Supongo que a estas alturas lo saben, pero si no, yo se lo cuento: aquellos profesores con mayor índice de suspensos corren el riesgo de recibir un toque de la Educación autonómica de turno. Es inadmisible que se jodan las estadísticas y si el 75% de los chicos de 15 años no saben resolver una ecuación de primer grado, no es que sean más vagos que el 25% restante, no, es que hay un claro error pedagógico. Cuando varios años años después al profesor se le inflan las pelotas y se harta de poner ejemplos con peras y manzanas, los resultados académicos mejoran una barbaridad. En realidad, sí que había un fallo pedagógico: con aprobar al que sabe dividir con decimales pasa de ser un error del sistema a un docente digno de todo reconocimiento.
Me ha dejado un poco acojonado un reportajete de Público (visto en un flash de Escolar.net) al hilo de la muerte de Delibes.
Dicen, las criaturas. Criaturas de unos 16 años, las mismas que te recitan sin respirar doce marcas de whysky y una retahíla de drogas de diseño que ya quisiera un inspector de la DEA. Claro, es que ahora los jóvenes prefieren chatear, escuchar música o jugar con la consola. He ahí el origen de todos los males. Como si hace 20 años el pasatiempo infantil favorito hubiera sido bajar a la mina.
Por asombroso que parezca, hace 20 años también teníamos variadísimas formas de tocarnos los huevos a dos manos. No había Pro Evolution Soccer, pero con una cosa redonda y una calle éramos más Futres que nadie. Así que la culpa no parece que sea toda del infantado.
Poseídos por un espíritu claramente suicida, a finales de los 80 decidimos inmolarnos educativamente. No es que la EGB fuera la panacea, no, pero al menos con su BUP y su COU algo te acababas llevando a casa. Además, e igual decir esto no mola nada de nada, tenía la indudable ventaja de que la obligatoriedad sólo llegaba a los 14. ¡Huy, lo que he dicho!
Con alguna excepción, que de todo habrá en la viña del señor, el santoral laico anda bastante huérfano de redimidos del andamio gracias a la prolongación de la educación obligatoria. En 14 años de convivencia, es de esperar que los padres de un muchacho sepan si su niño es más de ciencias, de letras o de llana y badilejo. Dos años más de escuela por cojones sólo sirve para que aprenda diez o doce formas nuevas de hacer pellas. Si con 14 no quiere, con 15 y 16 la cosa no va a mejorar mucho, palabrita.
Tan de sentido común parece la cosa que a ningún político le ha dado por plantearlo. Es más, ya tenemos a un ministro sugiriendo que la educación obligatoria debería prolongarse hasta los 18. Matemática básica: resten al número de parados actual el de jóvenes de 16-18 que buscan y no encuentran empleo. ¿Mágico, eh?
¿Creen que, si se lleva a cabo, examinar a quienes no tienen ni mijita de ganas de estudiar bajaría la media del curso? Se equivocan, amigos. Sólo sería necesario aplicar una ligera corrección pedagógica en la evaluación de los contenidos curriculares. Bajar el listón aunque para eso tengamos que escarbar un poco, vaya.
Que eso suponga un hara-kiri colectivo es lo de menos. En mi inocencia escolar, siempre pensé que el único que debería pasar de curso sería aquel que sacara dieces. Un 5 es la nota, más o menos, de aquel que domina la mitad de los contenidos. Quiero decir.
- Oiga doctor, que me he roto el brazo por cinco sitios.
- ¿El brazo? ¡Qué fatalidad! Es que yo las extremidades superiores las llevaba así-así. Pero vamos, que le hago una artroscopia en la rodilla en un pis pas, ¿eh? Que eso lo llevaba niquelao al examen.
El mismo Público que, desconozco si calibrando bien las consecuencias, ponía al aire las vergüenzas escolares que padeceremos en la vida real a no tardar mucho se desmarca hoy mismo con algo mucho más optimista:
“Los alumnos toman los mandos“. “Tuvimos que ayudar al profesor a encender la pantalla“.
De la serie: los chicos de hoy son la generación mejor preparada porque tienen muchos amigos en Tuenti. Con dos cojones.
En esta educación 2.0 que nos estamos dando entre todos, confundimimos la destreza con el conocimiento, la herramienta con la creatividad, el culo con las témporas. Cegados porque los niños de todo pelaje saben manejarse con un ratón mucho mejor que cualquier adulto, pensamos que con eso es suficiente. Ponemos ordenadores en todas las clases y la mayoría no lo ve como un medio, sino como un fin. Hemos olvidado que la pizarra, por bonita que sea, hay que llenarla de contenidos, y esos contenidos hay que llevárselos a casa, aprenderlos y sacárles todo el provecho posible. La pizarra se borra, los ordenadores se formatean, las redes se caen.
Lo absurdo del caso es que ignorar quién es Delibes es malo. Pero si se ingnora a través de de Internet, se habrá cumplido uno de los objetivos curriculares del curso. Y estaremos estúpidamente orgullosos de ello.
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Kotinussa
15 marzo 2010 at 20:08
Hasta ahora, los inspectores sólo insinuaban veladamente las cosas, pero viendo que las estadísticas van a peor, ya han pasado directamente a hablar claro.
Hace sólo unos días, un inspector reunió al claustro de profesores de un instituto donde da clases de Historia un antiguo profesor mío y les dijo sin cortarse un pelo, que en Secundaria tenían que aprobar a todo el mundo. Que ya aprenderían los que hicieran bachillerato. Que su misión en Secundaria era conseguir que los niños estuvieran tranquilos, relajados y contentos en el instituto, para que no hubiera casos de absentismo escolar.
Así de claro. Y no se le cayó la lengua a trozos a causa de la vergüenza después de esa parrafada.
antonio
15 marzo 2010 at 22:15
Impecable tu escrito. Es lo que padecemos día a día los que estamos en la cosa. De una u otra forma se nos insinúa que hay que aumentar el porcentaje de aprobados. Nada importa los conocimientos -cada vez menores- que tengan los alumnos, ni su pésima educación -que debería venir de casa-, ni su falta de respeto, ni, ni, ni… ¡Eso es lo de menos! Cada tres días y medio nos mandan un papeleo cansino en el que se corrige el papeleo anterior -y tiro porque me toca-, en aras de una mejora de la enseñanza que nunca llega. Parches, parches y parches.
Están convirtiendo los institutos en centros, yo diría, de reclusión, en donde todo vale y que parece ser que van encaminados, como tú dices, a quitar de en medio a los que lleguen hasta 18 años, que pueden dar problemas en la calle y en las estadísticas del paro, y meterlos obligatoriamente en los institutos.
A este paso, se nos cambiará el título de enseñantes por el de funcionarios de prisiones.
babel
16 marzo 2010 at 19:54
Te noto un pelín enfadado con el sistema; excesivamente, en mi humilde opinión.
Soy lectora compulsiva desde los 5 años pero conozco a Delibes solo de lejos. Claro que leí en su día “el camino” (lectura obligatoria, aunque reconozco que me gustó mucho), pero “el príncipe destronado” lo ví por la tele, al igual que “los santos inocentes”, “el disputado voto del Sr. Cayo” y alguno más, y, por supuesto, a Lola Herrera fui a verla al teatro. Pero hay que reconocer que es de otra época; no me extraña nada que los jóvenes de hoy en día no le conozcan ni les interese conocerle. Por cierto que mis hijos, que no son lectores compulsivos como su madre, ni mucho menos, llevan ya leídos muchos más libros que yo a su edad y por supuesto infinitamente más libros que cualquiera de mis compañeros de pupitre, que puede que hasta los quince no cogieran el primero.
Dices que las videoconsolas no tienen la culpa, pero reconocerás que tú, o jugabas al fútbol en la calle o leías tebeos en casa. Ellos no pueden jugar en la calle y en casa tienen “esas cosas” que son más divertidas que los tebeos. (He descubierto que mis hijos tienen una curiosa cultura general y una curiosidad sorprendente por algunas cosas raras, precisamente, a cuenta de las videoconsolas y los dibujos animados).
Dices que con BUP y COU íbamos mejor. ¿No te estarás haciendo viejo? Es que esa es la frase que siempre decían mis abuelos. Mira, estoy de acuerdo en que obligar a los chavales de 15 y 16 años a seguir en el insti no resuelve el problema, pero si no pueden trabajar, reconocerás que algo hay que hacer con ellos, aunque yo también pienso que esta no es la solución: deberían buscar otra.
Y hablando de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, tendrás que reconocer que con los nuevos medios se apañan bastante mejor que nosotros y, a fin de cuentas, eso es el futuro, eso tienen que aprenderlo. Si necesitan saber quien fue Delibes, les basta con entrar en Google o en la Wikipedia. Y yo no sé si esto es mejor o peor, supongo que el tiempo lo dirá, pero nosotros teníamos la cabeza llena de datos porque no podíamos hacer otra cosa: no podíamos acudir a una enciclopedia en cualquier momento. Ahora, soy yo misma la que acudo a “San Google” para todo y abarco bastante más que antes, aunque solo sea porque antes, muchas veces, tenía que quedarme con la duda, por no poder acceder en el momento a determinada información.
Te quejas de que tienen muchos amigos en Tuenti, ¿no era que quien tiene un amigo tiene un tesoro? Entonces mis hijos son multimillonarios. A mis compañeros de cole, de insti, de uni, les perdí la pista, y me da mucha pena. A mis hijos no les pasará. No veo la desventaja de esto.
Y no me enrollo más porque aún me queda contestar a Antonio, que lamento por él que su profesión ande así de mal, pero más lo lamento por mí, porque de su profesión, más que de ninguna otra, depende mi futuro.
Ahora, que cuando yo llegué a la docencia (como madre, claro), hace apenas 8 ó 10 años, la situación ya estaba mal. No sé que puedo hacer yo, salvo seguir insistiendo en el respeto, sobre todo a los profesores. Y dentro de unos pocos años me iré y ahí se quedarán ustedes con sus problemas. No creo que sea yo quien deba (ni mucho menos pueda) solucionarlos, sino que son ustedes, los que deben exigir al Ministerio lo que ustedes crean necesario, porque son ustedes los que saben de esto. Nosotros, los padres, solo sabemos lo que ustedes nos cuentan, porque si lo que conocemos va bien, con normalidad, entonces pensaremos que todo es perfecto y que se quejan ustedes de vicio.
Sólo si tenemos muy mala suerte conoceremos los problemas de primera mano, y en este caso, estaremos tan centrados en nuestro problema que no estaremos en situación de colaborar con ninguna otra causa.
No obstante, esto es sólo una opinión, la mía. Saludos
antonio
16 marzo 2010 at 23:45
En respuesta a “babel”
Se ve a lo lejos que ni usted ni sus hijos tienen idea de lo que es una enseñanza pública, y no es porque desdiga de ella-¡ojo! – Yo estudié y trabajo en ella, mis hijos estudiaron en ella y aquí estamos.
Se ve a lo lejos una incoherencia total en lo que dice: ¿Cómo siendo lectores compulsivos no conocen a D. Miguel Delibes? ¡Ah, ya! ¡Es que es de otra época! ¡Claro, ahí está! Ahora entiendo porqué me costaba tanto trabajo estudiar las obras de Quevedo, Cervantes, Lope, Góngora y tantos otros… ¡es que eran de otra época!
Por último decirle que siento verdadera pena de sus multimillonarios hijos, que a través de una máquina son capaces de contactar con el mundo exterior. ¿Por qué no prueban a ver el mundo real?
babel
17 marzo 2010 at 3:25
Don Antonio, perdone que le disculpe, pero no ha dado usted ni una.
Mis hijos y yo, lo que no conocemos en absoluto es la privada. Somos de pública de principio a fin y encantados con ella. Pero es que nosotros vamos con el respeto y la responsabilidad por delante y nunca jamás hemos tenido ningún problema, mis hijos no dan problemas y “alcanzan los objetivos”, que creo que son los mismos que en la privada. Pero reconozco que no sé mucho de educación, yo la veo desde fuera, con la tranquilidad de las cosas que van bien. ¿Suerte? Puede. Y espero que me dure.
Lo de conocer a Delibes por lecturas obligatorias, pues igual que usted tuvo que “estudiar” a Quevedo, Cervantes, Lope…. Esa es la idea. Aunque hay algunos clásicos como Quevedo o el Quijote, que se recomiendan para leer por la noche, mientras que Delibes, Góngora, la Celestina, por ejemplo, no son de los que te dice un amigo “léete este, que te va a gustar” y menos un amigo quinceañero.
Y lo del millón de amigos de mi hijo: tiene sólo doce años y el viernes sale con sus amigos de clase, el sábado con los del fútbol y el domingo con los del parque. Si se lo encuentra, por favor, no le anime a hacer más amigos reales, que me voy a arruinar en cumpleaños.
En el tuenti, tiene a todos esos, más los amigos de sus amigos, más los amigos de sus primos, más los primos de sus amigos… Perdone que le disculpe, pero no tiene usté ni idea de lo que es el tuenti.
Yo lo único que digo es que quizá esto no sea tan malo, que quizá tenga sus partes positivas. El tiempo lo dirá.
Un saludo, don Antonio.
Antonio
17 marzo 2010 at 9:12
babel:
Quizá sea su propio seudónimo el que me haya inducido a “confusión”.
De todas formas la felicito por esa maravillosa familia que tiene y les deseo que sigan en esa línea.
Un saludo.