Cómo resolver una duda existencial.
Paso 1, escuchar esto.
Paso 2, escuchar esto otro.
Efectivamente, no es lo mismo.

Partamos de la base de que Sabina es Dios y el resto, a lo mejor, de vez en cuando, llega a la categoría de profeta. Y hoy quiero hablar de algunos de esos profetas. Hay muchas formas de descubrir buena música. La peor de todas, escuchar la radio. U optas por el descerebre publicitario de cualquier radiofórmula, te-vamos-a-poner-lo-último-de-lo-último-agárrate-que-llega-el-megaéxito-que-no-te-puedes-perder, o por la intensidad gafapasta de Radio 3, cómo-no-ver-la-influencia-de-ray-cooder-sabiamente-mezclada-con-aires-etno-africano-finlandeses-en-el-siguiente-tema-minimalista.
Así que te queda fiarte de los amigos, con descubrimientos impagables como El Cigala y Bebo Valdés, o buscarte la vida. Para eso recomiendo emulear un rato. Ups. Emulear, ¡caca!
Buscar a lo bruto lo primero que relaciones con algo que te guste a veces es orgásmico. Así que nadeando, un día descubrí esto:
Se llaman Los Aslándticos y hacen una mezcla rara que suena tan bien como lo que estás -o deberías estar- escuchando. No es hip-hop, no es reggae, no es flameco, no es ná y lo es tó. Tienen muchas canciones divertidísimas. Esta no es de esas. Hay gente que necesita 120 minutos para contar un drama, otros 320 páginas… estos fulanos de Córdoba, sólo una canción.
Creo que siguen arrastrándose por garitos infames, o teloneando lo que les dejan. Quizá nunca vivan de esto. Ellos no lo saben, pero ya han hecho su pequeña obra de arte.
Un consejo de buenas noches: vuélvela a escuchar poniéndo imágenes a lo que cuenta.
