Este post es fruto de la casualidad. Ayer, en mitad del curro, me referí a una de las informaciones que llevábamos como “el Neira de Valencia”. Economía del lenguaje, conversación entre compañeros y referencia a una noticia en cuyo desarrollo final, obviamente, no aparecería ni una mención al profesor madrileño. Con toda justicia, alguien me preguntó que si el de Valencia también iba a ser contertulio de Intereconomía. La casualidad es que esta mañana, ojeo la prensa y me encuentro que no es que yo hablara así en petit comité, sino que hay otros que según escuchan que un tipo se ha metido al medio en una situación de maltrato, le ponen el título de Neira. Como si le estuvieran haciendo un favor, supongo.
La primera alerta me la ha dado Menéame. Allí, la noticia de un señor inmigrante (de esos que también palman por la bandera de España) que se ha llevado tres mojás por defender de su pareja a una de sus trabajadoras no va a llegar a portada en su puta vida porque el titular es “Otro caso Neira. Herido grave por defender a su mujer“. Y miren que no suelo estar de acuerdo con los guardianes de la llama que en esa web votan “amarillista” un post que denuncia amarillismo. Pero esta vez tengo que darles la razón. Quién colgó la noticia querría darle relevancia. Pues bien, le ha salido el tiro por la culata.
Pero no es sólo que un amateur, o un profesional ejerciendo de amateur, titule así la cosa. La Razón o el siempre riguroso ABC, no se cortan y hablan de “un neira chino” con una alegría digna de algo más de rigor. Se ha convertido en un clásico: del más o menos numeroso grupo de hombres que reaccionan con más entereza de la que seguramente tendría yo delante de un cabrón con navaja, en el imaginario común se ha quedado Jesús Neira como campeón de la justicia.
No sólo es que su agonía fuera retransmitida prácticamente en directo para toda España, además, es que a algunos les faltó tiempo para utilizar políticamente el asunto. Si da votos es bueno. Y por arte de birlibirloque, me convirtieron al buen señor en todo un presidente del Consejo asesor del Observatorio Regional de Violencia de Genéro de Madrid. Vamos, como si yo socorro a las víctimas de un accidente y me hacen director general de Tráfico.
A lo mejor no estaría de más llamar a las cosas por su nombre. Y si consideramos que un ser humano se ha jugado el pescuezo por una buena causa, le ponemos la etiqueta de héroe y ya tenemos otro más dentro del santoral laico. Lo otro, aunque sea la solución más rápida y cómoda, sólo hace confirmar que la vida es ese reality en el que a veces no hay cámaras grabando.
Menéalo, y cada palo que aguante su vela ->