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Archivo mensual: abril 2011

Las cuentas de mayo

ATLÉTICO DE MADRID, 4 – LEVANTE, 1

Parece mentira que el Levante ande con semejante desahogo por la Primera división habiendo otros que tanto están pasando. La propuesta que trajo al Calderón el tercer mejor equipo de la segunda vuelta era muy propia de las fechas: hostia va, hostia viene. A los dos minutos una patada nos cortó el cuerpo a todos los que habíamos escapado a tiempo del atasco: se la dio su Juanfran al nuestro y a todos nos pareció que, sin cuatro titulares, Quique iba a tener que inventarse otro cambio más en un momento.

Porque faltaban Godín, Reyes, Koke y Tiago. Unas asuencias que en defensa se suplen con cierta seguridad, pero en la media te dejan con Raúl García y Elías de titulares. Temiéndote lo peor. Habían pasado 20 minutos más largos que un día sin pan cuando tenemos una falta en la frontal. Con Agüero y Filipe en perfecto estado de revista, Elías empieza a rondar a la pelota. Si digo que un 1% del estadio confiaba en que la cosa acabaría bien estaría exagerando una barbaridad. Casi estábamos empezando a pronunciar el tan poco extraño se veía venir, cuando ni se vio ni vino: Elías clavó un golazo por la escuadra que, además de lógicamente sobrecogernos, dejaba el partido de cara.

Hasta que nos dio la gana. Con Mario Suárez creciendo al mismo ritmo que Raúl García menguaba, lo que menos nos hacía falta era que el chaval se llevara por delante a Caicedo en el área. Penalti que el muy fichable delantero del Levante marcó para que nos fuéramos al descanso entre el desasosiego y el miedo cerval a irnos a casa con cara de tontos.

Lo evitó, claro, el Kun: cogió un balón en el centro del campo, avanzó unos metros, trazó la definición acústica y visual de lo que es un cañonazo, el balón rebotó en dos defensas, volvió a caerle y el Vicente Calderón escuchó de nuevo el ruido seco que hace un balón cuando sabe que va a ser gol. Con el partido controlado, un penalti a Diego Costa permitió al Kun meter el tercero cuando todavía quedaban 20 minutos.

Quique entonces hizo algo incomprensible: en lugar de quitar del medio a Agüero, que con el partido resuelto sólo podía llevarse una desgracia, sacó del campo a Juanfran y metió a Forlán. Tuvo tiempo el uruguayo de hacer dos cosas, y las dos mal: una es no haber perdido la costumbre de tirar a puerta todo balón que le cae en los pies, como si el alma que se le quedó dormida en algún sitio pudiera despertarse a pelotazos. La otra, la que le deja sin excusas, fue fallar un mano a mano con el portero a pase del Kun. Cuando Forlán diga al fin que se va, hará mucho tiempo que ya se habrá ido.

A todo esto, el partido se seguía jugando, y un córner cerrado sirvió para que Munúa, presionado por Raúl García, se metiera el 4-1 que nos deja, y más con estos resultados, muy cerquita de la Europa League y aún, ¡aún!, soñando con la Champions. A última hora, con fatiguitas y haciendo más cuentas que para una Renta a devolver. Así nos vamos a pasar mayo entero. El Atleti, que somos todos, pero algunos más que otros.

 
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Publicado por en 25 abril 2011 in La pelotita

 

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Los malos conocidos

ESPANYOL, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Nos ha servido el partido, en plan bola de cristal, para pensar en lo que puede ser y no será. Conociéndolos. Con Forlán fuera de juego por un dolor a medio camino entre la pierna y las dos jornadas de banquillo, el Espanyol nos puso delante a un tipo que quizá no hicieran falta grandes esfuerzos económicos para traerlo. A poco que se entendiera con el Kun, nos íbamos a divertir.

Eso, nosotros. Porque hay que reconocer que para un aficionado neutral, el partido de ayer ya fue lo bastante divertido. Arriba, un buen delantero y un extraterrestre con telepatía. Abajo, pues eso, nuestras defensas, que son llorar. Inopinadamente, fue la del Espanyol la que se lió primero: Un par de minutos de partido y ya estaban enredados ante la presión de Diego Costa: Dale tú, que no, que mejor tú, que no, que no, que faltaría más y cuando se dieron cuenta Galán se la estaba poniendo en el punto de penalti a uno de los nuestros para que la empujara a puerta vacía. Koke metió su gol y al rato acabó lesionado. Salió por él Raúl García, dispuesto a congraciarse con la grada… con la de Cornellá.

El cero a uno tenía pinta de cualquier cosa menos de ser definitivo. Perea era titular. Cuando empezábamos a creer en los milagros, el talento literario de Juan Manuel de Prada y en que llegaríamos por delante al descanso, un balón largo, dividido entre Osvaldo y el velocista colombiano, nos devolvió a la realidad. Luis Amaranto llegó, claro que llegó. Llegó tanto que se pasó de frenada, acabó entre la pelota y la portería lo justo para desviar el tiro. Si De Gea tenía pocas oportunidades de pararla, con el fino toque de nuestro defensa ni la olió. Uno a uno.

Volvimos del descanso y apareció el marciano. No me interesa si el Kun es un tipo muy leído o apenas graduado, si el fútbol es el plan b de un eminente ingeniero o sólo existía un plan a. Me da lo mismo: Agüero demuestra sobre el campo una inteligencia descomunal. Los consoleros me entenderán: mientras todos los demás ven el fútbol como en el Be a Pro del Fifa, él tiene en la cabeza el modo normal, con radar incluido. Sólo así se explica que echara a correr hacia la portería rival antes, ¡antes!, de que Callejón llegara a la pelota, forzadísimo, y despejara atrás para evitar el fuera de banda. El pelotazo de ese chico al que rapas y se convierte en un excelente yerno quedó dividido entre el Kun y Raúl Rodríguez. Mentando a varias madres, el defensa vio cómo el Kun se le anticipaba, encaraba a Kameni y ponía esa vaselina que siempre intenta con Casillas. Esta vez, entró y nos pusimos a soñar con la Champions, los viajes por Europa y todas esas cosas bonitas que trae hacer los deberes, pese a todo.

En estas, que otra vez apareció Osvaldo. Un pedazo de pase de Verdú y la colaboración necesaria de nuestra defensa, lo dejaron solo en el segundo palo, rematando hacia el contrario, un gol tan doloroso como plástico. Nada pudo hacer De Gea que aún tuvo que intervernir alguna vez más para evitar que todo aquello terminara en catástrofe. Desde la grada lo observaba un Ferguson. El hermano del que dicen que será su entrenador si en la planta noble no hacen nada evitarlo. ¿Alguien se atreve a apostar? Yo no. Conociéndolos…

 
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Publicado por en 18 abril 2011 in La pelotita

 

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El termo de café

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – REAL SOCIEDAD, 0

Empezó el partido revuelto. Mucha gente muy harta de quienes dirigen el cotarro se juntó fuera de estadio para que todo el mundo se enterase. Se enteró casi todo el mundo, lo que no deja de ser un paso. Sobre el campo, la Real Sociedad vino con muy poquita cosa a jugar al Calderón.

Diego Costa, titular porque cualquier otra cosa hubiera sido una injusticia bíblica arrancó peleón, como siempre, pero además dejó un detallazo que supuso el 1-0: pase de tacón a Filipe que, de frente y en carrera, fusiló a Bravo. Poco más de diez minutos de partido y estábamos con una placidez impropia de nosotros mismos.

Costa, muy en plan titular, aún tuvo otra. Fue tras un pase genial del Kun Agüero, valga la redundancia, que lo dejó solito frente al portero rival. Tiró bien, pero se a Bravo le dio tiempo a rozarla y se fue al palo.

Andábamos recordando la decena larga de veces que en no demasiado tiempo nos hemos complicado la vida con el marcador a favor cuando Reyes se encargó de quitarnos tanta tontería de la cabeza. Cogió un balón en la banda izquierda, avanzó hasta la línea de fondo y, ahí, sin despegarse mucho de ella, dejó sentado literalmente a Carlos Martinez, sin tocar el balón, para poner luego un pase atrás perfecto a Mario Suárez. El chaval sólo tuvo que rematarla, casi de tacón, para meter el 2-0 justo al filo del descanso.

Sobró la segunda parte. Si acaso, nos dejó la certeza de que Forlán está en su propia guerra y Agüero un paso por delante, o diez o doce, de todos los demás. El primero tiró a puerta cada balón que le cayó cerca. Hasta una falta en la frontal del área que miraban Reyes y el Kun con ojos golosones. El otro, en un día bastante gris para ser él, se fabricó por su cuenta la jugada del 3-0: aprovechó el error de un defensa para cogerle la espalda en el medio campo, recorrió 50 metros hasta la portería con el balón pegado al pie y, como vio que Forlán no llegaba, la tiró ajustada al palo derecho de Bravo.

Con esto y una palomita de De Gea dejamos cerrado un partido en el que Mario y Tiago demostraron que igual hasta tenemos medio campo. Lo que nos falta es tiempo. Como los malos estudiantes, el Atleti tiene que agarrarse otra vez al termo de café para recorrer a última hora el camino que ha tenido todo un curso para andar. Ahora llegan las apreturas, las prisas y la necesidad de no fallar nada de nada hasta llegar al examen de final de mayo. Ese que nos puede colocar en Europa por la puerta grande o la pequeña. De ese tamaño dependen tantas cosas…

 
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Publicado por en 10 abril 2011 in La pelotita

 

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Fakires en el Sadar

OSASUNA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID 3

Toreros, lo que somos es unos toreros. Le tocaba al Atleti visitar el campo que peor se le ha dado en la historia reciente, había que hacerlo con los antecedentes que tienen en la entrada de más abajo y todos en la memoria desde el año que bajamos a Segunda, no había otro remedio que jugar sin el Kun. Con esos ingredientes, Quique se pone flamenco, más aún, y deja a Forlán en el banquillo para sacar de titular a Diego Costa. Y encima, le sale bien. Los guionistas de Perdidos no han dejado de fumar porros, sólo es que se han venido a liárselos bajo el puente de Praga.

Salvo gente de fe inquebrantable, como @jesussalido, mentiríamos al decir que teníamos la más mínima confianza en algo que no fuera una derrota. Porque una cosa es hacer el indio en la delantera porque Forlán tampoco está para tirar cohetes y otra más seria es poner una defensa con Perea y Antonio López de titulares. Obviamente, el Osasuna aprovechó el alma cándida que teníamos en el lateral izquierdo para abusar una y otra vez con centros que antes o después tenían toda la pinta de acabar en catástrofe. No fue tan pronto como merecimos porque en la misma jugada De Gea paró dos tiros a bocajarro y despejó con las piernas un pase de la muerte mientras nuestra defensa no hacía aguas, sino diluvios. Al chaval lo quieren vender. En efecto: estamos todos gilipollas.

Era esa o era otra, y fue la siguiente: media hora de partido, y Sola remató a la escuadra un centro, esta vez, de Cejudo. Antono López observó la jugada sin perder detalle, Perea no compareció y Godín, cambió de ritmo, de lento a superlento, para estar en el sitio adecuado pero un par de segundos más tarde de lo que debía.

Uno a cero y recurrimos al manual del perfecto paria ese que tenemos con el lomo ya hecho una lástima a base de resobarlo. Manos en los bolsillos, mirada al suelo, lluvia en el cogote, el pack completo. Después de quince días así, empezábamos a asumir que teníamos por delante una semana que no iba a ser muy diferente salvo por el cierto consuelo de que el mundo madridista tampoco anda de fiesta gracias a De las Cuevas, el destino, Mourinho, Preciado y un señor de Córdoba que, sin saberlo, activó la tragedia blanca, efecto mariposa de por medio, al pedir una de bravas.

De pensar en el mal de muchos nos sacó Diego Costa con un gol insospechado. No porque no lo mereciéramos, que no, ni siquiera por falta de fé en el chico, que tampoco, el empate fue insospechado por su factura. Tras un pase tremendo de Juanfran, solo ante Ricardo, allá donde Forlán se aturulla y la manda fuera, allá donde Agüero hay veces que se hace la picha un lío por querer regatear cinco veces al portero, Diego Costa miró el hueco y la clavó con una frialdad que, al contrario que en la mili, no le suponía ni Dios.

Así nos fuimos al descanso, con media sonrisilla y el escandaloso dato de que Costa ya era en ese momento bastante más efectivo que Forlán si tenemos en cuenta los minutos jugados por cada uno. Y la cosa no había hecho más que empezar.

Con todo, la segunda parte empezó un poco regular: Kike Sola la tiró fuera de milagro, el ciudadano Borbalán se tragó una roja directa para el que abatió a Juanfran cuando se iba solo y el cuarto de hora estaba empezando a durar hora y media.

Precisamente entonces llegó el segundo. Esta vez es Raúl García el que le pone un pase como un cortijo con papeles a Costa para que, otra vez, defina estupendamente. Que lo estoy escribiendo y me está saltando el propio corrector del windows como un loco ofreciéndome todas las alternativas gramaticales para esa frase menos la que ha ocurrido de verdad.

Tres minutos más tarde, te jodes Bill Gates, otra vez Diego Costa. Tercer gol. Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de fama y para desgracia de Osasuna, al chaval le han tocado precisamente esta tarde. Hat-trick que pudieron ser cuatro si a Reyes no le hubiera podido la avaricia: se fue el sevillano solo hacia Ricardo, como un calco de la jugada del penalti a Juanfran que nunca existió. Sólo que esta vez el final fue más absurdo si cabe: si entonces Borbalán no vio nada, ahora vio penalti cuando era falta a metro y pico del área. A Reyes, decía, le pudo la codicia y falló un penalti que tenía que haber hablado portugués. Ya puestos.

Osasuna se vino arriba y apareció Perea, que no es malo, es que lo han dibujado así. El hombre hizo una falta estúpida en la frontal del área que sacada por Osasuna, acabó despejada de puños… ¡por Tiago! Penalti que Nekounam no tuvo la gentileza de fallar y a pasar diez minutos de penalidades.

Las pasamos, porque el rollo del águila, el hígado y Prometeo es para nosotros un capítulo de los Osos Amorosos, pero la roja directa a Sergio por intentar hacerle a Costa una boca nueva con el codo evitó la angina de pecho. La cosa quedó en un par de tiros en contra, miedo permanente a cagarla y un alivio infinito tras cuatro minutos de descuento que pasamos, fieles a nosotros mismos en plan fakires. Jugando con fuego.

 
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Publicado por en 4 abril 2011 in La pelotita

 

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