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Archivo de la categoría: Y todo lo demás

Alergia de la de verdad

El cuerpo tiene estas cosas. No es ni el primer año, ni siquiera el segundo que me pasa. Entre que los ninios certifican que sigo sin ser millonario y el langostino pertinaz sale de la cocina siempre se acaba desatando una fuerza cósmica que me deja hecho una pena. No hay día 23 de diciembre desde que el mundo es mundo que no me pase en pijama, arropado por una mantita, tirado en el sofá o arramblao delante del ordenador, con un calcetín puesto y otro a medio quitar y los ojos entrecerrados pegándole sorbitos a algún berbistrajo caliente. Se puede tener una pinta más indigna, seguro, pero ahora mismo no se me ocurre cómo.

Lo de que soy alérgico a la navidad en mi caso no es un tópico, visto lo visto es una evidencia médica. Debo de tener alguna glándula cabrona por ahí que, según se iluminan las calles, se pone a dar porculo. Será algún mecanismo de defensa: en lugar de deprimirme profundamenta al ritmo del jingle bells, me pongo malo. No hay manera de estar triste cuando intentas controlar un moqueo catarático.

Igual es un rollo asperger de esos y lo que pasa es que carezco de cualquier tipo de empatía, sobre todo si es navideña. La felicidad obligatoria así se te haya muerto el gato o tu equipo se arrastre por los confines de la liga, me pone de una mala leche que no les quiero contar. No acabo de entender eso de sonreir y mostrar buenos deseos con todo cristo sin haber fumado nada. Si un doce de junio, martes, la vida de Fulanito me importa una higa, socialmente soy un tipo normal y con unos respetabilísimos intereses. Si a veintitantos de diciembre la indiferencia no ha cambiado en exceso, lo mío ya es de monstruo comeniños. Amabilidad por calendario, se llama.

La navidad mola hasta que uno se da cuenta de que los reyes son los padres. Bueno, más bien, hasta que uno le dice a sus padres que se ha dado cuenta. Lo cual suele ocurrir un par de años más tarde, no sea que si saben que lo sé se joda el invento. A partir de ese momento, y dado que Cortylandia ya no es lo que era, uno de los principales cometidos de estos días es peregrinar de centro comercial en centro comercial buscando regalos para todo cristo. Un follón en el que nunca aciertas porque si a alguien le gusta mucho algo, lo tiene. Y si no lo tiene, probablemente no le guste tanto.

El resto del tiempo, te lo pasas de comida en comida, de cena en cena, como si el día 7 de enero fuera a llegar otra posguerra. Normal que muchos de esos días acabes con una melopea de pronóstico reservado. Total, si estás en casa, la que sea, malo. Y si sales a la calle, peor: pese a lo que digan estadísticas plenamente falseadas, el día 31 de diciembre en los bares de toda España sólo se consumen 12 litros de whisky. El resto son productos adulterantes para hacer garrafón.

Así que, entre unas cosas y otras, la navidad es esa época en la que, al menos dos días pasan como en una nebulosa. Los jugos gástricos luchando por salir del barco hundido de tu estómago mientras tú peleas por comer un bocadito más de cordero. Sólo uno. Que te lo han hecho con mucho cariño.

Una época en la que haces cola hasta para ir a mear en casa. Las cuentas entre catorce personas, 53 metros cuadrados y un solo baño no suelen salir bien. Colas para pagar los regalos, colas para comprar el marisco porque otro año más no has hecho caso a quienes te dijeron que lo congelaras.

Colas hasta para ir al cine. Porque a día uno o a día 25, a las seis de la tarde la situación se empieza a hacer tan insostenible que cualquier cosa que te ofrezca un par de horas de evasión se convierte en la tierra prometida. Si de normal, una sala de proyecciones puede convertirse en una tragedia, en navidad y año nuevo la paciencia tiene que alcanzar cotas épicas para que la cosa no acabe en comisaría.

Igual lo del cuerpo es una señal y yo me empeño en despreciarla a base de medicamentos. Un año de esto me dejo ir y no me tomo nada. Sólo por comprobar si, como sospecho, estaré al borde de la muerte hasta la mañana 7 de enero, momento en el que me levantaré hecho un pincel como si aquí no hubiera pasado nada.

MenéaloMenéalo, fun fun fun  -> 
 
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Publicado por en 23 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Cuernos

No tengo un sólo argumento racional para defenderlo. Así que todo lo que lean a continuación quizá me salga un poco más de las tripas que de costumbre. Pero, oigan, el rollito este de prohibir los toros me parece una soberana gilipollez. Sobre todo, con la que lleva cayendo en este mundo de dios (alguno) desde que Caín se fumigó a Abel por una frusilería.

En Cataluña se está discutiendo muy parlamentariamente hoy si se prohiben los toros, las corridas, se entiende, porque cuernos seguirá habiendo en cualquier sitio al que mires. Lo que básicamente se discute es si se prohiben en la Monumental de Barcelona, porque en el resto de territorio catalán (salvo algunas excepción que se me escapa y me da pereza mirar) ya no hay toros por falta de clientela.

A las corridas les queda un telediario porque pertenecen al pasado y los tiros hace décadas que van por otro sitio. A lo mejor hubiera sido más efectivo dejar que se extingan por sí mismas. Hay dos tipos de amores de verano: los que se agotan por inanición en septiembre y cuando llega febrero ya no te acuerdas de su nombre y los que acaban con tu padre devolviéndote a Madrid a 15 de agosto porque tu churri veraniego es un golfo que no te va a traer nada bueno. Al macarra, lo acabarás echando de menos toda la vida. Como la chorradita, leáse (ILP) les salga mal, el año que viene en la plaza de Barcelona no habrá billetes ni para las becerradas nocturnas.

Escolar da unos cuantos argumentos anti-taurinos la mayoría de ellos bastante razonables. Efectivamente, todas las tradiciones son discutibles, el toro sufre una barbaridad y los abolicionistas ni son todos independentistas de su pueblo, ni catalanes ni perroflautas de jardín. Es más, yo le añado a estas razones que no he conocido mundo más mafioso que el taurino. Y lo conozco con cierta solvencia. Si en política se cargan a un alcalde por quítame allá esa recalificación, en la cosa de los cuernos a uno le pueden quemar los caballos para quitarlo de los carteles por la vía rápida. Aunque luego resulte que los sicarios eran de una subcontrata chunga y se equivocaron de camión.

Lo que no acaba de ser cierto es que el toro de lidia tuviera mucha vida más allá de las corridas. Es un bicho caro y con una ruinosa relación coste de mantenimiento/producción de carne. Se prohíbe la cosa y en dos años quedan ocho ejemplares en un par de zoos. Lo que, teniendo en cuenta que es una especie “artificial” tampoco es tan grave. Eso sí, luego no vengamos con pancartas salvemos a pobre toro de la extinción.

No sé si será una pelea de igual a igual, lo que sí sé es que servidora no se encierra con un bicho de 600 kilos y cuernos en una plaza ni hartito de jumilla. Quienes hablan de marcadores y demás me da la sensación que no han visto una corrida de toros (de las de verdad, no esas jaurías humanas que persiguen a un bicho) en su vida. El asunto está mucho más reglado de lo que puedan imaginar y sí, prácticamente todo el tiempo es uno-para-uno. Vale que el uno humano tiene un trapo en las manos. Enorme arma, vive (más o menos dios.

Claro que espero de corazón que todos los furibundos opositores a la cosa sean estrictamente vegetarianos. Porque ahí Escolar dice una mentira dentro de otra mentira. Se matan terneros, cerdos, pollos y conejos. Y se matan (cuando quieran se dan una vuelta por el campo, que esa cosa donde no hay asfalto) sin demasiados miramientos al sufrimiento animal. Salvo cargárselos a base de canciones de Perales (que eso sí que está penado por La Haya) los bichos sufren de todo antes de llegar a la bandeja de porexpan del súper.

No les vaya a pasar como en cierto campo de trabajo veraniego en el que me puso la vida hace años: en 15 días, comimos conejo dos veces. La primera vez, recién llegados, cada uno su ración. Todo cristo rebañando. La segunda, un par de días después de pasar por las jaulas y comprobar con asombro de muchos que antes de comérselo, había que cumplimentar un leve trámite: matar al animalico. El conejo seguía estando de puta madre, pero unos cuantos pudimos repetir hasta cansarnos.

Reconozco que una corrida de toros puede ser la cosa más aburrida del mundo. Para ver un ratito de arte (si me discuten el término dígame como se llama a bailar con un pablorromero sin que te lleve por delante) te tienes que tragar unos coñazos siderales. Ni siquiera protestaré demasiado si la cosa catalana sigue adelante y se acaba extendiendo hasta Tarifa. Pero no me vengan con milongas 2.0 y qué fachas, qué rancios y qué analfabetos que son ustedes porque se me ocurren así, sin pensar demasiado, una decena de tipos rojeras y  brillantes que siguen pirrándose por una barrera de sombra. Algunos, incluso, hasta tienen blog (bueno, dos).

Mientras la cosa se acaba de prohibir o no, déjenme seguir buscando esos diez segundos de inspiración que a uno le emocionan sin saber explicar demasiado bin por qué. Tengan la bondad.

ACTUALIZACIÓN 10:55: Se ha votado a favor de debatir el asunto (lo cual me parece cojonudo, debatir siempre es bueno) por escaso margen. La cosa disparadita en menéame, un buen termómetro.

MenéaloMenéalo con el capote  -> 
 
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Publicado por en 18 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Fauna y flora de la pista

Por motivos que no vienen al caso, o sí, pero me da lo mismo, todos los días me meto entre pecho y espalda casi 200 kilómetros en mi Ferrari F430 Spider. Bueno, no exactamente… Kilómetro tras kilómetro, aprovecho para escuchar la radio, ordenar la cabeza, hablar por el manos libres, planear algún post o tener pensamientos impuros, según me dé. Eso, mientras esquivo a la panda de abencerrajes que la DGT parece tener en nómina: no hay día sin que tenga que evitar a alguno de ellos.

Está el transportistaamodelapista, un clásico: ese hombre que siempre tiene mucha prisa, que se sabe sus caminos diarios de memoria y que piensa que Fernando Alonso debería llevar la L. Cuando ves una C15 por el retrovisor a 500 metros, ya asumes que vas a tardar un par de segundos en verla al lado y décimas en tenerla delante. Eso, cumpla o no cumpla la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos. Por un motivo todavía en investigación, el ojo del transportistaamodelapista decodifica lo que se le presenta delante: en concreto, elimina de su visión todo aquello que tenga ruedas para que cerebro reciba la carretera absolutamente vacía.

La versión 2.0 del transportistaamodelapista es el transportistaconcamión. Salvo contadas excepciones, no sólo posee todas las características anteriores, sino que, además, lo hace con dos cojones: o te apartas o te piso. Su uso del intermitente es inversamente proporcional a la hostia que te puedas pegar contra ellos. Si los tienes lejos y controlados, te anunciarán la maniobra con una educación versalleca, si los estás adelantando a 130, ten por seguro que decidirán invadir el carril izquierdo sin previo aviso. El transportistaconcamión también tiene prisa, pero el cacharro no le da, así que ahoga su frustración de ser adelantado hasta por un triciclo cuando puede pasar a cualquier otro pedazo de cacharro que vaya un par de kilómetros por hora más lento que él. La escena es hasta tierna: camionaco de piedras a 84 km/h arrastrándose por el carril derecho, 8 ejes de vigas de hormigón por el izquierdo haciéndole una pasada épica a 86 km/h. Si la madre naturaleza te pone la maniobra justo delante, acabarás memorizando hasta el número de teléfono del carrocero.

Más esporádico, aunque haberlo haylo, es el torrijallevorrediós. Se trata de un individuo al que le da exactamente igual ocho que ochenta. Él va a su bola, con las luces encendidas en un día de pura primavera, sin encenderlas en su corcel negro así sean las doce de la noche con una niebla infernal. No es maldad, es sólo que no se entera. En estados muy evolucionados, este individuo es capaz de hacerse 20 kilómetros con una rueda trasera reventada y pensar que los demás le dan luces, le hacen gestos y le pitan porque hoy se ha puesto la camisa nueva y bien reguapo que va.

Otro imprescindible es el abuelosisabréyo. Él aprendió a conducir cuando los coches se arrancaban con manivela, así que no vayas tú a decirle ahora que está un poco torpe. Si lleva un parato más o menos nuevo, malo porque se lía. Si el abuelosisabreyó es abuelosisabréyofetén y va en su Simca 1200, peor: la versión pata negra del abuelo no conoce Dios. Usará los dos carriles indistintamente, irá por camino de cabras o autopista de peaje, pero siempre a 80 en cualquier caso. El hombre es un animal de costumbres. Si de normal son un peligro público, en una rotonda el espectáculo es para pedir palomitas y coca-cola grande: las posibles combinaciones entre el carril por el que entrará, aquel por el que saldrá y aquellos que dicen las normas de tráfico son como el espacio sideral, infinitas.

No me quiero olvidar del eloso, en sus dos posibilidades: la elosoprudente, que no adelantará aunque tenga delante un tractor y tres carriles libres a su izquierda y el elosovivalavida:

- Tengo un ibiza to guapo y un pedazo de musicote puesto, ¿necesito algo más para recorrer el mundo?

- Sí, amigo, un poco de pericia con la cosa, pero eso igual lo tienes que aprender en décimas de segundo: entre que te das cuenta del error y te estampas.

En categoría aparte, porque es combinable con todas las demás, está el equilibristamesobranmanos: habla por teléfono, se enciende un cigarro, sintoniza la radio, ajusta el retrovisor y cambia de marchas todo así, de golpe. Cómo consigue que el coche se mantenga más o menos derecho es un misterio de la naturaleza. Eso sí, ni se te ocurra frenar delante, porque el volantazo lo tendrá que dar con el tobillo izquierdo, y no siempre lo tiene desocupado. El equilibristamesobranmanos va tan confiado de sus capacidades que cuando lo para la Guardia Civil para darle una leve lección de anatomía (dos manos-un volante) se lo toma hasta con humor. La conversación es real, lo juro:

- Oiga, caballero que lo llevamos siguiendo medio kilómetro y ha incumplido usted una docena de normas de tráfico, esto van a ser 6 puntos menos.

- ¿Seis puntos? Ay, seis puntos. Con seis puntos estaba el Atleti metido en la zona UEFA.

Si es que, como dice Mimadre, no pasan más cosas porque dios no quiere.

MenéaloMenéalo sólo después de poner el intermitente  -> 
 
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Publicado por en 16 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Lugares que no deberían perderse

Lo malo de las pajas es que no conoces gente, lo bueno del bochinche digital que se ha montado estos días es que acabas leyendo blogs que ni conocías y recuperando otros. Les dejo tres de ellos. Si tienen un ratito, dénse una vuelta que, de verdad, merecen la pena.

El Descodificador: Tras salir tarifando de El Mundo Javier Pérez de Albéniz dio con sus huesos en el difunto Soitu. Ahora, sigue en haciendo su lúcida y mordaz crítica televisiva desde un rinconcito de wordpress. No se la pierdan.

Wardog y el Mundo: Seguramente sólo haga gracia a quienes trabajamos en una empresa mediana o grande con mucho ordenador y mucho cacharrito. Él es el encargado de que todos esos cachivaches hagan lo que tienen que hacer. Por el camino, un bestiario al que casi todos podemos poner (más o menos) cara en nuestro propio curro. Ingenioso y cabroncete hasta el extremo.

Perspicalia: Un clásico que yo descubro ahora. De todo un poco y la mayoría bastante bueno. Juin y el Señor E. acompañan a Fuckowski, para mí la verdadera estrella del invento. Su análisis sobre el chiringuito 2.0 (para muestra, un botón) no tienen desperdicio, de verdad. El resto, prácticamente tampoco.

 
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Publicado por en 9 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Correspondencia

Acabada de leer la última columna de Juan Manuel de Prada en ABC y su encendida defensa de la cultura libre (libre=free=gratis, recuerden) me he permitido mandarle un mail que copio para disfrute de algún incauto que se pase por aquí. Notificaré (pero obviamente, no copiaré) si hubiere contestación:

Estimado señor De Prada:

Acabo de leer, con no disimulable regocijo, su última columna en ABC en la que explica su firme oposición a los derechos de autor, ese tremendo expolio al pueblo oprimido. Habiéndome convencido sus razones, hasta el punto de que me hallo escribiéndole con los ojos arrasados en lágrimas y postrado ante el ordenador (me empiezan a doler las rodillas), le pido que ejerza su bien probada coherencia: publique todos sus libros pasados y futuros en su página web para facilitar el acceso a una obra que no merece ser hurtada al pueblo. Cambie también, ese RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS ©JUANMANUELDEPRADA.COM 2007 que desluce su página por una licencia Creative Commons, mucho más acorde con sus principios. No crea que no pienso en su manutención, a la que tiene fundado derecho: en su misma página, proceda a colgar un enlace en el que recibir donaciones vía paypal.

Hágalo, por favor, no querría yo quedarme sin disfrutar de una de las más ilustres plumas de nuestro país sólo por una cuestión de dineros.

Reciba un afectuoso saludo.

ERT

MenéaloMenéalo, si eso  -> 
 
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Publicado por en 7 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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¿Se puede matizar?

Les presento la lista (provisional) de gentecilla a la que también le parece mal que los controles de alcoholemia los hagan patrullas vecinales. Algunos coinciden conmigo en que tomarse una cerveza con alcohol, una, antes de conducir entra dentro de lo razonable. Gente, al fin, que brama como uno cuando, aprovechando la razonable oposición a la justicia sin juez, el personal reivindica que lo de ir como un piojo por la carretera es un derecho. ¿Quién eres tú para decirme qué me puedo descargar? Nada nuevo, vaya:

Pues eso, la lista:

Desde que nació Internet nos hemos hecho a la idea de que todo es gratis. Cine, fotografía, música, literatura… al alcance de la mano, como si no tuviesen dueño, sin reparar en que a menudo estamos traspasando la cerca del vecino para obtenerlo.

Manolo Saco en Público

Los que creéis que tengo razón pero que os lo vais a bajar todo igualmente porque, oye, la vida es muy dura: pues ya me jode, pero en fin… ¡por lo menos no me castiguéis con vuestras teorías marcianas para justificaros!

Manel Fontdevila en Público

Las empresas [españolas] ofrecen el ADSL más caro de Europa y el más lento. Y  siempre se van de rositas porque son el gran anunciante del país. Invierten en medios,  blogs y empresas donde trabajan los promotores del Manifiesto. Quienes por supuesto exigen el todo gratis para los productos culturales pero no para la conexión gratuita a Internet. ¿Se me entiende verdad?

Adrián Vogel en El Mundano

La posibilidad de que la administración pueda cerrar una web ya existe ahora.

Manuel Cáceres en Sic Transit Gloria Mundi

Efectivamente, muchos aplican/aplicamos esa teoría: “si está en la red a mi disposición y gratis, ¿por qué voy a adquirirlo comprándolo?”. Es más, me pregunto, ¿por qué mi “derecho a internet” tiene que prevalecer sobre el derecho a que un artísta pueda obtener un beneficio por su obra? ¿A alguno de Uds. les gustaría trabajar gratis mientras que otro tipo se lleva su pasta?

Juan Pedro Peña

El P2P tiene consecuencias económicas, las mismas que obstaculizan el nacimiento de webs españolas rentables, más allá de la cancamusa.

Geógrafo Subjetivo

Para empezar, encuentro que entre esos derechos fundamentales falta uno que es no menos importante: el de propiedad. Es decir, el derecho de los artistas a disponer de sus creaciones del modo que estimen oportuno, incluso si ese modo es una estupidez. Creo sinceramente que se equivocan al cerrarse a las innovaciones tecnológicas, pero al mismo tiempo tienen todo el derecho del mundo a equivocarse.

Barcepundit

No creo que el derecho de acceso a la cultura signifique barra libre. Por un lado, ese derecho de acceso no tiene por qué ser gratuito, y segundo se cataloga como “cultura” cualquier cosa que queremos consumir gratis. Por lo tanto, creo que es razonable que la ley y la justicia haga todo lo que esté en su mano para tutelar el derecho de los creadores a decidir cómo distribuir y explotar su obra. Creo que este Anteproyecto es lo que pretende, y creo que en el camino no vulnera todas esas libertades que el Manifiesto le supone. Otra cosa es que la tecnología haga esos esfuerzos básicamente estériles. Pero no por eso dejan de tener razón.

Raúl Hernández González en Vida de un Consultor

Proclamar así por las buenas “derechos” también queda muy bonito, a la Asamblea Constituyente o Proclamación de Independencia. Lo de “fundamentales” también me suena a proclama constitucional, como poco, y en el caso español… creo que antes de llamar “fundamental” a cualquier cosa relacionada aunque sea lejanamente con el lenguaje jurídico hay que mirarlo con lupa. Qué pena que nos olvidemos que los derechos y su mantenimiento activo implican también unas obligaciones, o si lo preferís, que el poder que nos confiere a todos Internet conlleva una gran responsabilidad. De eso no se dice ni pío, claro.

La Realidad Estupefaciente

Tenemos que respetar la forma de compartir que tengamos los creadores. Para mi compartir no es lo mismo que aprovecharse de los demás. Si por ejemplo te gusta este post, cópialo por favor, pero reconoce su autoría y eso sí, no te lucres con mis ideas. Yo no lo hago, es mi decisión.

David Cierco

La propiedad intelectual es indestructible. Uno es autor de lo que crea, lo quiera o no. Otra cosa es cómo se retribuye esa creación. Podemos engolfarnos en el debate de si uno es “dueño” de lo que crea. Parece que si uno fabrica ordenadores, uno es dueño de ellos y cobra por ellos. Ahora, si fabricas ideas, tienes que regalarlas por cojones… No lo tengo claro, la verdad.

Toño Fraguas

[Ni que decir tiene que el hecho de que cite y enlace supone que cito y enlazo porque me parecen interesantes y estoy bastante de acuerdo con ellos, no porque comulgue al 100% ni con Dios (alguno) bendito]

Menéalo¡Menéalo, denúncianos por herejes!  -> 
 
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Publicado por en 6 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Mi derecho a compartir tu fiesta

Piticling, piticling

PACO: Dígamelo, caballero.

JUAN: Hola trooooonco, qué pasa. Aquí J. Esta tarde doy una fiesta en mi casa. Ya sabes, whisky, música, canutos y desenfreno a raudales. ¿Te hace?

P: ¡Claro, coño!

J: Tráete un par de litronas y unas patatas por si la cosa se queda corta.

P: Vale. Por cierto, ¿puedo llevar a alguien más?

J: Joder, tío, eso ni se pregunta. Te ampara el derecho a la amistad privada. Los amigos de mis amigos, qué coño, son como hermanos para mí.

P: Cojonudo en un rato nos vemos.

[Cuatro horas más tarde]

J: Paco, me alegro un montón de que hayas venido. Es más, celebro con entusiasmo que te hayas traído a dos colegas suecos. Si les caigo bien, seguro que hablan de mí a alguna voluptuosa compatriota asaltable.

P: Eso se llama promoción gratuíta, tronco. Y no sabes la de beneficios que da.

J: Sí, ejem… estooooooooo… lo que ya no acabo de ver es eso de que uno de los suecos se haya traído a tres finlandeses y el otro a dos italianos y ocho moldavos que, a su vez, han  invitado a cuatro canadienses cada uno.

P: Tío, no me jodas. Que es más promoción. No seas fascista: la fiesta es tan divertida que compartirla es un derecho fundamental. No te atrevas a coartar mis libertades.

J: Hombre, lo cierto es que, más bien, la fiesta que estás compartiendo es la mía. Vamos, que el whisky, los canutos y la casa que luego tendré que limpiar son del chache.

P: ¿Y ahora me sales con la propiedad privada? Eso es un concepto anticuado, que ya no se lleva nada, pero nada de nada, en la amistad 2.0 que nos hemos dado entre todos. Tú me invitaste y dejaste bien clarito que podría hacer extensiva la invitación.  Además, aunque hubiera venido solo, te hubiera pagado las dos birras y las patatas. ¿Cómo te atreves a decirme que no puedo traer a más gente que a buen seguro te darán beneficios en forma de suecas apetecibles? ¿Cómo te atreves a negarme mi derecho a la amistad privada?

J: No, si yo no te digo que no. Pero entre tus dos colegas suecos y los 249 desconocidos que ahora mismo devastan sin piedad alguna mis 60 metros de piso hay sutiles diferencias.

P: Ninguna. El derecho a la amistad privada y el canon cervezopatatil me amparan: si tengo derecho a traer a dos y me he pagado las dos litronas sin saber si iba a beber cerveza, tengo derecho a traer a 200 fulanos.

J: Eso es tener un morro que te lo pisas al andar. Tío, que está muy bien que te traigas a algún amigo, pero es que tengo a dos holandeses meándose en mi alfombra, a cuatro griegos haciendo diana en mi tele de plasma y a un neozelandés abrevando en mi acuario.

P: ¿Mi, mi, mi? Qué rácanos sois algunos organizadores de fiestas. ¿Es que sólo sabes pensar en tí mismo? Deberías aprender de un tipo generoso como yo. Mira si estaré abierto a compartirlo todo que he empezado por compartir tu casa, tu whisky y tus canutos. Y defenderé con uñas y dientes mi derecho a hacerlo y sentir que con ello soy un héroe libertario. Además, hay un manifiesto por ahí, escrito por gente muy importante y muy cabal que defiende lo que digo.

J: No, compañero. Lo que dice el manifiesto es que no es de recibo que la comunidad de vecinos decida por su cuenta pegar una patada en mi puerta para controlar a la gente a la que invito. Cosa con la que, por cierto, estoy de acuerdo.

P: Bueno, vale, pero que sepas que  me duele mucho que seas tan egoísta. El otro día fui a la fiesta de otro colega y allí no se censuró (vilmente) la entrada de nadie.

J: Ese otro colega es el que da las fiestas en el caserón del campo pero vive en el piso de sus padres, ¿no?

P: Eso da lo mismo, ese tío sí que mola y sí que se ha adaptado a los nuevos tiempos y no tú. Eres un cabrón egoísta que no me deja disfrutar.

J: Pues disfrúta, que será la última. Con dolor de mi corazón, mañana mismo me hago anacoreta.

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Publicado por en 5 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Un cachito más de revolución

¿Seguimos haciendo historia o qué? Internet ya tiene su conquista de la luna, su 23-F, su 13-M. Ese día en que el medio se convierte por derecho propio en el mensaje. Enhorabuena a los premiados (Dans, Escolar, Berlín, Cervera y todos los demás), ellos encendieron la mecha de una revolución que hizo pasar al Gobierno del estoesloquehay al delodichoná en poco más en 24 horas. Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia, fueron necesarios seis meses justos (del 17 de abril de 2002 al 17 de octubre de 2002) y una huelga general para tumbar el decretazo. La vida acelera cosa mala. Mirábamos con envidia la importancia que tuvo internet (se ha ganado por derecho propio la minúscula, de nuevo invento a vida cotidiana) en la elección de Obama y el 2 de diciembre de 2009 la política española ha descubierto que la red es algo más que abrirse un Facebook, un Twitter unidireccional y hasta un Secondlife cuando quedan semanas para las elecciones. Bien, coño, bien.

Sí, fue un día intenso. De las protestas iniciales al z(p)asentodalaboca que se llevó Sinde, la red española era un bulle bulle de entradas, meneos y comentarios. Casi todos en la misma dirección: indicaciones, croquis y consejos al Gobierno sobre cómo introducirse una reforma legal por el lugar donde los pepinos se vuelven amargos.

El manifiesto se convirtió en las tablas de la ley. Repetido de blog en blog sin matizaciones, en muchos casos (en otros muchísimos sí, ojo) sin un mínimo análisis. La misma aceleración de las cosas que da la red, esa que es tan buena en mucha ocasiones, también tiene estos efectos. En menéame (una fantástica plataforma de promoción para un blog, por otra parte) votar mucho sube el karma, el riesgo de acabar votando una noticia (o un texto) por el titular y la entradilla es enorme.

¿Quién comprende que un ministro reciba a 2500 firmantes y no a 275.000? (3915 meneos) ¿Quién puede estar en contra de Los derechos fundamentales en internet? (3522 meneos) ¿quién a favor de la censura? (2899 meneos) ¿quién no dejaría sólo a un Gobierno que defendiera estas aberraciones? (2323 meneos). La historia sin letra pequeña es incontestable, pero a algunos nos ha parecido que el manifiesto sí tenía letra pequeña o, más bien, interpretaciones poco razonables.

Una reivindicación de sentido común (y que dicho sea de paso, apoyo completamente) también sirve para que acoger a una multitud (a los comentarios de medio mundo, entre ellos Fontdevila, Manolo Saco, Wardog y Meneame, me remito) que más o menos indignada por el rollo de la tutela judicial, realmente lo que va es al turrón: las descargas ni me las toques.

Hay nuevos mantras: la copia privada la bajó Moiseis del monte Sinaí. Los artistas, a dar conciertos, que son unos flojos (aunque los conciertos de un escritor sean como los de Aute, un coñazo). La cultura es libre, libre en inglés es free, free en español es gratis ¿hay que explicarlo otra vez? Y así.

Luego, justificamos como copia privada el juego que nos acabamos de bajar, by the face, del emule. La uso yo, ¿no? pues es privada, qué cojones. Si acaso alguien plantea que eso es tener un morro bastante importante, ya diremos que es perfectamente legal porque lo dice una sentencia ya que no hay ánimo de lucro (cómo molan los jueces, cuando molan) y además, le echaremos al canon la culpa hasta de la muerte de Manolete. El canon, ese pan para hoy y hambre para mañana que la SGAE se ganó a pulso. Lo del hambre, digo.

Cualquier discrepancia será abatida sin compasión con comentarios, negativos y todo lo que se nos ocurra. ¿Cómo se atreven a tocar un derecho básico, que es el de tener el disco de Bisbal, ay madre, por la cara? Los artistas, salvo esos que molan y me regalan sus creaciones (porque viven de otra cosa, claro) son unos fascistas que pretenden pagar las facturas de sus enormes chalets, su cena semanal en el Bulli y un nuevo Porsche para su colección a costa de los demás, que somos pobres. Cualquier otro matiz no da un buen titular, luego se descarta.

Y a mí me ha dado por matizar. Para que la revolución sea completa, molaría llegar a una normativa que todos, autores y usuarios, consideremos justa. Pongo aquí unos cuantos y suplico sugerencias, correcciones, matices:

1. Lo de cortar el acceso a una web sin autorización judicial es una aberración que no merece ni discutirse. Se elimina y punto pelota.

2. La SGAE ha demostrado con creces no ser la herramienta más útil para gestionar los derechos de autor de los artistas. Cambiemos el modelo por uno público.

3. El canon criminaliza injustamente a todos los usuarios por un delito futurible, acabemos con el canon.

4. El autor de bienes culturales tendrá derecho a cobrar por su producto lo que estime conveniente durante los años que salgan de un oportuno consenso. Si no quiere cobrar, pues tan rebién. El gato es suyo, es más, él ha creado al gato.

5. La diferencia entre libre y gratuito tampoco requiere demasiada explicación. Los autores contenidos culturales tienen que comer y lo de los conciertos no es aplicable a todos los casos. Llevada al extremo, la cultura gratuita sólo producirá cultura amateur. Y no siempre es tan brillante como los ejemplos que todos tenemos en la cabeza.

6. Los internautas asumiremos responsablemente la diferencia entre copia privada y piratería de parche en el ojo. Copiar un disco en casa para escucharlo en dos coches a la vez y tener tres discos duros de a terabyte con música, libros, pelis y videojuegos cuya autoría intelectual nos hemos pasado por el forro de los cojones son cosas que ni se parecen.

7. Todos estos mandamientos se resumen en uno: todas las partes aplicaremos el sentido común y no el cinismo y la cara dura (no, Rosarillo no se está muriendo de hambre) y así todo cristo tan contento.

¿Seguimos haciendo historia o qué?

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Publicado por en 4 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Manel Fontdevila es un cabrón

Aquí debería ir una viñeta de ManelSí, un cabronazo de esos que además de explicar las cosas unas cuatrocientas veces mejor que tú, hace que acabes con una pedazo de sonrisa. Aunque luego me lo pongan de vuelta y media en los comentarios de su blog por su feo empeño de pagar las facturas. [Gracias Jessica por el aviso]

 
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Publicado por en 4 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Talento

Fontdevila ese tipo que en lugar de bañarse en leche de burra se reboza en talento puro todas las mañanas:

 
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Publicado por en 3 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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