Un político no es una persona, es un personaje de ficción. A lo que cada uno lleva encima, luego se le suman seminarios para aprender a expresarse, argumentarios de partido, discursos milimetrados, asesores de vestuario, dicción y aspecto corporal. La barba de Rajoy es motivo permanente de debate. Un tomate es un tomate, pero si lo molemos y le añadimos aceite, ajo, cebolla, pimiento, pepino y sal, el asunto acaba siendo un gazpacho de mucho cuidao. Y nosotros conocemos al gazpacho. Sólo muy de vez en cuando, las verduras asoman la patita. Y se monta una escandalera tremenda. Normal, ¿quién iba a pensar que Rajoy es un insumiso convencido o Zapatero un enamorado de lo ruso más allá del caviar? ¿Quién que Aguirre o Pacocamps podrían ser los protagonistas de un remake del clásico Sole, que te meto con el mechero? El último en dejar las cosas claras ha sido Aznar.
Josemari fue recibido con cierta mala leche por unos cuantos alumnos de la Universidad de Oviedo. Y claro, entre que el hombre está, melena al viento, de vuelta de todo y que, por mucha turmix que lleve encima, cada uno es como es y se acaba notando, su argumento más contundente es hoy portada de todos aquellos medios a los que la agenda real no les parece un acontecimiento constante. Les presento a un señor que durante 8 años mandó más que nadie en esta, Mispaña:
Anzar en estado puro. Josemari en la intimidad, como cuando habla catalán. Nos ha faltado tiempo para buscar otros grandes momentos del estadista. Del milagro español, ¿recuerdan? Porque por mucho que hayan querido pulir sus modos y maneras, en el fondo, él sigue siendo ese Cid Campeador que nunca debió salir de Valladolid.
Aznar, cuando le quitan las correas (guiño, guiño), es este tipo campechano al que le das un poco de carrete y te deja claro que en el fondo no es tan distinto del gañán typical spanish al que Manolo Escobar describió con una sutileza envidiable:
Viva el vino
y las mujeres, claro.
Pero Aznar no es el único que, de vez en cuando, nos permite ver que más que político es, ante todo, un persona humana. Otro que sin correas (hoy estoy que me salgo) nos enseñó su cara afable y dicharachera fue Pacocamps:
No no, ven y cuéntamelo. Que eso no me lo dices en la calle, literalmente. Un fino estilo que no conoce de ideologías. Cuando a un político o asimilado le tocas los huevos (y la sensibilidad genital es muy variable) puede ser que se quede con tu cara:
No siempre tenemos tanta suerte y, en ocasiones, para conocer a ese hombre (o mujer) que se esconde tras el político necesitamos que el azar o la torrija de algún técnico de sonido se dejen un micro abierto. Ahí con la guardia algo más baja, la realidad se nos pone delante a calzón quitao.
¿Hijoputa dices? Sí, a la presidenta de la Comunidad de Madrid sus rivales le merecen esa altísima estima. Más o menos la misma que al patriota Rajoy los desfiles militares:
coñazo.
1. m. coloq. Persona o cosa latosa, insoportable.
Pero, ojo, que también se puede aplicar a Europa:
En el fondo llevan razón. Europa no vale un carajo mientras no nos permita echarle mano a alguna rusa:
Como diría un caballero con ciertos problemas de ubicación latinoamericana,
los ves de lejos y desconfías, pero es que te acercas y la cosa manda huevos.
Dale un meneo, si eso ->



