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Fauna y flora de la pista

16 dic

Por motivos que no vienen al caso, o sí, pero me da lo mismo, todos los días me meto entre pecho y espalda casi 200 kilómetros en mi Ferrari F430 Spider. Bueno, no exactamente… Kilómetro tras kilómetro, aprovecho para escuchar la radio, ordenar la cabeza, hablar por el manos libres, planear algún post o tener pensamientos impuros, según me dé. Eso, mientras esquivo a la panda de abencerrajes que la DGT parece tener en nómina: no hay día sin que tenga que evitar a alguno de ellos.

Está el transportistaamodelapista, un clásico: ese hombre que siempre tiene mucha prisa, que se sabe sus caminos diarios de memoria y que piensa que Fernando Alonso debería llevar la L. Cuando ves una C15 por el retrovisor a 500 metros, ya asumes que vas a tardar un par de segundos en verla al lado y décimas en tenerla delante. Eso, cumpla o no cumpla la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos. Por un motivo todavía en investigación, el ojo del transportistaamodelapista decodifica lo que se le presenta delante: en concreto, elimina de su visión todo aquello que tenga ruedas para que cerebro reciba la carretera absolutamente vacía.

La versión 2.0 del transportistaamodelapista es el transportistaconcamión. Salvo contadas excepciones, no sólo posee todas las características anteriores, sino que, además, lo hace con dos cojones: o te apartas o te piso. Su uso del intermitente es inversamente proporcional a la hostia que te puedas pegar contra ellos. Si los tienes lejos y controlados, te anunciarán la maniobra con una educación versalleca, si los estás adelantando a 130, ten por seguro que decidirán invadir el carril izquierdo sin previo aviso. El transportistaconcamión también tiene prisa, pero el cacharro no le da, así que ahoga su frustración de ser adelantado hasta por un triciclo cuando puede pasar a cualquier otro pedazo de cacharro que vaya un par de kilómetros por hora más lento que él. La escena es hasta tierna: camionaco de piedras a 84 km/h arrastrándose por el carril derecho, 8 ejes de vigas de hormigón por el izquierdo haciéndole una pasada épica a 86 km/h. Si la madre naturaleza te pone la maniobra justo delante, acabarás memorizando hasta el número de teléfono del carrocero.

Más esporádico, aunque haberlo haylo, es el torrijallevorrediós. Se trata de un individuo al que le da exactamente igual ocho que ochenta. Él va a su bola, con las luces encendidas en un día de pura primavera, sin encenderlas en su corcel negro así sean las doce de la noche con una niebla infernal. No es maldad, es sólo que no se entera. En estados muy evolucionados, este individuo es capaz de hacerse 20 kilómetros con una rueda trasera reventada y pensar que los demás le dan luces, le hacen gestos y le pitan porque hoy se ha puesto la camisa nueva y bien reguapo que va.

Otro imprescindible es el abuelosisabréyo. Él aprendió a conducir cuando los coches se arrancaban con manivela, así que no vayas tú a decirle ahora que está un poco torpe. Si lleva un parato más o menos nuevo, malo porque se lía. Si el abuelosisabreyó es abuelosisabréyofetén y va en su Simca 1200, peor: la versión pata negra del abuelo no conoce Dios. Usará los dos carriles indistintamente, irá por camino de cabras o autopista de peaje, pero siempre a 80 en cualquier caso. El hombre es un animal de costumbres. Si de normal son un peligro público, en una rotonda el espectáculo es para pedir palomitas y coca-cola grande: las posibles combinaciones entre el carril por el que entrará, aquel por el que saldrá y aquellos que dicen las normas de tráfico son como el espacio sideral, infinitas.

No me quiero olvidar del eloso, en sus dos posibilidades: la elosoprudente, que no adelantará aunque tenga delante un tractor y tres carriles libres a su izquierda y el elosovivalavida:

- Tengo un ibiza to guapo y un pedazo de musicote puesto, ¿necesito algo más para recorrer el mundo?

- Sí, amigo, un poco de pericia con la cosa, pero eso igual lo tienes que aprender en décimas de segundo: entre que te das cuenta del error y te estampas.

En categoría aparte, porque es combinable con todas las demás, está el equilibristamesobranmanos: habla por teléfono, se enciende un cigarro, sintoniza la radio, ajusta el retrovisor y cambia de marchas todo así, de golpe. Cómo consigue que el coche se mantenga más o menos derecho es un misterio de la naturaleza. Eso sí, ni se te ocurra frenar delante, porque el volantazo lo tendrá que dar con el tobillo izquierdo, y no siempre lo tiene desocupado. El equilibristamesobranmanos va tan confiado de sus capacidades que cuando lo para la Guardia Civil para darle una leve lección de anatomía (dos manos-un volante) se lo toma hasta con humor. La conversación es real, lo juro:

- Oiga, caballero que lo llevamos siguiendo medio kilómetro y ha incumplido usted una docena de normas de tráfico, esto van a ser 6 puntos menos.

- ¿Seis puntos? Ay, seis puntos. Con seis puntos estaba el Atleti metido en la zona UEFA.

Si es que, como dice Mimadre, no pasan más cosas porque dios no quiere.

MenéaloMenéalo sólo después de poner el intermitente  -> 
 
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Publicado por en 16 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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