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Archivo mensual: noviembre 2010

Tendremos que reír los últimos

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – ESPANYOL, 3

Somos un equipo llamado a los imposibles. A levantar copas recién escapados de la tumba. A retener contra viento y marea a uno de los cinco futbolistas más luminosos de la última década. A llevarnos un calentón inconmesurable a dos grados bajo cero. Para eso último hemos tenido ayuda de mucha gente. La de todo el Espanyol y la de Teixeria Vitienes, cántabro.

20 minutos estuvimos decidiendo quién tenía menos que perder. Si ellos o nosotros. Con una alegría digna de mejor temperatura, los dos equipos se tiraron al ataque. Nuestra primera falta tonta, devino drama. No por el tiro, que no iba a ningún sitio, sino porque pegó en la barrera. En una parte de la barrera, esa que eran los dos brazos de Reyes juntos, sobre el pecho, entre protegiéndose y rezando el jesusito de mi vida. Ciento cincuenta jugadas iguales hay así cada semana. Ninguna acaba en penalti. Pero eso es porque nunca pillan cerca a Teixeira.

Instalados ese punto exacto en el que el cabreo está al borde de convertirse en incredulidad, vimos a Luis García meternos el primero. El Espanyol se relajó un puntito y entonces supimos que el bocata nos lo íbamos a comer empatados. De lo que no teníamos ni idea es de que fuera a costar tanto. No sólo es que tuviéramos que esperar 25 minutos de asedio sino que, ya en faena, el gol sólo vino después de un catálogo de remates: sacó Reyes el córner y de cabeza lo intentó Tiago. Paró Kameni. A medio metro de la raya, Godín pegó un zapatazo. Volvió a parar Kameni. Le cayó otra vez a Tiago y esta vez marcó con un trallazo suficiente para meter en la portería la pelota, el portero y todo aquello que se le pusiera por delante. Fue lo último de una primera parte que nos dejó las engañosas sensaciones de que ganaríamos el partido y de que el penalti había sido un accidente.

Ni diez minutos de la segunda parte tardamos en darnos cuenta del error. Osvaldo corrío un balón largo con Perea, una empresa destinada al fracaso. Pero el colombiano, un hombre destinado a darnos estos disgustos, perdió la posición. El delantero le empujó un poco, el cántabro se hizo el sueco, de Gea falló en el primer remate y Verdú puso a todo su equipo a echar cuentas. Como ese funcionario que hay en cada adminstración que entre bajas y libranzas descansa más que curra, al Espanyol de Pochettino le iban a sobrar dos moscosos a poco que se aplicara.

Y se aplicó. Ante la pasividad absoluta del árbitro se aplicó. Si Teixiera hubiera pitado el Ajax-Madrid, Sergio Ramos está todavía haciendo paradiñas en el Amsterdam Arena.

Poquito que nos hace falta para desquiciarnos, con el Espanyol dando estopa y perdiendo tiempo a partes iguales, el partido se nos iba cañería abajo hasta que apareció Forlán en un destello. Su fantástico pase lo aprovechó el Kun, sólo ante Kameni, para engañar con el cuerpo y rematar rasa y seca al palo contrario.

Dos a dos y durante doce minutos se volvió a jugar al fútbol. Más nosotros que ellos. Con Teixeria molestando todo lo posible en cada jugada, parando contraataques (nuestros), pitando fueras de juegos inexistentes (nuestros), repartiendo amarillas a diestro y siniestro. Haciéndonos ese tipo de cosas que jamás le harían en casa a algunos equipos. Incluso a esos que juegan los lunes.

Y entonces marcó Osvaldo. Nuestra defensa le dejó adelantarse, cazó un centro y metió un golazo estupendo. Nada que reprochar. Salvo que ahí sí que sí, su equipo nos robó un cuarto de hora de partido. Cada entrada, cada falta, cada caída españolista iba encaminada a perder el máximo tiempo posible.  El calentón de la grada era inversamente proporcional a la temperatura ambiente: estábamos a puntito de ebullición.

En medio de este ambiente, Godín le pega una tarascada a Javi López, que cae entre la zona técnica de Quique y la línea de banda. López, escrupuloso con el planteamiento de su equipo, se retuerce en el suelo de dolor. Pero está fuera, no dentro. Un detalle que convertía en inútil tanto aspaviento. Ahí llega Luis García, un tipo al que la UEFA está tardando en darle la medalla de oro al juego limpio, para decirle que se corra un poquito hacia el campo, lo justo para que puedan perderse un par de minutos más con el paripé de la camilla, el masajista y el ay doctor me duele aquí. Quique que lo escucha y se acerca a mentarle ancestros al tal García este, Agüero que aparece con las mismas intenciones y una patada absolutamente fuera de lugar y ahí se lía el bochinche.

Jugada perfecta para el Espanyol: Quique a la calle, y el reloj marcando las horas como si los Panchos no hubieran cantado nunca. Se acabó el partido y aún tuvo tiempo nuestro entrenador de ir a por Luis García sin ánimo aparente de invitarlo a unas cañas. Medio mundo tuvo que meterse por medio para evitar algún guantazo. Feo lo de Quique y feo lo de Agüero. Dicen que Luis García se había reido del Atleti. Lo llevaban haciendo a medias el Espanyol y el árbitro todo el partido. Sólo nos queda el consuelo de que queda mucha temporada y que no sería la primera vez que reiríamos los últimos.

 
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Publicado por en 28 noviembre 2010 in Sin categoría

 

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Una cuestión de lógica

REAL SOCIEDAD, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 4

El fútbol es esa mala costumbre que te cambia la cara, las certezas y casi la vida en apenas 90 minutos. El Atleti sólo necesita 45. Porque todo lo que pasó en la primera parte podemos apuntarlo en el capítulo de los desastres. Desastre empezar el partido sin saber a qué jugábamos. Desastre dejar a la Real controlar un ritmo que debía ser nuestro y desastre, hecatombe, permitir esa jugada de Griezmann a en la que Ujfalusi ahorra a Joseba Llorente el engorroso trámite de meter el 1-0. El muchacho lo celebró como si hubiera sido suyo, pero nosotros y la tele sabemos que fue el checo, deportado hasta el descanso al centro de la defensa, quién nos puso en desventaja.

A partir de ahí la Real se diluyó. Y eso que no tenía motivo: Quique había salido con una defensa experimental que dejaba a Perea el lateral derecho y a Antonio López la banda izquierda. Sólo él sabe por qué. En el medio campo Mario Suárez borraba todas las buenas sensaciones de los dos partidos anteriores y Forlán, Agüero y Reyes deambulaban entre la nieba de nuestro propio atasco. Contagiados de esa costumbre tan uruguaya, los atacantes de este equipo se esforzaban en hacer la guerra por su cuenta. Cualquier punto del estadio era buen lugar para tirar a puerta. A pesar de todo eso, nos empezamos a venir arriba y la primera parte acabó con la Real pidiendo la hora.

Nos mirábamos entre resignados y expectantes. Quién más y quién menos pedía otra caña al camarero sin saber demasiado bien si teníamos por delante una tragedia o una de aventuras. El camarero, del Madrid, nos las ponía como quién calibra la ortografía de un parvulito.

Empezó la segunda parte y casi nos arrepentimos del descanso: Griezmann volvió a darnos un disgusto que no fue a mayores porque todavía seguimos teniendo a De Gea como portero. Atacábamos con ansia y la Real se defendía con eficacia. Entonces, Martín Lasarte decidió inmolarse: quitó del campo al hombre que le había amargado la vida a Perea y complicado la existencia a Ujfalusi, esto último, una vez que Quique decidió volver a la lógica. Griezmann al banquillo. Hagan juego señores.

Y lo hicimos. Tiago sacó con el antebrazo un balón en nuestra área. La pelota le cayó a Reyes que le puso un balón 60 metros adelante al Kun. El control de Agüero hubiera sido un prodigio si no estuvíeramos tan acostumbrados a estas cosas. Lo demás fue sólo rutina: dejada perfecta a Forlán para que empatase. Ni diez minutos más tarde, cambio de papeles: Forlán abrió magníficamente a Ujfalusi que centró al sitio justo en el que iba a aparecer Agüero para meter el segundo. Un poco en fuera de juego, que todo hay que decirlo.

Por delante en el marcador gracias a decisiones arbitrales. Por un momento, nos empezábamos a sentir del Madrid. Cuando Agüero aprovechó un rechace para meter su segundo, nuestro tercero, galácticos del todo.

Pero nosotros, como el escorpión, somos demasiado fieles a nuestra naturaleza. Ningún otro equipo en los límites de la M-30 sería capaz de hacer de los diez minutos restantes una aventura épica. Nosotros sí. Con la gorra.

Fue cosa de Simao, aunque no exclusivamente de él: la pelota rondaba el área, Godín se había liado, Perea la había sacado de aquella manera, el rechace le había caído al portugués… y empezó el espectáculo: el muchacho empezó a regatear rivales en la frontal de nuestra área. Sin lógica, sin conocimiento, sin pizquita de compasión por nuestros pobres corazones que se veían venir -¡camarero, otra caña!- la tragedia. Efectivamente, Simao perdió el balón, le llegó a Diego Rivas y ese hombre, que mamó tanto en nuestros pechos, clavó un 2-3 que nos dejó tiritando.

Cuatro minutos y otros cuatro de propina. Ocho. Anda que no somos nosotros capaces de liarla parda en ese tiempo. Y nos sobra pa un café. Tiró Zututuza, remató Tamudo, centró Sarpong, lo intentó Bergara, hasta concedimos un córner. Nada de lo nuestro ni de lo suyo nos daba idea de cómo iba a acabar la cosa: el rechaze terminó con Reyes entrando en su área, Mikel González abatiéndolo y Ayza Gámez, un amigo, dudando entre pitar penalti o el final del partido. Como daba lo mismo, supongo, le dio la pelota a Simao para que metiera el 2-4 antes de mandar a todo el mundo al vestuario.

Nadie lo hubiera imaginado. Hacía siglos que no remontábamos fuera de casa, nunca habíamos ganado en Anoeta. Lo teníamos todo en contra y por eso, este es mi Atleti, no tuvimos más remedio que ganar.

 
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Publicado por en 21 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Fechas

Si nada se tuerce, que todo puede ser, el lunes 22 de noviembre estará en librerías El Año que volvimos. Ese día, más o menos, aparecerá en los sitios más obvios. Pero hoy mismo ya se puede pedir en algunas tiendas online. En Rayuela, Paquebote y Proteo está disponible para comprar online. Envían a todo el mundo si fuera necesario. Precios populares.

Por tener, tenemos hasta fecha de presentación: será en el Ateneo de Madrid (salón Ciudad de Úbeda, 4ª planta), el martes 21 de diciembre a las 19:30 horas. La entrada es libre hasta completar aforo.

Quiero agradecer, otra vez y las veces que sean necesarias, a los chicos de Titano y Tropoeditores lo fácil que lo están haciendo todo. A Tximi, Petón y Josete por sus esfuerzos y por creer en todo esto desde el principio. Y a los demás, por darme todos los ánimos del mundo. Que no es poco.

 
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Publicado por en 18 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El día que volvió

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – OSASUNA, 0

Andaba Forlán sin alma. A merced de una pesadilla de balones perdidos, declaraciones incendiarias, desconfianzas hasta de uno mismo. Vivía Forlán multiplicando este año su tragedia habitual de cada arranque de temporada. Cada vez más pálido había descendido a los infiernos. Pero llegó Osasuna y resucitó de entre los muertos.

Llegó Osasuna con su partido de siempre debajo del brazo: rocoso y pendiente de un fallo que le diera ese 0-1 al que agarrarse como a un clavo ardiendo. Y se encontraron con que no hubo tal fallo. Valera cumplió en el lateral derecho, algo empieza a no ser noticia, Ujfa y Perea cubrieron con eficiencia el cetro de la defensa y Filipe Luis, tapó lo que fue necesario mientras no olvidaba que la portería que realmente le importa es la que tiene enfrente. Mario y Tiago, aún con lagunas, nos dieron toda la tranquilidad que necesitábamos en medio campo. Un desierto para las (malas) intenciones de Camacho.

Ese es el plan A. Si todo falla, David De Gea. Tres remates, que en tiempos no tan lejanos eran goles en contra, acabaron en nada porque nos ha nacido un héroe allá por la Sagra.

Pero todo eso sólo son condiciones necesarias, ni siquiera suficientes, para el 0-0. A partir de ahí, Aguero, Forlán y Reyes, la santísima trinidad del fútbol a orillas del Manzanares. El primero arrancó con ese motor de explosión que tiene por piernas en diagonal, hacia el córner. Más rápido que todos encontró el hueco para tirar. No era difícil para Ricardo… pero al portero se le escapó la pelota y Forlán acabó con meses de lamentos. La grada gritaba ¡Agüero! y luego ¡Uruguayo!, ¡Uruguayo! y luego ¡Agüero!. Como quién tiene dos hijos brillantes pero distintos, e intenta por todos los medios que ninguno sufra un arrebato de celos.

No hubo que esperar mucho para el segundo, que nació de Reyes. El sevillano colocó un pase enorme a Forlán, que tuvo fe, llegó forzado a la línea de fondo, centró bombeado y encontró la cabeza de Agüero. Los mismos protagonistas, pero a la inversa. Otra vez los gritos esquizofrénicos que el Kun se encargó de unificar: todos para Forlán, señaló a la grada. Y un minuto más tarde, todos eran para Agüero.

La de tiempo que hacía que no encarábamos el visiten nuestro bar de cada descanso con esta tranquilidad de espíritu. El partido lo íbamos a ganar por méritos nuestros y porque el Osasuna no daba más de sí. Por si quedaban dudas, al cuarto de hora de la segunda parte, Monreal vio la segunda amarilla que estaba buscando con ahínco y su equipo no volvió a tirar a puerta en todo el partido.

Diez minutos más tarde, Forlán metió el gol de la jornada. El uruguayo parece decidido a tapar muchas bocas. Esta vez, con goles. Lo que siendo él es de agradecer. Se escapó por la izquierda, regateó hacia el interior para dejar tirados a dos defensas y la colocó en la escuadra que tenía más lejos. Donde nunca podía llegar Ricardo. Golazo. 3-0 y por delante un calendario cuesta abajo que nos puede dejar la Champions a punto de caramelo. Soñar en liga con algo más es imposible. A estas alturas, ya hemos fallado demasiado.

 
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Publicado por en 14 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Definiciones atléticas

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS, 1

trámite.

(Del lat. trames, -ĭtis, camino, medio).

1. m. Paso de una parte a otra, o de una cosa a otra.

2. m. Cada uno de los estados y diligencias que hay que recorrer en un negocio hasta su conclusión.

3. m. atlét. Manera tonta de jugar una eliminatoria decidida, empezar perdiendo, que te expulsen a un jugador y empatar de milagro gracias un golazo de Mérida.

 
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Publicado por en 10 noviembre 2010 in La pelotita

 

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¡Hostia, hostia, hostia!

¡Hostia, hostia, hostia! ¡Que esto va en serio!

En el año 2000 entrevisté al Fary. Fue la primera vez que firmaba cualquier cosa en un periódico. Aún conservo enmarcado el fotolito de esa página. En el año 2010, el mismo periódico ha publicado la primera reseña de El Año que Volvimos. Probablemente sean las dos veces que más orgullo he sentido al leer mi nombre en letra impresa. Gracias Pepe, repártelas a todo el equipo del HOY.

 
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Publicado por en 9 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El otro equipo de Madrid

REAL MADRID, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 0

Dice la mayoría que la historia se repite. Que esto es el cuento de nunca acabar, la historia interminable del Bernabéu, siempre la misma canción. Qué va. Es mucho peor. Durante diez años uno llegaba al derbi muerto de ganas de ganarlo y salía de él encabronao. Porque no hay derecho a que Raúl te marque en el minuto uno, porque cuando nos damos cuenta ya no tenemos delante un partido, sino una ascensión al Tourmalet, porque Casillas lo para todo, porque el Madrid siempre sale a jugar con catorce y más en casa… De todo eso ha habido. Bueno, casi. Raúl está en Alemania. Pero aunque los ingredientes hayan sido casi los mismos, el gazpacho esta vez nos ha salido distinto. Ya casi nos da igual ganarle al Madrid, al menos, hasta que le ganemos.

La cosa, al final, se quedó en poco más de seis minutos. Después de aguantar el chaparrón con el que saltó al campo el Madrid, Reyes se escapaba por la derecha, Xabi Alonso lo tiró al suelo, el Madrid arrancó el contraataque, falló nuestra defensa y Carvalho, que pasaba por allí, puso el 1-0. Al ratito, en una falta lateral, De Gea colocó mal la barrera, Reyes no llegó donde debía, Ozil tiró a puerta y la pelota alcanzó la red por un pasillo enorme, mágico, divino, como el del papa en Santiago de Compostela. Fallaron todos y todo se nos vino abajo.

Hasta ahí el partido. Ahora la melancolía. El Atleti se rehizo como nadie se esperaba. Entre eso y todo lo que bajó el pistón el Madrid, el resto de tiempo estuvimos mucho más cerca del 2-1 que del 3-0. Pero fue inútil. Es más, cuando Agüero remató para meter el miedo en el cuerpo a media España, no fue la mano de Casillas la que paró el balón, sino la de Xabi Alonso. Mateu Lahoz no vio nada, porque de verlo era penalti. Su asistente tampoco, quizá por el mismo motivo. Para compensar, también se quedó sin pitar una entrada de Simao a Di María en nuestra área. Tan penalti era como falta había sido la de Xabi a Reyes previa al gol. ¡Qué de cosas cambiarían si el Madrid fuera otro equipo!

 
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Publicado por en 8 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Para frotarse los ojos

ROSENBORG, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Medio metro. Por lo menos. Era la distancia entre Agüero y el último defensa. Entre el Kun y la espalda de ese último defensa, se entiende. Un fuera de juego como una catedral que nos puso por delante en el minuto cuatro o así. Antes, Simao y Raúl García nos habían dejado el mejor cambio de banda en lo que va de temporada. De ahí al centro, a la ceguera del árbitro y al gol. Son así de malos, aquí, allá y acullá. Claro que cuando nos son torpemente favorables, duele menos.

Fue marcar el gol y empezar la siesta a la espera de un latigazo del Kun o de Costa, a lo tonto modorro el único jugador que ha estado en todos los partidos del Atleti este año. Alguna tuvimos, pero insuficiente. O no atinábamos nosotros o atinaba Örlund. Nombre de vikingazo para un portero sueco. Todo queda, más o menos, en casa.

Y nos confiamos. Nos confiamos tanto que cuando el lobo empezó a soplar, la cuatro paredes de cartón con las que Quique sostenía al equipo, se fueron al carajo: Henriksen metió el empate en una jugada en la que se juntaron nuestras habituales angustias defensivas con una insospechada cantada de De Gea. El Rosenborg se lo creyó y entre unos y otros nos acabaron dando la tarde.

Sin jugar ni a la chapas, con la clasificación chunga de cojones, el Madrid asomando la patita y el porterazo que encontramos en Illescas completando su cupo anual de fallos con una salida absuda a controlar un balón en la banda. Le quitaron la pelota, claro, y supimos que la derrota, la debacle europea y hasta la goleada en Chamartín iban a ser cuestión de que pasara el tiempo.

Si la esperanza es lo último que se pierde, el Atleti no tenía nada en el petate desde el minuto en el que Quique quitó al Kun y sacó a Forlán. A su sombra. A esa sombra que nos es peligrosamente familiar y que aún contemplamos con la esperanza de que cualquier día arranque. No puede ser que a Forlán se le olvide jugar al fútbol. Ni siquiera puede ser que se le hayan quitado las ganas. Justo eso que pareció cuando, en una cruel fotografía mental, todos lo vimos quejarse por no haber recibido el pase mientras la pelota entraba en lo que ya era uno de los goles del año: Tiago.

Porque Tiago marcó un gol de los de frotarse los ojos. Como los héroes, rescató a la chica cuando todo estaba a punto de estallar. El portugués cogió el balón en el medio campo, se fue de dos defensores, a otro más se lo quitó de encima con un caño, miró a portería y desde 25 metros, con ese último impulso del que no da más de sí, le pegó seco a la escuadra. La pelota entró, pasar de ronda es ahora todo lo fácil que para el Atleti pueden ser las cosas fáciles y hasta Forlán fue a felicitarle por el gol. Apenas tardó una décima de segundo de más en darse cuenta de que había visto una obra de arte. No es mal chico, sólo son cosas del hambre desmesurada.

 
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Publicado por en 5 noviembre 2010 in La pelotita

 

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El año que volvimos

 

 

Ya ha nacido, y tiene la cara que veis arriba. Hace año y pico empecé a contar en este blog las desdichas del equipo de fútbol del que me hizo mi madre porque la camiseta del Barça era muy oscura y la del Madrid demasiado sosa. Gracias, mamá, por hacerme del Atleti.

Ni me podía imaginar que lo ganaríamos casi todo, que acabaría llorando en Hamburgo y aplaudiendo en Barcelona. Mucho menos que a unos locos (gracias Tximi, Petón,  Josete, Óscar, Mario, Kiko, Sergio… todos) se les iba a ocurrir que ese viaje tenía que ser un libro. Y lo es. Casi 200 páginas de risas, llantos, berrinches y goles. Partido a partido, desde el debut europeo en Atenas hasta Mónaco donde el fútbol le dio a Agüero el gol que le debía.

El año que volvimos ya está en todas estas librerías. Bienvenidos a la historia de un equipo que, cuando nada era posible, se inventó la manera de volver a hacernos sonreir.

 
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Publicado por en 4 noviembre 2010 in La pelotita

 

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Nuestras pesadillas favoritas

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – ALMERÍA, 1

Noche de Halloween en el Calderón y nosotros, que nos apuntamos a un bombardeo, lo celebramos invitando a dos de nuestras pesadillas favoritas. Se llaman Diego Alves y Piatti. Y son dos tíos con la molesta costumbre de darnos la noche a poco que les dejemos. Esta vez, no iban a fallarnos.

El portero se dedicó a frustrar toda ocasión rojiblanca con buena pinta salvo aquella en la que nada podía hacerse. Es más, sólo él y la mala suerte evitaron que en el minuto 5 de partido el marcador no fuera un 2 a 0 definitivo. Cinco córners, otros tantos remates a puerta y la sensación de que el Almería todavía no estaba en el campo no sirvieron, sin embargo, para nada. Lo de Piatti volvió a ser lo de siempre cuando un medio rápdido, pequeño y habilidoso tiene su día contra nosotros. Filipe Luis le perdió la pista muchas más veces de las aceptables, Tiago y Assunçao no sabían qué hacer con él y en la grada se mascaba la tragedia cada vez que la tocaba.

Uno y otro pertenecen a esa especie de jugadores que si sólo jugaran contra el Atleti levantarían el Balón de Oro año sí año no. Luego, los fichamos, firman por cinco años y un disparate de millones y se acaban diluyendo como un terrón de azúcar. Piatti rima con Ibagaza, Alves con Asenjo. Qué bien están en Almería.

Aquellos primeros cinco minutos, furiosos y estériles, dieron paso a un primer tiempo con la certeza de que el 1-0 estaba al caer. Tal cual. Alves pudo con el primer remate de Reyes, pero no con el segundo de Agüero. El Kun se estrenaba en liga y aquello tenía que ser el aperitivo de una victoria facilona.

Pero como tantas otras veces, lo fuimos dejando, lo fuimos dejando, hasta que se nos escapó de las manos. Minuto 45, Tiago pierde un balón tonto, de De Gea se luce para desviar a córner el empate, saca el Almería, la bola le cae a Piatti fuera del área y nos quedamos con cara de tontos. Sobre todo, al repasar el partido y darnos cuenta de que habían vuelto a robarnos la cartera: según empezaba el partido, Teixeira Vitienes, otro amigo, confundió los términos dentro y fuera y nos hizo sacar al borde del área lo que era un penalti de libro sobre Reyes. Justo antes del empate, un placaje tiró a Agüero en el área del Almería cuando arrancaba a por un balón.

Aún se quedó sin pitar otro penalti, éste a Diego Costa. Pero eso fue en la segunda parte, cuando el brasileño salió por Forlán, Reyes ya se había lesionado, Perea había visto una amarilla que le deja sin el próximo partido y aquello, difícilmente, iba a descarrilar del empate a uno.

Así terminó esta pesadilla recurrente. Justo antes de irnos al Bernabéu con una defensa tan llena de costurones como el apéndice de Godín. Con los vecinos de goleada en goleada y con la certeza de que los árbitros este año no nos va a dar ni una mijita de cariño. Como dijo una vez la siempre genial Demencia: lo veo tan chungo, tan chungo, tan rematadamente difícil, que hasta es posible.

 
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Publicado por en 1 noviembre 2010 in La pelotita

 

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