VILLARREAL, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 0
- Está usted en uno de los mejores equipos del mundo.
- Me quedo mucho más tranquilo. Ya se imaginará que una operación así asusta.
- No tenga ningún miedo: contamos con el mejor hospital, los mejores enfermeros, un anestesista de fama mundial, doctores inigualables…
- Mmmm. Ya. ¿Y el cirujano?
- Bueno… ahí quería yo llegar… el caso es que el cirujano del que depende su vida trabaja en una agencia de paquetería. Pero no se crea, no es un cualquiera: es director comercial. Y además le gustan tanto los quirófanos que no se pierde un capítulo de Anatomía de Grey. ¿Eh?
- Ah, que mi cirujano no es profesional… Eso lo dice porque ya todo está automatizado, ¿no? Disponen de la más alta tecnología y el trabajo humano en quirófano es poco más que apretar un botón ¿verdad?
- Ejem… tampoco. Tenemos a nuestro alcance todos los adelantos de la ciencia. Podemos tomar decisiones basándonos en datos milimétricos… pero hemos acordado que lo haremos a ojo de buen cubero. Así no se pierde la emoción de una buena cirugía.
- ¿Está usted de coña, no?
- Qué va. Hablo absolutamente en serio. Usted relájese. Si cuando despierte le hemos desgraciao algo, ya se queja luego si eso.
Esto tan ridículo pasa cada fin de semana en cientos de campos de fútbol del mundo. Luego, cuando planteas que igual había que optar por algún sistema que evitara el ridículo, los de acá miran para otro lado, los de allá se tapan con lo que pueden y los de más allá torturan al sentido común para justificar que el error es mejor que el acierto. Así, a pelo.
Con estas lanas nos plantamos en Villarreal, y con este trasquile hemos salido. Y ojo, no es ninguna derrota injusta. El Villarreal jugó muy bien al fútbol, Cani y Rossi marcaron dos goles en los que, como casi siempre cuando hablamos en primera persona, pudimos hacer más y al Atleti le faltó esa pizca de suerte que otras veces nos da partidos.
Rafael Ramírez Domínguez, cordobés de nacimiento y residencia, sólo acertó en su primera decisión de la noche. No habían pasado tres minutos y el Kun ya había marcado un gol. La pena es que lo hizo con medio brazo en fuera de juego. Y ahí el árbitro estuvo todo lo fino que luego no fue capaz. Anulado.
No había pasado ni medio rato cuando una contra del Villarreal acaba con Cani desviando el balón frente a De Gea. Pelotita dentro, disgustazo y a intentar remontar en un campo que se nos da de pena. No había sido posible, pero tanto insistimos que en el descuento del primer tiempo Godín remató un córner, Diego López rechazó y la pelota le cayó en el área pequeña a Agüero al que Gonzalo Rodríguez abatió sin contemplaciones. Se oyó pitar al árbitro. Una vez. Penalti. Dos. ¡¿?! Tres veces: final del primer tiempo. Sí, en lo que dura el pestañeo de un hada, el aleteo de una mariposa, el rechace de un balón que le cae a Agüero, Ramírez Domínguez ya había decidido mandar a la gente a la ducha. A partir de ese momento quién más y quién menos no tenía ganas de fútbol, lo que llevaba encima era un cabreo de no lamerse.
Quique, que se había acercado al árbitro con algún comentario amable sobre ese descanso de foto finish, vio toda la segunda parte desde la grada. Y lo que vio fue a un Villarreal que se crecía, a un Rossi que abusó de nuestra defensa para meter el segundo y a un árbitro que se tragaba otro penalti a Agüero. Por no hablar del que le habían hecho a Simao en el minuto uno. Así no hay manera.
No soy yo muy de conspiraciones federativas. Aunque sea cierto que el Madrid y el Barça parten con una presunción de veracidad que para nosotros la querríamos, no creo que ningún árbitro salga al campo a joder a un equipo en concreto. Qué va. Ramírez Domínguez tampoco pitó un penalti de Filipe Luis a Ángel cuando acababa el segundo tiempo. Aún recuerdo a aquel Florian Meyer silbando lo que quiera que silbe un alemán cuando se come un agarrón como aquel, casi asalto sexual, de Juanito a Zigic. Los árbitros no van a mala leche, es que los han dibujado así.

