ATLÉTICO DE MADRID, 4 – SPORTING DE GIJÓN, 0
Quién me iba a decir hace un año que aplaudiría a Reyes, que celebraría dos títulos europeos, que seríamos líderes, que escucharía la COPE. Quién me iba a decir a mí todo eso cuando el Málaga nos recibió con tal bajonazo que durante esta primera semana que lleva dos temporadas durando quince días sólo sabíamos mirar hacia arriba. Hoy, tan alto sólo anda San Pedro. La Liga se nos ha quedado en el sótano.
El primer peldaño de esa escalera lo subió Jurado, que juntó todas sus intermitencias de los últimos dos años y las hilvanó para hacer una primera parte estupenda. En el mercado del tocomocho que es el fútbol, ese en el que Chygryinsky vale un millón más que Ibrahimovic y Carvalho lo mismo que un portero condenado a la suplencia en el Manzanares, 12 millones de euros por nuestro primer suplente eran tener ya al mensajero en la puerta. Eso, hasta que llega el Sporting, Quique desafía a la directiva poniéndole de titular, revoluciona el partido, marca un golazo y pasamos de la satisfacción del usurero a la urgencia del ahogado en 45 minutos. O eso, o que a Jurado se le da mejor jugar para sus ex-equipos, que también puede ser.
El que no deja de justificar con creces cada euro que se le paga en su kilométrica nómina es ese tal Agüero que, milagrosamente, sigue con nosotros. Cogió un balón en el centro del campo con medio Sporting delante, empezó a correr y acabó con el cuadro. Cuando se es tan superior no se puede ser modesto en un campo de fútbol. Quebró a una manada de asturianos antes de hacer llegar la pelota, rebote afortunado de por medio, a Forlán para que rematara al placer.
El tres a cero también empezó, como casi todo en este equipo, en el espacio que hay entre la K y la O de un argentino. Se la puso a Reyes, que este año sigue siendo otro que tal baila, el balón acabó en Ujfalusi y su centro atrás le llegó a Forlán justito para cazarla.
El checo de ascendencia brasileña, o así, podría haberse consagrado si mete la jugada de todos los tiempos que el Kun empieza en el Calderón cada fin de semana alterno. Esta vez se volvió a ir de todo el Sporting, sombrero a un defensa incluído antes de ponérsela a Ujfa. Pero el hombre recordó que era lateral derecho en el momento más inoportuno y la tiró alta por poco. Por muy poco.
Con la cada vez menos sorprendente alegría de jugar como lo estábamos haciendo, sólo una pena acongojaba a un estadio lleno un lunes de agosto, con dos cojones: necesitábamos un gol para ponernos líderes y Agüero acababa de fallar un mano a mano con el portero. Se nos iba a escapar pero apareció Simao, combinó un par de veces con Mario Suárez y le pegó un derechazo a la escuadra que sólo podía ser el 4-0.
Empezamos el partido enseñando una Supercopa y lo terminamos líderes de la Liga española. Líderes durante quince días. Quizá sólo quice días. Pero todos seguidos.

