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Para volvernos a ir


Esta vez no ha sido solo, sino en compañía de otros. El año que volvimos nos hizo felices. El siguiente, el que acaba de terminar, nos ha dado para conocer hasta la última curva del camino que va del cabreo a la pena negra. Y vuelta.

Como uno empieza a escribir en agosto sin saber si acabará llorando en Alemania o en casa de la propia mala leche, nos ha caído encima junio y este blog ha vuelto a tener almacenadas todas las aventuras, pocas, y las desventuras, una barbaridad, del Atlético de Madrid durante la última temporada.

Como les decía, esta vez no he estado solo en la faena. Para volvernos a ir además de un catálogo de mis propios lamentos incluye cerca de 40 paginazas escritas por lo más granado del pueblo atlético. Les cuento: Menottinto, Barahona, toda la gente de Esto es Atleti, Javi Gómara, Matallanas, Fran Guillén, Jorge Olmos, Pepe Orantos, Jorge Ordás, Petón, José Antonio Vallés y Juanjo Palomo nos cuentan cómo ven el panorama de nuestro equipo. Merece la pena leerles, palabrita. Ah, y no me olvido de lo más evidente, la portada que están viendo es obra de Rubio y Emi, dos cracks que luego los verán entrevistar en algún periódico y caerán en la cuenta de que los conocieron aquí.

El precio de Para volvernos a ir es exactamente cero. Gratis. Free. By the face. Sale con una licencia Creative Commons que les permite copiarlo y enviarlo a quienes crean oportuno. Preferiblemente aficionados del Atleti, aunque no deja de tener su punto dárselo a alguno que me estoy imaginando.

Pueden descargarse el libro completo en estos formatos:

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Para volvernos a ir para Kindle. Amazon me obliga a cobrar 3.44$ por el libro (0.99€ en la versión UK que no permite comprar ebooks desde España) Ya les he avisado de que se puede obtener gratis y que, por lo tanto, lo dejen en 0€. Si tienen a bien, díganselo también en este enlace. Mientras lo hacen o no, el 35% que se supone que me llevo del precio prometo no dedicarlo a nada bueno. Avisados quedan)

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Sinceramente, espero que les guste.

 
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Publicado por en 6 junio 2011 in La pelotita, Juntaletras

 

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Los malos conocidos

ESPANYOL, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Nos ha servido el partido, en plan bola de cristal, para pensar en lo que puede ser y no será. Conociéndolos. Con Forlán fuera de juego por un dolor a medio camino entre la pierna y las dos jornadas de banquillo, el Espanyol nos puso delante a un tipo que quizá no hicieran falta grandes esfuerzos económicos para traerlo. A poco que se entendiera con el Kun, nos íbamos a divertir.

Eso, nosotros. Porque hay que reconocer que para un aficionado neutral, el partido de ayer ya fue lo bastante divertido. Arriba, un buen delantero y un extraterrestre con telepatía. Abajo, pues eso, nuestras defensas, que son llorar. Inopinadamente, fue la del Espanyol la que se lió primero: Un par de minutos de partido y ya estaban enredados ante la presión de Diego Costa: Dale tú, que no, que mejor tú, que no, que no, que faltaría más y cuando se dieron cuenta Galán se la estaba poniendo en el punto de penalti a uno de los nuestros para que la empujara a puerta vacía. Koke metió su gol y al rato acabó lesionado. Salió por él Raúl García, dispuesto a congraciarse con la grada… con la de Cornellá.

El cero a uno tenía pinta de cualquier cosa menos de ser definitivo. Perea era titular. Cuando empezábamos a creer en los milagros, el talento literario de Juan Manuel de Prada y en que llegaríamos por delante al descanso, un balón largo, dividido entre Osvaldo y el velocista colombiano, nos devolvió a la realidad. Luis Amaranto llegó, claro que llegó. Llegó tanto que se pasó de frenada, acabó entre la pelota y la portería lo justo para desviar el tiro. Si De Gea tenía pocas oportunidades de pararla, con el fino toque de nuestro defensa ni la olió. Uno a uno.

Volvimos del descanso y apareció el marciano. No me interesa si el Kun es un tipo muy leído o apenas graduado, si el fútbol es el plan b de un eminente ingeniero o sólo existía un plan a. Me da lo mismo: Agüero demuestra sobre el campo una inteligencia descomunal. Los consoleros me entenderán: mientras todos los demás ven el fútbol como en el Be a Pro del Fifa, él tiene en la cabeza el modo normal, con radar incluido. Sólo así se explica que echara a correr hacia la portería rival antes, ¡antes!, de que Callejón llegara a la pelota, forzadísimo, y despejara atrás para evitar el fuera de banda. El pelotazo de ese chico al que rapas y se convierte en un excelente yerno quedó dividido entre el Kun y Raúl Rodríguez. Mentando a varias madres, el defensa vio cómo el Kun se le anticipaba, encaraba a Kameni y ponía esa vaselina que siempre intenta con Casillas. Esta vez, entró y nos pusimos a soñar con la Champions, los viajes por Europa y todas esas cosas bonitas que trae hacer los deberes, pese a todo.

En estas, que otra vez apareció Osvaldo. Un pedazo de pase de Verdú y la colaboración necesaria de nuestra defensa, lo dejaron solo en el segundo palo, rematando hacia el contrario, un gol tan doloroso como plástico. Nada pudo hacer De Gea que aún tuvo que intervernir alguna vez más para evitar que todo aquello terminara en catástrofe. Desde la grada lo observaba un Ferguson. El hermano del que dicen que será su entrenador si en la planta noble no hacen nada evitarlo. ¿Alguien se atreve a apostar? Yo no. Conociéndolos…

 
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Publicado por en 18 abril 2011 in La pelotita

 

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El termo de café

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – REAL SOCIEDAD, 0

Empezó el partido revuelto. Mucha gente muy harta de quienes dirigen el cotarro se juntó fuera de estadio para que todo el mundo se enterase. Se enteró casi todo el mundo, lo que no deja de ser un paso. Sobre el campo, la Real Sociedad vino con muy poquita cosa a jugar al Calderón.

Diego Costa, titular porque cualquier otra cosa hubiera sido una injusticia bíblica arrancó peleón, como siempre, pero además dejó un detallazo que supuso el 1-0: pase de tacón a Filipe que, de frente y en carrera, fusiló a Bravo. Poco más de diez minutos de partido y estábamos con una placidez impropia de nosotros mismos.

Costa, muy en plan titular, aún tuvo otra. Fue tras un pase genial del Kun Agüero, valga la redundancia, que lo dejó solito frente al portero rival. Tiró bien, pero se a Bravo le dio tiempo a rozarla y se fue al palo.

Andábamos recordando la decena larga de veces que en no demasiado tiempo nos hemos complicado la vida con el marcador a favor cuando Reyes se encargó de quitarnos tanta tontería de la cabeza. Cogió un balón en la banda izquierda, avanzó hasta la línea de fondo y, ahí, sin despegarse mucho de ella, dejó sentado literalmente a Carlos Martinez, sin tocar el balón, para poner luego un pase atrás perfecto a Mario Suárez. El chaval sólo tuvo que rematarla, casi de tacón, para meter el 2-0 justo al filo del descanso.

Sobró la segunda parte. Si acaso, nos dejó la certeza de que Forlán está en su propia guerra y Agüero un paso por delante, o diez o doce, de todos los demás. El primero tiró a puerta cada balón que le cayó cerca. Hasta una falta en la frontal del área que miraban Reyes y el Kun con ojos golosones. El otro, en un día bastante gris para ser él, se fabricó por su cuenta la jugada del 3-0: aprovechó el error de un defensa para cogerle la espalda en el medio campo, recorrió 50 metros hasta la portería con el balón pegado al pie y, como vio que Forlán no llegaba, la tiró ajustada al palo derecho de Bravo.

Con esto y una palomita de De Gea dejamos cerrado un partido en el que Mario y Tiago demostraron que igual hasta tenemos medio campo. Lo que nos falta es tiempo. Como los malos estudiantes, el Atleti tiene que agarrarse otra vez al termo de café para recorrer a última hora el camino que ha tenido todo un curso para andar. Ahora llegan las apreturas, las prisas y la necesidad de no fallar nada de nada hasta llegar al examen de final de mayo. Ese que nos puede colocar en Europa por la puerta grande o la pequeña. De ese tamaño dependen tantas cosas…

 
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Publicado por en 10 abril 2011 in La pelotita

 

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Fakires en el Sadar

OSASUNA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID 3

Toreros, lo que somos es unos toreros. Le tocaba al Atleti visitar el campo que peor se le ha dado en la historia reciente, había que hacerlo con los antecedentes que tienen en la entrada de más abajo y todos en la memoria desde el año que bajamos a Segunda, no había otro remedio que jugar sin el Kun. Con esos ingredientes, Quique se pone flamenco, más aún, y deja a Forlán en el banquillo para sacar de titular a Diego Costa. Y encima, le sale bien. Los guionistas de Perdidos no han dejado de fumar porros, sólo es que se han venido a liárselos bajo el puente de Praga.

Salvo gente de fe inquebrantable, como @jesussalido, mentiríamos al decir que teníamos la más mínima confianza en algo que no fuera una derrota. Porque una cosa es hacer el indio en la delantera porque Forlán tampoco está para tirar cohetes y otra más seria es poner una defensa con Perea y Antonio López de titulares. Obviamente, el Osasuna aprovechó el alma cándida que teníamos en el lateral izquierdo para abusar una y otra vez con centros que antes o después tenían toda la pinta de acabar en catástrofe. No fue tan pronto como merecimos porque en la misma jugada De Gea paró dos tiros a bocajarro y despejó con las piernas un pase de la muerte mientras nuestra defensa no hacía aguas, sino diluvios. Al chaval lo quieren vender. En efecto: estamos todos gilipollas.

Era esa o era otra, y fue la siguiente: media hora de partido, y Sola remató a la escuadra un centro, esta vez, de Cejudo. Antono López observó la jugada sin perder detalle, Perea no compareció y Godín, cambió de ritmo, de lento a superlento, para estar en el sitio adecuado pero un par de segundos más tarde de lo que debía.

Uno a cero y recurrimos al manual del perfecto paria ese que tenemos con el lomo ya hecho una lástima a base de resobarlo. Manos en los bolsillos, mirada al suelo, lluvia en el cogote, el pack completo. Después de quince días así, empezábamos a asumir que teníamos por delante una semana que no iba a ser muy diferente salvo por el cierto consuelo de que el mundo madridista tampoco anda de fiesta gracias a De las Cuevas, el destino, Mourinho, Preciado y un señor de Córdoba que, sin saberlo, activó la tragedia blanca, efecto mariposa de por medio, al pedir una de bravas.

De pensar en el mal de muchos nos sacó Diego Costa con un gol insospechado. No porque no lo mereciéramos, que no, ni siquiera por falta de fé en el chico, que tampoco, el empate fue insospechado por su factura. Tras un pase tremendo de Juanfran, solo ante Ricardo, allá donde Forlán se aturulla y la manda fuera, allá donde Agüero hay veces que se hace la picha un lío por querer regatear cinco veces al portero, Diego Costa miró el hueco y la clavó con una frialdad que, al contrario que en la mili, no le suponía ni Dios.

Así nos fuimos al descanso, con media sonrisilla y el escandaloso dato de que Costa ya era en ese momento bastante más efectivo que Forlán si tenemos en cuenta los minutos jugados por cada uno. Y la cosa no había hecho más que empezar.

Con todo, la segunda parte empezó un poco regular: Kike Sola la tiró fuera de milagro, el ciudadano Borbalán se tragó una roja directa para el que abatió a Juanfran cuando se iba solo y el cuarto de hora estaba empezando a durar hora y media.

Precisamente entonces llegó el segundo. Esta vez es Raúl García el que le pone un pase como un cortijo con papeles a Costa para que, otra vez, defina estupendamente. Que lo estoy escribiendo y me está saltando el propio corrector del windows como un loco ofreciéndome todas las alternativas gramaticales para esa frase menos la que ha ocurrido de verdad.

Tres minutos más tarde, te jodes Bill Gates, otra vez Diego Costa. Tercer gol. Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de fama y para desgracia de Osasuna, al chaval le han tocado precisamente esta tarde. Hat-trick que pudieron ser cuatro si a Reyes no le hubiera podido la avaricia: se fue el sevillano solo hacia Ricardo, como un calco de la jugada del penalti a Juanfran que nunca existió. Sólo que esta vez el final fue más absurdo si cabe: si entonces Borbalán no vio nada, ahora vio penalti cuando era falta a metro y pico del área. A Reyes, decía, le pudo la codicia y falló un penalti que tenía que haber hablado portugués. Ya puestos.

Osasuna se vino arriba y apareció Perea, que no es malo, es que lo han dibujado así. El hombre hizo una falta estúpida en la frontal del área que sacada por Osasuna, acabó despejada de puños… ¡por Tiago! Penalti que Nekounam no tuvo la gentileza de fallar y a pasar diez minutos de penalidades.

Las pasamos, porque el rollo del águila, el hígado y Prometeo es para nosotros un capítulo de los Osos Amorosos, pero la roja directa a Sergio por intentar hacerle a Costa una boca nueva con el codo evitó la angina de pecho. La cosa quedó en un par de tiros en contra, miedo permanente a cagarla y un alivio infinito tras cuatro minutos de descuento que pasamos, fieles a nosotros mismos en plan fakires. Jugando con fuego.

 
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Publicado por en 4 abril 2011 in La pelotita

 

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Diez escasos minutos

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – REAL MADRID, 2

Se nos ha echado encima la primavera y los niños harán la comunión sin haber vivido nunca una victoria atlética en el derbi. Llegará el otoño y nacerán otros cuyos padres aún no se conocían la última vez que les mojamos la oreja. Ser del Atleti es asumir que, al menos un par de veces al año, hablar de fútbol sólo conduce a la melancolía.

Lo jodido es que esta temporada han sido cuatro esas veces. La buena noticia es ya hemos cumplido con la última de esas penitencias hasta nuevo calendario.

Hay dos maneras de ver la estadística: la ciencia díría que si no hemos ganado en los últimos 21 partidos, es muy probable que el 22 lleve el mismo camino. La fe, que nadie puede prohibirnos soñar con que el año que viene arranque una serie histórica de derrotas madridistas. El fútbol, sobre todo el nuestro, pero también en general, es cosa de fe. Si fuera de ciencia, hace años que todo cristiano sería del Barça.

Pero somos del Atleti, así que por cuarta vez en lo que va de temporada hemos visto al Madrid jugar con nuestro equipo, apretar un poco, tampoco mucho, hasta ponerse por delante y luego echarse a dormir mecido por nuestra impotencia. No hemos jugado mal, pero tengo la sensación de que ha sido porque nos han dejado jugar un poco. Otra vez la hija de puta de la orca, vaya.

Con lo mayores que somos, nos volvemos niños chicos según se nos acerca un tío de blanco con un balón en los pies. Ujfalusi y Godín que en un primer vistazo son perfectos opositores a ángeles del infierno, acabaron convertidos en un par de ursulinas mientras dejaban un hermoso pasillo a Benzema, ese hombre. El gatito clavó el uno a cero de vaselina y nos ahorró 80 minutos de esperanza.

No íbamos a remontar, pero, por si nos daba la tentación, ahí estaba Casillas para devolvernos al camino de la virtud. Sacó lo que tuvo que sacar y en otro arreón blanco la pelota acabó en Ozil que la coló ante cierta lentitud de De Gea. Sacó varias más difíciles, pero se tragó esa.

Antes, en esa misma jugada del dos a cero, un tal Teixeira se había comido el penalti que le hicimos a Ronaldo. El resto de partido se encargó de desquiciarnos con esa injusticia manifesta pero no denunciable que parece compañera inveterada del Madrid. Nada demasiado escandaloso, no les hace falta, pero sí suficiente para sacar de sus casillas al más pintado. Un ejemplo: Lass se llevó su primera amarilla en el 62, tras cinco patadas. Era la primera tarjeta que veía un Madrid que había jugado al límite del reglamento, pero por la parte de fuera, prácticamente toda esa hora. A esas alturas, ya habían sido amonestados Ujfalusi por sacar demasiado pronto una falta y el Kun por caerse en el área blanca y obligar al árbitro a elegir entre penalti o amarilla.

La segunda parte nos la pasamos intentando arañar a un Madrid adormilado. Pudo el Kun marcar muy pronto, pero otra vez Casillas le comió la moral en ese duelo particular que también hemos perdido. Pese a todo no dejamos de insistir, claro que con la sensación de un falso dominio que no llega a ningún sitio. Y entonces llegó el vergonzoso episodio con Marcelo.

A veces, cuando un negro del equipo contrario comete una falta, o falla una buena oportunidad de marcar, o también cuando no falla, y cuando discute con el árbitro, me veo temblando, presa del pánico, por culpa de un presentimiento bastante liberal, dicho sea de paso. “Por favor, por favor -murmuro para mis adentros-, que no me lo estropeen” [...] Es entonces cuando un hombre de Neanderthal se pone en pie, señala a Ince, o Wallace, o a Barnes, o a Walker, y este servidor tiene que contener la respiración… es entonces cuando le llama comemierda, soplapollas o quién sabe qué otra obscenidad, y te inunda en ese momento una absurda sensación de orgullo metropolitano, de orgullo culto, porque ahí falta el epíteto.

Fiebre en las gradas, Nick Hornby

Pero no siempre esa así. Y es una puta lástima que todavía nos dudara el mal cuerpo cuando Agüero, siempre Agüero, se inventó un gol que, al menos, sirvió para que el Madrid pasara diez minutos de miedo. Es todo lo que hemos podido hacer este año. Demasiado poco.

 
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Publicado por en 20 marzo 2011 in La pelotita

 

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Ni de lejos

ALMERÍA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Dicen que la distancia es el olvido, pero yo me pegué la mitad de la tarde de un sábado lisboeta buscando un punto wifi donde saber qué estába haciendo mi equipo. A base de tweets cazados con lazo fui viendo que aunque luego mejoramos, empezamos jugando horroroso (no es noticia), tenemos un Agüero que no nos lo merecemos (tampoco), De Gea es la otra mitad del equipo (menos) y alinear casi cualquier combinación de nuestra defensa es poner la cara de tonto a plazo fijo (nada de nada).

Marcó el Kun dos golazos que se tuvo que inventar, nos metieron Crusat y Goitom otros dos abusando de Perea, habitual acaparador de calamidades.

Cerramos el capítulo Almería y la única buena noticia de todo esto es que ni el Kun ni Reyes, ambos al borde de la suspensión, vieron una amarilla que nos hubiera dejado tiritando para recibir al Madrid. No la vieron. El sábado los esperamos. Con nuestra delantera de gala, nuestra defensa de harapos y la sana intención de acabar con una Liga que para nosotros terminó hace muchísimo tiempo.

 
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Publicado por en 13 marzo 2011 in La pelotita

 

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Amanece, que no es poco

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – MALLORCA, 0

Le robo vilmente a Cuerda el título de una de las escasas películas que me sé de memoria porque veníamos de una noche negra como la boca de un lobo y después de este Mallorca ya se ve. A lo lejos, pero se ve. Y eso aquí es un mundo.

Es mentira que el miedo sea libre, lo tenemos encerrado en el Calderón para que no nos lo quite nadie: 45 segundos de partido y el Mallorca ya nos estaba acojonando con un tiro desde, más o menos, Son Sant Joan. Veníamos de una semana en el averno y nos esperaba la condenación eterna, que es ver a este equipo jugar contra el Mallorca según nuestro pasado reciente.

Cada uno a lo nuestro, ellos hacían fútbol y nosotros recuento de bajas. Sin Agüero, que son todas, Elías debutaba en el Calderón, Juanfran estaba en el banquillo y Quique se la jugaba con una alineación que era un 4-3-3 que se convertía en 4-5-1 o que podría ser un falso 4-4-2 y así todas las variantes posibles.

Entonces el partido se rompió. Por el sitio más inesperado. Nadie hubiera podido imaginar que la apuesta de Quique para la banda derecha, el titular más discutible de este equipo con tantas cosas que discutir, abriera el marcador. Juan Valera aprovechó su 1,84 para rematar un córner a gol. El quinto en sus seis años en Primera división. Uno ve cosas como estas y no sólo piensa que es posible remontarle al Madrid, es que está convencido que lo de Mónica Bellucci es porque no se ha puesto a ello.

Valera nos colocó por delante y Valera estuvo a punto de darnos la tarde al rato, cuando sacó un balón más con la mano que con el cuerpo de nuestra área. Medio Mallorca se dedicó a protestar, el otro medio a intentar parar a Reyes, Mérida y Forlán; un ejército que se les venía encima. El primero se llevó un manotazo en la cara, el segundo recogió el balón y dio uno de esos pases por los que nos lo trajimos del Arsenal. Forlán, marcó efectivo como siempre y lo celebró cabreado con el mundo, como últimamente.

Habíamos cerrado un partido que, no crean, a priori no parecía tan fácil. Y cerrado lo tuvimos hasta que Antonio López logró lo que a Valera se le había escapado: penalti, expulsión y medio Calderón temblando. Es lo que tiene alinear a dos laterales de confianza, sabes que al menos uno no te va a fallar. El que tampoco lo hace, pero este absolutamente en serio, es David De Gea. Porterazo y opositor a la selección digan lo que diga quienes dicen. Tiró Webó para regalarnos 20 minutos de pesadilla y salvó David, que lo dejó todo en su sitio y al Mallorca con cara de se acabó lo que se daba. No era su primera gran parada del partido, pero sí esa que uno se lleva para casa tan contento, como el niño con el cromo que llevaba tiempo buscando.

El resto fue un puro trámite en el que se coló una patada criminal de De Guzmán a Juanfran. El primero se fue a la ducha, el segundo, al poco de recuperarse, inició una jugada que los asombrados pies de Diego Costa pusieron perfectamente a Reyes. El sevillano, obligado a asumir lo que pueda del abismo que deja Agüero, marcó el tercer gol y nos acuesta convencidos de que con un 3-0 hasta nos sobra uno. Y el Mallorca también iba de blanco. No les digo ná y con eso se lo digo tó.

 
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Publicado por en 18 enero 2011 in La pelotita

 

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Tradiciones navideñas

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – ESPANYOL, 0

Dice una de esas tradicionales supersticiones navideñas que nunca acabaré de comprender que es importante llegar bien al cambio de año, porque según recibamos al que llega, así estaremos al despedirlo. No me lo creo, sobre todo, porque estaría dispuesto a jurar que algunas uvas yo me las llegué a comer con pelo. Un drama.

Pero si todo eso fuera cierto, podemos decir que el Atleti ha hecho sus deberes en casa después de dejarse la copa, el prestigio y hasta el buen gusto por esos campos de Europa.

Este partido de ida, curiosamente, era el de dos vueltas. Volvía el Espanyol, ese con el que acabamos tarifando y perdiendo  hace un mes escaso. Y volvía a ser titular Forlán, después de haberse pegado el viaje a Málaga en balde este fin de semana. Que el AVE es cómodo, mucho, pero también son ganas de acumular puntos en la tarjeta de forma tonta.

Volvió Forlán y nos duró 12 minutos. Lo que tardó en pisar un aspersor, hacerse un esguince de tobillo y dejar su sitio a Diego Costa. Nos va la marcha.

A nosotros y a Fernández Borbalán, al que le dio por pitar un penalti por mano de Amat que mano era, fuera del área, tiene toda la pinta. Marcó Simao, para recordarnos que con su venta al Besiktas a cero euros, esto son rebajas y lo demás gilipolleces, también se nos va un tío fiable en esas faenas.

Tuvimos la cosa de cara hasta que Reyes se fundió a negro. Si a este chico le iluminara la cabeza la misma luz que le ilumina las piernas, sería premio Nobel de Física cada año impar. Minuto 43, el sevillano con la pelota. Le persigue Dátolo que en un mismo movimiento le da dos patadas, lo tira al suelo y le pega un balonazo en la espalda.  Y ahí Reyes, que como el soldado que pedía al capitán que no le tocara las palmas, también se conoce, se levantó como un mihura contra los riñones del argentino. Seguro que no le hizo daño, seguro que ni siquiera quiso, pero se trata de uno de los billetes destino vestuario más evidentes que he visto en mucho tiempo. Hay cosas que no se hacen, ni aunque te hayan tocado tanto los cojones.

Con 10 y sin Reyes, nos agarramos a lo que tenemos. Que son De Gea y el Kun. El primero hizo paradas de las suyas, justo esas que se producen cuando el estadio entero está diciendo ay, ay, ay encogidito en la butaca. El otro se hizo dueño de las dos hectáreas de campo que le tocaron en herencia tras la expulsión. Se hizo dueño con escrituras y todo, se entiende. Atacábamos en tridente: por la izquierda Sergio, por la derecha el Kun y por el centro Agüero.

Cuando Borbalán igualó la cosa y echó a Víctor Ruiz por una entrada al de siempre, lo peor que nos podía pasar nos pasó: no marcamos ni el segundo ni el tercero. El tiempo que quedaba sólo sirvió para despedir a Simao, que se va por ese malvender capitanes en diciembre que estamos convirtiendo en tradición atlética.

 
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Publicado por en 23 diciembre 2010 in La pelotita

 

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Disgustos que no se le dan a un padre

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – ARIS DE SALÓNICA, 3

Hace un año andábamos empatando con el APOEL de Nikosia y maldiciendo la suerte de un equipo que miraba más a Segunda que a Primera. Luego, ganamos dos copas, llegamos a otra final y descubrimos con asombro que el fútbol, a veces, también puede ser motivo de alegría. Quizá por eso soy, con @panchovarona, el tío menos cabreado tras el naufragio del Calderón. A estas alturas, nadie puede descartar que la primera victoria de un equipo griego en España, la calamidad recurrente de nuestra defensa y los crecientes nervios de San David sean el prólogo de un año apasionante. Porque los caminos del señor son inescrutables, que es la versión bíblica de Pedro Navaja.

Eso sí, Quique tiene que darle medicina a nuestra defensa y centrarse un poco en lo que quiere. Un año después, no podemos seguir señalando siempre, en cada gol, las mismas vergüenzas. Antonio, todo voluntad y Filipe, todo clase, no se hacen con el puesto porque sus todos y sus nadas son recíprocos. Domínguez no juega porque está falto de ritmo porque no juega porque está falto de ritmo porque no juega y así podría pegarse la borrica volviendo al trigo diez o doce años. De Gea anda fallón desde hace varios partidos, sus cantadas ya hubieran servido para crucificar a Asenjo, pero el chico tiene bien merecido más crédito que el Banco de España. Lo que ahora mismo no sé si es buena comparación.

Minuto uno. Con la gente en plan tu eres la alegría de mi corazón, nos dieron el primer disgusto. Cómico si no fuera trágico. De Gea, atorrijao por tercer partido consecutivo, despeja fatal es poco a la frontal del área a los pies de un griego llamado Mendrinos. El hombre remata, pero remata mal y el balón rebota en nuestro portero, que hasta ahí había llegado. De vuelta a Mendrinos, esta vez es el poste el que rechaza una pelota que le cae a Koke para que acierte con la portería con todos los nuestros descolocados. Como respondió el reo al saber que lo ahorcarían el lunes, mal empezamos la semana.

En 15 minutos las aguas volvieron a su cauce, si es que alguna vez lo han tenido en el Calderón más allá del Manzanares. Como ya es costumbre de esas cosas se encarga Agüero. Primero con un taconazo de genio, prólogo del tiro de Reyes, del poste y del remate de Forlán. Luego, por su cuenta y riesgo, después de recibir un balón largo y engañar al portero sin demasiado esfuerzo.

Situación controlada, pensamos sin hacer ni puto caso a nuestras tendencias suicidas. Pero aparecieron; en forma de agarrón de Álvaro Domínguez a un griego que acabó en penati, empate y nervios.

Lo teníamos complicado, pero ni una mijita comparado con como se nos iba a poner: un córner más tarde, el barullo acaba en un remate a bocajarro que despeja de Gea, un Tiago y cuatro defensas viéndolas venir mientras vuelven a rematar, un Godín dejándole la peor pelota de su vida al portero, un pésimo rechace con el pie y un lateral derecho griego, que en su vida se ha visto en otra, marcando el 2-3

El resto fue ese cabreo cocinado a fuego lento con el que todo el mundo salió del Calderón. Acostumbrados a los imposibles, nadie se atreve a dar por muerto a un equipo que tiene varios domingos de resurrección al año. Pero es cierto que el espectáculo de ayer ya no es para preguntar papá, ¿por qué somos del Atleti? sino, más bien, hijo, ¿por qué coño me traes al fútbol?

 
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Publicado por en 2 diciembre 2010 in La pelotita

 

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Una cuestión de lógica

REAL SOCIEDAD, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 4

El fútbol es esa mala costumbre que te cambia la cara, las certezas y casi la vida en apenas 90 minutos. El Atleti sólo necesita 45. Porque todo lo que pasó en la primera parte podemos apuntarlo en el capítulo de los desastres. Desastre empezar el partido sin saber a qué jugábamos. Desastre dejar a la Real controlar un ritmo que debía ser nuestro y desastre, hecatombe, permitir esa jugada de Griezmann a en la que Ujfalusi ahorra a Joseba Llorente el engorroso trámite de meter el 1-0. El muchacho lo celebró como si hubiera sido suyo, pero nosotros y la tele sabemos que fue el checo, deportado hasta el descanso al centro de la defensa, quién nos puso en desventaja.

A partir de ahí la Real se diluyó. Y eso que no tenía motivo: Quique había salido con una defensa experimental que dejaba a Perea el lateral derecho y a Antonio López la banda izquierda. Sólo él sabe por qué. En el medio campo Mario Suárez borraba todas las buenas sensaciones de los dos partidos anteriores y Forlán, Agüero y Reyes deambulaban entre la nieba de nuestro propio atasco. Contagiados de esa costumbre tan uruguaya, los atacantes de este equipo se esforzaban en hacer la guerra por su cuenta. Cualquier punto del estadio era buen lugar para tirar a puerta. A pesar de todo eso, nos empezamos a venir arriba y la primera parte acabó con la Real pidiendo la hora.

Nos mirábamos entre resignados y expectantes. Quién más y quién menos pedía otra caña al camarero sin saber demasiado bien si teníamos por delante una tragedia o una de aventuras. El camarero, del Madrid, nos las ponía como quién calibra la ortografía de un parvulito.

Empezó la segunda parte y casi nos arrepentimos del descanso: Griezmann volvió a darnos un disgusto que no fue a mayores porque todavía seguimos teniendo a De Gea como portero. Atacábamos con ansia y la Real se defendía con eficacia. Entonces, Martín Lasarte decidió inmolarse: quitó del campo al hombre que le había amargado la vida a Perea y complicado la existencia a Ujfalusi, esto último, una vez que Quique decidió volver a la lógica. Griezmann al banquillo. Hagan juego señores.

Y lo hicimos. Tiago sacó con el antebrazo un balón en nuestra área. La pelota le cayó a Reyes que le puso un balón 60 metros adelante al Kun. El control de Agüero hubiera sido un prodigio si no estuvíeramos tan acostumbrados a estas cosas. Lo demás fue sólo rutina: dejada perfecta a Forlán para que empatase. Ni diez minutos más tarde, cambio de papeles: Forlán abrió magníficamente a Ujfalusi que centró al sitio justo en el que iba a aparecer Agüero para meter el segundo. Un poco en fuera de juego, que todo hay que decirlo.

Por delante en el marcador gracias a decisiones arbitrales. Por un momento, nos empezábamos a sentir del Madrid. Cuando Agüero aprovechó un rechace para meter su segundo, nuestro tercero, galácticos del todo.

Pero nosotros, como el escorpión, somos demasiado fieles a nuestra naturaleza. Ningún otro equipo en los límites de la M-30 sería capaz de hacer de los diez minutos restantes una aventura épica. Nosotros sí. Con la gorra.

Fue cosa de Simao, aunque no exclusivamente de él: la pelota rondaba el área, Godín se había liado, Perea la había sacado de aquella manera, el rechace le había caído al portugués… y empezó el espectáculo: el muchacho empezó a regatear rivales en la frontal de nuestra área. Sin lógica, sin conocimiento, sin pizquita de compasión por nuestros pobres corazones que se veían venir -¡camarero, otra caña!- la tragedia. Efectivamente, Simao perdió el balón, le llegó a Diego Rivas y ese hombre, que mamó tanto en nuestros pechos, clavó un 2-3 que nos dejó tiritando.

Cuatro minutos y otros cuatro de propina. Ocho. Anda que no somos nosotros capaces de liarla parda en ese tiempo. Y nos sobra pa un café. Tiró Zututuza, remató Tamudo, centró Sarpong, lo intentó Bergara, hasta concedimos un córner. Nada de lo nuestro ni de lo suyo nos daba idea de cómo iba a acabar la cosa: el rechaze terminó con Reyes entrando en su área, Mikel González abatiéndolo y Ayza Gámez, un amigo, dudando entre pitar penalti o el final del partido. Como daba lo mismo, supongo, le dio la pelota a Simao para que metiera el 2-4 antes de mandar a todo el mundo al vestuario.

Nadie lo hubiera imaginado. Hacía siglos que no remontábamos fuera de casa, nunca habíamos ganado en Anoeta. Lo teníamos todo en contra y por eso, este es mi Atleti, no tuvimos más remedio que ganar.

 
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Publicado por en 21 noviembre 2010 in La pelotita

 

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