (supongo). Así que hemos llegado al punto en el que descargasatodotrapo.net, estovapalabuchaca.es o melobajoatocarajo.com son el Washington Post y los que coleccionan teras de pelis, juegos, libros y música sin pagar un duro, una versión moderna de Woodward y Bernstein.
¿Y si resulta que toda esta mandanga de redes SOStenibles, derechos constitucionales, estados de excepción, la ciudadanía toda ella misma, libertades inalienables y a la carga mis valientes sólo se sostiene por el miserable asunto de no pasar por caja?
Es que yo tengo derecho a compartir lo que compro, es que las cintas de casette en los 80, es que hay cinco grupos all over the world que surgieron de myspace y ahora son estrellísimas, es que Bisbal canta de manera realmente lamentable, es que son unos fascistas que me quieren dejar con la quinta de perdidos a medio-descargar… [colección de tópicos patrocinada por los comentarios de cualquier hilo de meneame]
Puede que descargar gratis obras que alguien hizo esperando ganar pelas no sea delito, de hecho, hay jurisprudencia. Puede que incluso siga sin serlo (ni siquiera sus enlaces) porque la amenaza o descargo o no te voto quizá resulte efectiva. Pero no me negarán que decir algo así como que se reconoce el derecho a los artistas a vivir de su trabajo (¡generosos!) y acto seguido justificar de todas las formas posibles el apropiamiento de sus obras, tiene un aspecto muy feo. Al menos es poco honesto.
P.S.- Y a todo esto, De Prada sigue in constestarme. Me tiene en un ay.
Un meneo, un karma suicide, avisadito quedas ->
Correspondencia
Acabada de leer la última columna de Juan Manuel de Prada en ABC y su encendida defensa de la cultura libre (libre=free=gratis, recuerden) me he permitido mandarle un mail que copio para disfrute de algún incauto que se pase por aquí. Notificaré (pero obviamente, no copiaré) si hubiere contestación:
Estimado señor De Prada:
Acabo de leer, con no disimulable regocijo, su última columna en ABC en la que explica su firme oposición a los derechos de autor, ese tremendo expolio al pueblo oprimido. Habiéndome convencido sus razones, hasta el punto de que me hallo escribiéndole con los ojos arrasados en lágrimas y postrado ante el ordenador (me empiezan a doler las rodillas), le pido que ejerza su bien probada coherencia: publique todos sus libros pasados y futuros en su página web para facilitar el acceso a una obra que no merece ser hurtada al pueblo. Cambie también, ese RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS ©JUANMANUELDEPRADA.COM 2007 que desluce su página por una licencia Creative Commons, mucho más acorde con sus principios. No crea que no pienso en su manutención, a la que tiene fundado derecho: en su misma página, proceda a colgar un enlace en el que recibir donaciones vía paypal.
Hágalo, por favor, no querría yo quedarme sin disfrutar de una de las más ilustres plumas de nuestro país sólo por una cuestión de dineros.
Reciba un afectuoso saludo.
ERT
Menéalo, si eso ->
¿Se puede matizar?
Les presento la lista (provisional) de gentecilla a la que también le parece mal que los controles de alcoholemia los hagan patrullas vecinales. Algunos coinciden conmigo en que tomarse una cerveza con alcohol, una, antes de conducir entra dentro de lo razonable. Gente, al fin, que brama como uno cuando, aprovechando la razonable oposición a la justicia sin juez, el personal reivindica que lo de ir como un piojo por la carretera es un derecho. ¿Quién eres tú para decirme qué me puedo descargar? Nada nuevo, vaya:
Pues eso, la lista:
Desde que nació Internet nos hemos hecho a la idea de que todo es gratis. Cine, fotografía, música, literatura… al alcance de la mano, como si no tuviesen dueño, sin reparar en que a menudo estamos traspasando la cerca del vecino para obtenerlo.
Los que creéis que tengo razón pero que os lo vais a bajar todo igualmente porque, oye, la vida es muy dura: pues ya me jode, pero en fin… ¡por lo menos no me castiguéis con vuestras teorías marcianas para justificaros!
Las empresas [españolas] ofrecen el ADSL más caro de Europa y el más lento. Y siempre se van de rositas porque son el gran anunciante del país. Invierten en medios, blogs y empresas donde trabajan los promotores del Manifiesto. Quienes por supuesto exigen el todo gratis para los productos culturales pero no para la conexión gratuita a Internet. ¿Se me entiende verdad?
La posibilidad de que la administración pueda cerrar una web ya existe ahora.
Efectivamente, muchos aplican/aplicamos esa teoría: “si está en la red a mi disposición y gratis, ¿por qué voy a adquirirlo comprándolo?”. Es más, me pregunto, ¿por qué mi “derecho a internet” tiene que prevalecer sobre el derecho a que un artísta pueda obtener un beneficio por su obra? ¿A alguno de Uds. les gustaría trabajar gratis mientras que otro tipo se lleva su pasta?
El P2P tiene consecuencias económicas, las mismas que obstaculizan el nacimiento de webs españolas rentables, más allá de la cancamusa.
Para empezar, encuentro que entre esos derechos fundamentales falta uno que es no menos importante: el de propiedad. Es decir, el derecho de los artistas a disponer de sus creaciones del modo que estimen oportuno, incluso si ese modo es una estupidez. Creo sinceramente que se equivocan al cerrarse a las innovaciones tecnológicas, pero al mismo tiempo tienen todo el derecho del mundo a equivocarse.
No creo que el derecho de acceso a la cultura signifique barra libre. Por un lado, ese derecho de acceso no tiene por qué ser gratuito, y segundo se cataloga como “cultura” cualquier cosa que queremos consumir gratis. Por lo tanto, creo que es razonable que la ley y la justicia haga todo lo que esté en su mano para tutelar el derecho de los creadores a decidir cómo distribuir y explotar su obra. Creo que este Anteproyecto es lo que pretende, y creo que en el camino no vulnera todas esas libertades que el Manifiesto le supone. Otra cosa es que la tecnología haga esos esfuerzos básicamente estériles. Pero no por eso dejan de tener razón.
Proclamar así por las buenas “derechos” también queda muy bonito, a la Asamblea Constituyente o Proclamación de Independencia. Lo de “fundamentales” también me suena a proclama constitucional, como poco, y en el caso español… creo que antes de llamar “fundamental” a cualquier cosa relacionada aunque sea lejanamente con el lenguaje jurídico hay que mirarlo con lupa. Qué pena que nos olvidemos que los derechos y su mantenimiento activo implican también unas obligaciones, o si lo preferís, que el poder que nos confiere a todos Internet conlleva una gran responsabilidad. De eso no se dice ni pío, claro.
Tenemos que respetar la forma de compartir que tengamos los creadores. Para mi compartir no es lo mismo que aprovecharse de los demás. Si por ejemplo te gusta este post, cópialo por favor, pero reconoce su autoría y eso sí, no te lucres con mis ideas. Yo no lo hago, es mi decisión.
La propiedad intelectual es indestructible. Uno es autor de lo que crea, lo quiera o no. Otra cosa es cómo se retribuye esa creación. Podemos engolfarnos en el debate de si uno es “dueño” de lo que crea. Parece que si uno fabrica ordenadores, uno es dueño de ellos y cobra por ellos. Ahora, si fabricas ideas, tienes que regalarlas por cojones… No lo tengo claro, la verdad.
[Ni que decir tiene que el hecho de que cite y enlace supone que cito y enlazo porque me parecen interesantes y estoy bastante de acuerdo con ellos, no porque comulgue al 100% ni con Dios (alguno) bendito]
¡Menéalo, denúncianos por herejes! ->
Mi derecho a compartir tu fiesta
Piticling, piticling
PACO: Dígamelo, caballero.
JUAN: Hola trooooonco, qué pasa. Aquí J. Esta tarde doy una fiesta en mi casa. Ya sabes, whisky, música, canutos y desenfreno a raudales. ¿Te hace?
P: ¡Claro, coño!
J: Tráete un par de litronas y unas patatas por si la cosa se queda corta.
P: Vale. Por cierto, ¿puedo llevar a alguien más?
J: Joder, tío, eso ni se pregunta. Te ampara el derecho a la amistad privada. Los amigos de mis amigos, qué coño, son como hermanos para mí.
P: Cojonudo en un rato nos vemos.
[Cuatro horas más tarde]
J: Paco, me alegro un montón de que hayas venido. Es más, celebro con entusiasmo que te hayas traído a dos colegas suecos. Si les caigo bien, seguro que hablan de mí a alguna voluptuosa compatriota asaltable.
P: Eso se llama promoción gratuíta, tronco. Y no sabes la de beneficios que da.
J: Sí, ejem… estooooooooo… lo que ya no acabo de ver es eso de que uno de los suecos se haya traído a tres finlandeses y el otro a dos italianos y ocho moldavos que, a su vez, han invitado a cuatro canadienses cada uno.
P: Tío, no me jodas. Que es más promoción. No seas fascista: la fiesta es tan divertida que compartirla es un derecho fundamental. No te atrevas a coartar mis libertades.
J: Hombre, lo cierto es que, más bien, la fiesta que estás compartiendo es la mía. Vamos, que el whisky, los canutos y la casa que luego tendré que limpiar son del chache.
P: ¿Y ahora me sales con la propiedad privada? Eso es un concepto anticuado, que ya no se lleva nada, pero nada de nada, en la amistad 2.0 que nos hemos dado entre todos. Tú me invitaste y dejaste bien clarito que podría hacer extensiva la invitación. Además, aunque hubiera venido solo, te hubiera pagado las dos birras y las patatas. ¿Cómo te atreves a decirme que no puedo traer a más gente que a buen seguro te darán beneficios en forma de suecas apetecibles? ¿Cómo te atreves a negarme mi derecho a la amistad privada?
J: No, si yo no te digo que no. Pero entre tus dos colegas suecos y los 249 desconocidos que ahora mismo devastan sin piedad alguna mis 60 metros de piso hay sutiles diferencias.
P: Ninguna. El derecho a la amistad privada y el canon cervezopatatil me amparan: si tengo derecho a traer a dos y me he pagado las dos litronas sin saber si iba a beber cerveza, tengo derecho a traer a 200 fulanos.
J: Eso es tener un morro que te lo pisas al andar. Tío, que está muy bien que te traigas a algún amigo, pero es que tengo a dos holandeses meándose en mi alfombra, a cuatro griegos haciendo diana en mi tele de plasma y a un neozelandés abrevando en mi acuario.
P: ¿Mi, mi, mi? Qué rácanos sois algunos organizadores de fiestas. ¿Es que sólo sabes pensar en tí mismo? Deberías aprender de un tipo generoso como yo. Mira si estaré abierto a compartirlo todo que he empezado por compartir tu casa, tu whisky y tus canutos. Y defenderé con uñas y dientes mi derecho a hacerlo y sentir que con ello soy un héroe libertario. Además, hay un manifiesto por ahí, escrito por gente muy importante y muy cabal que defiende lo que digo.
J: No, compañero. Lo que dice el manifiesto es que no es de recibo que la comunidad de vecinos decida por su cuenta pegar una patada en mi puerta para controlar a la gente a la que invito. Cosa con la que, por cierto, estoy de acuerdo.
P: Bueno, vale, pero que sepas que me duele mucho que seas tan egoísta. El otro día fui a la fiesta de otro colega y allí no se censuró (vilmente) la entrada de nadie.
J: Ese otro colega es el que da las fiestas en el caserón del campo pero vive en el piso de sus padres, ¿no?
P: Eso da lo mismo, ese tío sí que mola y sí que se ha adaptado a los nuevos tiempos y no tú. Eres un cabrón egoísta que no me deja disfrutar.
J: Pues disfrúta, que será la última. Con dolor de mi corazón, mañana mismo me hago anacoreta.
Menéalo, estás invitado ->
Un cachito más de revolución
¿Seguimos haciendo historia o qué? Internet ya tiene su conquista de la luna, su 23-F, su 13-M. Ese día en que el medio se convierte por derecho propio en el mensaje. Enhorabuena a los premiados (Dans, Escolar, Berlín, Cervera y todos los demás), ellos encendieron la mecha de una revolución que hizo pasar al Gobierno del estoesloquehay al delodichoná en poco más en 24 horas. Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia, fueron necesarios seis meses justos (del 17 de abril de 2002 al 17 de octubre de 2002) y una huelga general para tumbar el decretazo. La vida acelera cosa mala. Mirábamos con envidia la importancia que tuvo internet (se ha ganado por derecho propio la minúscula, de nuevo invento a vida cotidiana) en la elección de Obama y el 2 de diciembre de 2009 la política española ha descubierto que la red es algo más que abrirse un Facebook, un Twitter unidireccional y hasta un Secondlife cuando quedan semanas para las elecciones. Bien, coño, bien.
Sí, fue un día intenso. De las protestas iniciales al z(p)asentodalaboca que se llevó Sinde, la red española era un bulle bulle de entradas, meneos y comentarios. Casi todos en la misma dirección: indicaciones, croquis y consejos al Gobierno sobre cómo introducirse una reforma legal por el lugar donde los pepinos se vuelven amargos.
El manifiesto se convirtió en las tablas de la ley. Repetido de blog en blog sin matizaciones, en muchos casos (en otros muchísimos sí, ojo) sin un mínimo análisis. La misma aceleración de las cosas que da la red, esa que es tan buena en mucha ocasiones, también tiene estos efectos. En menéame (una fantástica plataforma de promoción para un blog, por otra parte) votar mucho sube el karma, el riesgo de acabar votando una noticia (o un texto) por el titular y la entradilla es enorme.
¿Quién comprende que un ministro reciba a 2500 firmantes y no a 275.000? (3915 meneos) ¿Quién puede estar en contra de Los derechos fundamentales en internet? (3522 meneos) ¿quién a favor de la censura? (2899 meneos) ¿quién no dejaría sólo a un Gobierno que defendiera estas aberraciones? (2323 meneos). La historia sin letra pequeña es incontestable, pero a algunos nos ha parecido que el manifiesto sí tenía letra pequeña o, más bien, interpretaciones poco razonables.
Una reivindicación de sentido común (y que dicho sea de paso, apoyo completamente) también sirve para que acoger a una multitud (a los comentarios de medio mundo, entre ellos Fontdevila, Manolo Saco, Wardog y Meneame, me remito) que más o menos indignada por el rollo de la tutela judicial, realmente lo que va es al turrón: las descargas ni me las toques.
Hay nuevos mantras: la copia privada la bajó Moiseis del monte Sinaí. Los artistas, a dar conciertos, que son unos flojos (aunque los conciertos de un escritor sean como los de Aute, un coñazo). La cultura es libre, libre en inglés es free, free en español es gratis ¿hay que explicarlo otra vez? Y así.
Luego, justificamos como copia privada el juego que nos acabamos de bajar, by the face, del emule. La uso yo, ¿no? pues es privada, qué cojones. Si acaso alguien plantea que eso es tener un morro bastante importante, ya diremos que es perfectamente legal porque lo dice una sentencia ya que no hay ánimo de lucro (cómo molan los jueces, cuando molan) y además, le echaremos al canon la culpa hasta de la muerte de Manolete. El canon, ese pan para hoy y hambre para mañana que la SGAE se ganó a pulso. Lo del hambre, digo.
Cualquier discrepancia será abatida sin compasión con comentarios, negativos y todo lo que se nos ocurra. ¿Cómo se atreven a tocar un derecho básico, que es el de tener el disco de Bisbal, ay madre, por la cara? Los artistas, salvo esos que molan y me regalan sus creaciones (porque viven de otra cosa, claro) son unos fascistas que pretenden pagar las facturas de sus enormes chalets, su cena semanal en el Bulli y un nuevo Porsche para su colección a costa de los demás, que somos pobres. Cualquier otro matiz no da un buen titular, luego se descarta.
Y a mí me ha dado por matizar. Para que la revolución sea completa, molaría llegar a una normativa que todos, autores y usuarios, consideremos justa. Pongo aquí unos cuantos y suplico sugerencias, correcciones, matices:
1. Lo de cortar el acceso a una web sin autorización judicial es una aberración que no merece ni discutirse. Se elimina y punto pelota.
2. La SGAE ha demostrado con creces no ser la herramienta más útil para gestionar los derechos de autor de los artistas. Cambiemos el modelo por uno público.
3. El canon criminaliza injustamente a todos los usuarios por un delito futurible, acabemos con el canon.
4. El autor de bienes culturales tendrá derecho a cobrar por su producto lo que estime conveniente durante los años que salgan de un oportuno consenso. Si no quiere cobrar, pues tan rebién. El gato es suyo, es más, él ha creado al gato.
5. La diferencia entre libre y gratuito tampoco requiere demasiada explicación. Los autores contenidos culturales tienen que comer y lo de los conciertos no es aplicable a todos los casos. Llevada al extremo, la cultura gratuita sólo producirá cultura amateur. Y no siempre es tan brillante como los ejemplos que todos tenemos en la cabeza.
6. Los internautas asumiremos responsablemente la diferencia entre copia privada y piratería de parche en el ojo. Copiar un disco en casa para escucharlo en dos coches a la vez y tener tres discos duros de a terabyte con música, libros, pelis y videojuegos cuya autoría intelectual nos hemos pasado por el forro de los cojones son cosas que ni se parecen.
7. Todos estos mandamientos se resumen en uno: todas las partes aplicaremos el sentido común y no el cinismo y la cara dura (no, Rosarillo no se está muriendo de hambre) y así todo cristo tan contento.
¿Seguimos haciendo historia o qué?
Menéalo, que el cuerpo me pide comisaría ->
Manel Fontdevila es un cabrón
Sí, un cabronazo de esos que además de explicar las cosas unas cuatrocientas veces mejor que tú, hace que acabes con una pedazo de sonrisa. Aunque luego me lo pongan de vuelta y media en los comentarios de su blog por su feo empeño de pagar las facturas. [Gracias Jessica por el aviso]
La pregunta
Mientras esperamos a que la batalla Sinde vs. Internet nos ofrezca algo definitivo que llevarnos a la boca más allá del twitteo, les recomiendo que se pasen por el manifiesto alternativo de Mi Mesa Cojea y, de paso, les hago una pregunta:
1.- Supongamos que, perdida toda esperanza de que Miatleti gane algo algo alguna vez y despedido del curro por un olvido tonto (¿quién no ha ido alguna vez a trabajar en calzoncillos?) me da por escribir esa gran novela que todos tenemos en la cabeza y, afortunadamente, en ningún sitio más.
2.- Supongamos que me enfrasco en la cosa con tal ahínco que no sólo avanzo a buen ritmo, sino que me olvido de comer la mitad de las veces. Lo que, por otra parte, me viene muy bien para la línea.
3.- Supongamos que después de dos años juntando una letra con otra, chino-chano, consigo terminar un tocho de 200 páginas con la historia de una linda pastorcilla granadina enamorada de un extraterrestre rubio y de ojos (en cantidad tres) azules. La novela es una mierda, pero a finales de 2011 y, agotados todos los demás formatos, Cuatro empieza a emitir Venusianos por la Alpujarra. Mi libro se convierte en un best-seller.
4.- Supongamos que, como (recuerdo) mi novela me parecía mala de pelotas hasta a mí, no hubo editorial en la faz de la Tierra, ni el extranjero, dispuesta a publicarla. Así que Amar a un tipo con tres ojos y ocho orejas (título provisional) sólo estaba a la venta en mi web al precio de 3 euros.
5. Supongamos que los primeros meses el ritmo de ventas es de 1.000 novelas mensuales. En marzo de 2012 tengo 12.000 euros en el bolsillo y puedo pagar alguna deuda ahora que se me acaba el paro. Empiezo por las de esos señores que amenazan con partirme las piernas. Soy débil.
6. Supongamos que en abril la cosa se queda en 100 compras. En mayo la cosa baja a 80, algo inexplicable dado que para entonces los brotes verdes son ya secuoyas en cuyas ramas el Pocero hubiera podido construir una promoción de apartamentos. Extrañado, me pongo a buscar y compruebo que un ferviente admirador de las tribulaciones de mi mozuela ha decidido por su cuenta que mi novela es cultura de la fetén. Así que merece ser compartida. Coge mi texto, lo copia en word (tarda 4,3 segundos) y cuelga el enlace al archivo (su suyo, gratis, no el mío, de escaso pago) en cuanta web se le pone a tiro.
7. Supongamos que tras dos años de curro intenso, día y noche (las tardes de domingo voy al fútbol) habré recaudado 15.369 euros. Lo que me supone un sueldo mensual de 546 euros (en 14 pagas). Eso sí, mi venusiano es objeto de culto en internet y algún artista lo ha convertido en avatar de Twitter. Sigo en el paro, aunque me ofrecen una colaboración en El Grito de la Alpujarra de 100 euros la pieza, dos al mes.
Y ahora, la pregunta: dado que el feo vicio de comer tres veces al día ha regresado con fuerza, ¿qué motivos tengo para escribir Amar a un tipo con tres ojos y ocho orejas II: los hijos mestizos en lugar de hacer el curso CEAC de fontanería?
Se aceptan todo tipo de respuestas en los comentarios salvo insultos a Misanta, Mimadre y Miatleti.
Menéalo, cuantos más seamos, más posibilidades tendrán los hijos mestizos ->




