RSS

El márketing de la amenaza

22 dic

Con la Lotería de Navidad pasa como con los Reyes Magos. Uno se pega la infancia asociando a ambos conceptos mercantiles un mundo mágico y luego, de mayor, acaba pagando las consecuencias. Los Reyes significaban que te ibas a pegar un atracón de regalos de no caberte en los ojos. El soniquete de los milloooneeesdepeseeeetaaaas de cada año, te ponía en trámites de empezar tres semanas de vacaciones. Casi na. Luego la cosa pasó de pesetas a euros y eso no hay dios que lo canturree con decencia, pero esa es otra.

El caso es que cada año que pasa lo pone a uno más lejos de los regalos que caían del cielo y más en medio de la tarjeta de crédito pidiendo clemencia el día 5 de enero, después de un par de semanas sobrecogedoras. Con la Lotería, el canturreo supone que, a poco que el asunto sea normal, vas a acabar el día rompiendo unos décimos que te han costado una pasta.

Porque uno va de racional por la vida, la banca siempre gana, los juegos de azar son una esperanza inútil y todo eso; pero hace un rato, repasando con Misanta, acabamos de contarnos 120 eurazos como 120 soles en Lotería. Con crisis y con hostias, los españolitos nos hemos jugado en Lotería de Navidad más de 2.700 millones de euros. Lo que Greenpeace le pide al Gobierno para luchar contra el cambio climático, la cantidad necesaria para sanear Opel, lo que la UE destina a cooperación con Latinoamérica. Ea, vayan ahora a pedir puerta por puerta ese dinero para tan nobles fines y luego me hacen un croquis de dónde les han mandao.

Sí, me dirán que ese es el precio de la ilusión, de que esta noche nos vayamos a la cama siendo un poquito menos pobres, con la hipoteca pagada, en mitad del viaje de nuestros sueños, sin acordarnos de cuándo acaba un mes y empieza otro. Pero no. 2.700 millones de euros es el valor de la envidia en esta, Mispaña.

Que levante el dedito el que haya comprado más de un décimo sólo con las palmeras de Cayo Coco en el horizonte. ¿Nadie? Porque igual resulta que lo que compramos con la Lotería de Navidad no es la posibilidad de que nos toque, sino la de que no le toque al vecino y nosotros con cara de imbéciles.

La Lotería de Navidad no necesita calvos, ni anuncios espectaculares. Es un negocio que funciona solo. Si en bares habituales y centros de reuniones el miedo a pasar a la historia como Paco, el bobochorra que no llevaba ni una participación, ya sirve de estímulo, en el trabajo su efecto es demoledor. El márketing de la amenaza hace que todos los miembros de una organización laboral, sea cual sea su credo, ideología y costumbres alimenticias acaben llevándose al menos un decimito para casa.

Porque el día a día de no ser millonario se hace jodido, doy fe. Pero el día a día de saber que Fulanito el trepa sí lo es gracias a un décimo cuya compra despreciaste durante meses, debe de ser uno de los dolores más terribles que un alma padecer pueda.

MenéaloDoscientos millooooones de Meneeeeeeeeeos  -> 
 
1 Comment

Publicado por en 22 diciembre 2009 in Perdiendo el tiempo

 

Etiquetas: , ,

Una Respuesta a El márketing de la amenaza

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 939 seguidores