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Un cachito más de revolución

04 dic

¿Seguimos haciendo historia o qué? Internet ya tiene su conquista de la luna, su 23-F, su 13-M. Ese día en que el medio se convierte por derecho propio en el mensaje. Enhorabuena a los premiados (Dans, Escolar, Berlín, Cervera y todos los demás), ellos encendieron la mecha de una revolución que hizo pasar al Gobierno del estoesloquehay al delodichoná en poco más en 24 horas. Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia, fueron necesarios seis meses justos (del 17 de abril de 2002 al 17 de octubre de 2002) y una huelga general para tumbar el decretazo. La vida acelera cosa mala. Mirábamos con envidia la importancia que tuvo internet (se ha ganado por derecho propio la minúscula, de nuevo invento a vida cotidiana) en la elección de Obama y el 2 de diciembre de 2009 la política española ha descubierto que la red es algo más que abrirse un Facebook, un Twitter unidireccional y hasta un Secondlife cuando quedan semanas para las elecciones. Bien, coño, bien.

Sí, fue un día intenso. De las protestas iniciales al z(p)asentodalaboca que se llevó Sinde, la red española era un bulle bulle de entradas, meneos y comentarios. Casi todos en la misma dirección: indicaciones, croquis y consejos al Gobierno sobre cómo introducirse una reforma legal por el lugar donde los pepinos se vuelven amargos.

El manifiesto se convirtió en las tablas de la ley. Repetido de blog en blog sin matizaciones, en muchos casos (en otros muchísimos sí, ojo) sin un mínimo análisis. La misma aceleración de las cosas que da la red, esa que es tan buena en mucha ocasiones, también tiene estos efectos. En menéame (una fantástica plataforma de promoción para un blog, por otra parte) votar mucho sube el karma, el riesgo de acabar votando una noticia (o un texto) por el titular y la entradilla es enorme.

¿Quién comprende que un ministro reciba a 2500 firmantes y no a 275.000? (3915 meneos) ¿Quién puede estar en contra de Los derechos fundamentales en internet? (3522 meneos) ¿quién a favor de la censura? (2899 meneos) ¿quién no dejaría sólo a un Gobierno que defendiera estas aberraciones? (2323 meneos). La historia sin letra pequeña es incontestable, pero a algunos nos ha parecido que el manifiesto sí tenía letra pequeña o, más bien, interpretaciones poco razonables.

Una reivindicación de sentido común (y que dicho sea de paso, apoyo completamente) también sirve para que acoger a una multitud (a los comentarios de medio mundo, entre ellos Fontdevila, Manolo Saco, Wardog y Meneame, me remito) que más o menos indignada por el rollo de la tutela judicial, realmente lo que va es al turrón: las descargas ni me las toques.

Hay nuevos mantras: la copia privada la bajó Moiseis del monte Sinaí. Los artistas, a dar conciertos, que son unos flojos (aunque los conciertos de un escritor sean como los de Aute, un coñazo). La cultura es libre, libre en inglés es free, free en español es gratis ¿hay que explicarlo otra vez? Y así.

Luego, justificamos como copia privada el juego que nos acabamos de bajar, by the face, del emule. La uso yo, ¿no? pues es privada, qué cojones. Si acaso alguien plantea que eso es tener un morro bastante importante, ya diremos que es perfectamente legal porque lo dice una sentencia ya que no hay ánimo de lucro (cómo molan los jueces, cuando molan) y además, le echaremos al canon la culpa hasta de la muerte de Manolete. El canon, ese pan para hoy y hambre para mañana que la SGAE se ganó a pulso. Lo del hambre, digo.

Cualquier discrepancia será abatida sin compasión con comentarios, negativos y todo lo que se nos ocurra. ¿Cómo se atreven a tocar un derecho básico, que es el de tener el disco de Bisbal, ay madre, por la cara? Los artistas, salvo esos que molan y me regalan sus creaciones (porque viven de otra cosa, claro) son unos fascistas que pretenden pagar las facturas de sus enormes chalets, su cena semanal en el Bulli y un nuevo Porsche para su colección a costa de los demás, que somos pobres. Cualquier otro matiz no da un buen titular, luego se descarta.

Y a mí me ha dado por matizar. Para que la revolución sea completa, molaría llegar a una normativa que todos, autores y usuarios, consideremos justa. Pongo aquí unos cuantos y suplico sugerencias, correcciones, matices:

1. Lo de cortar el acceso a una web sin autorización judicial es una aberración que no merece ni discutirse. Se elimina y punto pelota.

2. La SGAE ha demostrado con creces no ser la herramienta más útil para gestionar los derechos de autor de los artistas. Cambiemos el modelo por uno público.

3. El canon criminaliza injustamente a todos los usuarios por un delito futurible, acabemos con el canon.

4. El autor de bienes culturales tendrá derecho a cobrar por su producto lo que estime conveniente durante los años que salgan de un oportuno consenso. Si no quiere cobrar, pues tan rebién. El gato es suyo, es más, él ha creado al gato.

5. La diferencia entre libre y gratuito tampoco requiere demasiada explicación. Los autores contenidos culturales tienen que comer y lo de los conciertos no es aplicable a todos los casos. Llevada al extremo, la cultura gratuita sólo producirá cultura amateur. Y no siempre es tan brillante como los ejemplos que todos tenemos en la cabeza.

6. Los internautas asumiremos responsablemente la diferencia entre copia privada y piratería de parche en el ojo. Copiar un disco en casa para escucharlo en dos coches a la vez y tener tres discos duros de a terabyte con música, libros, pelis y videojuegos cuya autoría intelectual nos hemos pasado por el forro de los cojones son cosas que ni se parecen.

7. Todos estos mandamientos se resumen en uno: todas las partes aplicaremos el sentido común y no el cinismo y la cara dura (no, Rosarillo no se está muriendo de hambre) y así todo cristo tan contento.

¿Seguimos haciendo historia o qué?

MenéaloMenéalo, que el cuerpo me pide comisaría  -> 
 
5 Comments

Publicado por en 4 diciembre 2009 in Y todo lo demás

 

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5 Respuestas a Un cachito más de revolución

  1. O profundador

    5 diciembre 2009 at 17:16

    ¿Sentido común? Mucho me temo que a algunos se les han acabado las provisiones:

    http://www.publico.es/ciencias/275690/descanse/paz/constitucion

    Por lo demás, hay una pregunta que no deja de rondar por mi cabeza desde que empezó todo este asunto. Puestos a criticar a González-Sinde (y a sus predecesores), ¿por qué no criticarla por el subdesarrollo del proceso de digitalización del fondo histórico de la BNE? Y es que cuando uno compara esto

    http://bibliotecadigitalhispanica.bne.es/R/

    con esto

    http://gallica.bnf.fr/

    no puede impedir que se le caiga el alma a los pies… Cierto es que, a cambio, tenemos una Hemeroteca Digital (http://www.bne.es/es/Catalogos/HemerotecaDigital/) verdaderamente maravillosa, y… Aunque, pensándolo bien, no sé por qué me pongo a hablar de estas cosas. En esas oscuras páginas no se puede descargar los “taquillazos” del mes pasado, de modo que no interesan. ¡En fin!

    P. S.:

    Le felicito sincerísimamente por este “post”, y por todos los demás. No siempre estoy de acuerdo con usted, pero leerle es un placer.

     
  2. O profundador

    5 diciembre 2009 at 23:59

    Por cierto, ya puede usted sumar un nombre más a la relación de blogueros que no simpatizan con el manifiesto:

    http://larealidadestupefaciente.blogspot.com/2009/12/derechos-fundamentales-del-movimiento.html

     
  3. ender wiggins

    7 diciembre 2009 at 16:51

    mmm. interesante. Y lo digo porque este argumento sobre lo ético o no de descargarse contenidos de internet sirve de igual manera para decir que “no es ético prestarle un cd a un amigo”. Incluso las bibliotecas parecen entrar dentro de lo que podría no ser ético (y las asociaciones de autores ya les han intentado echar el diente más de una vez)

    El problema de fondo no reside tanto en qué es ético o no para unos y para otros, sino en el alcance real del “daño” que hacen las descargas. En si es cierto ese mantra que repiten unos:

    “¡¡yo me lo descargo todo. que os den, autores, la cultura debería ser gratuita!!”

    o ese que repiten los otros:

    “la gente se lo descarga todo y no compra nada. Cada descarga es una compra perdida”.

    Basta mirar un par de estadísticas de crecimiento del cine y un par de estadísticas sobre hábitos de consumo para ver que ninguna es cierta, que no es tan sencillo. Que hay mucha gente que consume incluso más que antes y se descarga bastantes cosas. Y que de extremos viven, solo, los extremistas. Y que desgraciadamente, esos extremismos están consiguiendo que la gente identifique “derechos de autor” con SGAE y haciendo que la gente crea que está en su derecho a no pagar nunca.

    Una de las cosas que más me sorprendió de este tema fue la exposición de David Bravo de porqué a la industria no le gusta internet; por esa bidireccionalidad y esa dispersión de gustos que hace más ineficiente su publicidad… las distribuidoras quieren convertir esto en una discusión entre extremos, cosa que es predecible, dado que sus métodos no son menos extremos… pero…¿debemos dejarles que se salgan con la suya?. Yo creo que no.

    Y sinceramente, seguiré yendo al cine, comprando libros (no compro música, nunca he sido muy de música y con el spotify tengo de sobras)… y descargando. Mientras me dejen, claro. Y no me da ninguna vergüenza decirlo ni proclamarlo. Igual que no me da vergüenza decir que voy a las bibliotecas muchas veces en vez de comprar libros, ni me da vergüenza decir que pido comics prestados a mis amigos… es lo que hay.

    Un saludete

     
  4. Anna

    7 diciembre 2009 at 19:55

     

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