Una de las palabras que peor utilizamos los periodistas, y utilizamos muchas muy mal, es presunto. Dado que en la Facultad se estudia el Derecho de la señorita Pepis, uno escribe “detenido un ciudadano por la presunta muerte de otro” y ya puede tener delante la foto de ese otro acribillado a balazos, que se queda tan ancho. El caso es presumir.
Claro que lo contrario tiene peor arreglo: el día en que nuestro avezado plumilla decide que lo de tanto presunto es cogérsela con papel de fumar, se calza la toga sin que se le menee el bigote. A ver, que pase el condenado, decía el juez de la deliciosa anécdota escondida en este texto. Cuando eso lo hace la dirección de un periódico centenario, pasan cosas como esta:
La mirada del asesino de una niña de tres años. Con un par. El mismo que le falta a ABC para mantener colgada la imagen. En este minuto, está sacada del fabuloso Kiosko.net porque no aparece en el servidor del periódico. Las portadas de los días 26, 27, 29 y 30 de noviembre, las encontrarán sin problemas. El mismo día en que abren un blog para sacar pechito por más de un siglo de archivo, tienen que esconder las vergüenzas de esta semana. Qué cosas tiene la vida. Pero qué cosas (Jessica Fillol lo había visto antes).
Tantas cosas, que hace un ratito, el director del periódico ha tenido que salir en su videoblog a pedir disculpas (bueno, ellos en principio decían discuplas, fíjense en la url, si es que cuando el día se tuerce…) Un comunicado en el que Ángel Expósito se hace la picha un lío con las presunciones y las falsedades, en el que reparte un poco de mierda para todos los medios y en el que acaba diciendo que el fallo de su periódico es de esas cosas que pasan.
Se fiaron, dice Expósito, de un informe médico y de sus fuentes policiales. Con todo, seguro que de lo que más se fiaron fue del aforismo más dañino de la historia del periodismo universal: no dejes que la realidad te joda un buen titular.
La rectificación de Expósito llega tarde. En concreto, casi tres días después de que su propio periódico hiciera lo mismo con la boca pequeñita. Tan pequeñita que apenas cabía por ella un cañamón. Según cualquier manual de ética periodística, una rectificación ha de tener la misma relevancia que la cagada. Pues bien, en la primera del 29, un leve recuadro ya decía que el cruel asesino de un día antes, esa mañana era la víctima de un error. Del error de un informe médico. Que bueno es que haya niños en casa para echarles la culpa de todo.
Porque al joven, no me salgo de ABC, se le culpó de la muerte de la niña, así, en impersonal. Como si ellos no hubieran tenido nada que ver en la cosa. Puestos a eludir responsabilidades, el más divertido es Juan Manuel de Prada, este fulano que aspira a ser umbral y hace tiempo que todos menos él sabemos que se quedó en acera. De Prada no se corta: la culpa es de la sociedad cretinizada y los políticos, que esos siempre está bien que se lleven alguna colleja.
Hasta ahora creía que la bendita libertad de prensa (que nos hemos dado entre todos) lo mismo servía para amparar los desmanes de mi amiga Samanta, que las tropelías de Federico o el circo grimoso que cada semana montan en Sálvame de donde estés, corazón. Ahora también sé que sirve para condenar sin juicio y que salga gratis. Bueno, sólo a cambio de un mal ratito delante de una cámara para echarle la culpa a todo en general. ¿Qué son menos de dos minutos de bochorno por una foto pelín incorrecta comparados con la de periódicos que hemos vendido?
ABC cultivará preferentemente la información gráfica, haciéndola objeto de especial cuidado para ofrecer en ella cuanto pueda interesar al público.
Es del manifiesto fundacional de la cosa, primera página del primer número de su historia. Por si Ángel Expósito, o cualquier otro, no hubieran tenido tiempo de leerlo todavía con tanto ajetreo.
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