Visto en Las Penas del Agente Smith
Archivo mensual: diciembre 2009
Alergia de la de verdad
El cuerpo tiene estas cosas. No es ni el primer año, ni siquiera el segundo que me pasa. Entre que los ninios certifican que sigo sin ser millonario y el langostino pertinaz sale de la cocina siempre se acaba desatando una fuerza cósmica que me deja hecho una pena. No hay día 23 de diciembre desde que el mundo es mundo que no me pase en pijama, arropado por una mantita, tirado en el sofá o arramblao delante del ordenador, con un calcetín puesto y otro a medio quitar y los ojos entrecerrados pegándole sorbitos a algún berbistrajo caliente. Se puede tener una pinta más indigna, seguro, pero ahora mismo no se me ocurre cómo.
Lo de que soy alérgico a la navidad en mi caso no es un tópico, visto lo visto es una evidencia médica. Debo de tener alguna glándula cabrona por ahí que, según se iluminan las calles, se pone a dar porculo. Será algún mecanismo de defensa: en lugar de deprimirme profundamenta al ritmo del jingle bells, me pongo malo. No hay manera de estar triste cuando intentas controlar un moqueo catarático.
Igual es un rollo asperger de esos y lo que pasa es que carezco de cualquier tipo de empatía, sobre todo si es navideña. La felicidad obligatoria así se te haya muerto el gato o tu equipo se arrastre por los confines de la liga, me pone de una mala leche que no les quiero contar. No acabo de entender eso de sonreir y mostrar buenos deseos con todo cristo sin haber fumado nada. Si un doce de junio, martes, la vida de Fulanito me importa una higa, socialmente soy un tipo normal y con unos respetabilísimos intereses. Si a veintitantos de diciembre la indiferencia no ha cambiado en exceso, lo mío ya es de monstruo comeniños. Amabilidad por calendario, se llama.
La navidad mola hasta que uno se da cuenta de que los reyes son los padres. Bueno, más bien, hasta que uno le dice a sus padres que se ha dado cuenta. Lo cual suele ocurrir un par de años más tarde, no sea que si saben que lo sé se joda el invento. A partir de ese momento, y dado que Cortylandia ya no es lo que era, uno de los principales cometidos de estos días es peregrinar de centro comercial en centro comercial buscando regalos para todo cristo. Un follón en el que nunca aciertas porque si a alguien le gusta mucho algo, lo tiene. Y si no lo tiene, probablemente no le guste tanto.
El resto del tiempo, te lo pasas de comida en comida, de cena en cena, como si el día 7 de enero fuera a llegar otra posguerra. Normal que muchos de esos días acabes con una melopea de pronóstico reservado. Total, si estás en casa, la que sea, malo. Y si sales a la calle, peor: pese a lo que digan estadísticas plenamente falseadas, el día 31 de diciembre en los bares de toda España sólo se consumen 12 litros de whisky. El resto son productos adulterantes para hacer garrafón.
Así que, entre unas cosas y otras, la navidad es esa época en la que, al menos dos días pasan como en una nebulosa. Los jugos gástricos luchando por salir del barco hundido de tu estómago mientras tú peleas por comer un bocadito más de cordero. Sólo uno. Que te lo han hecho con mucho cariño.
Una época en la que haces cola hasta para ir a mear en casa. Las cuentas entre catorce personas, 53 metros cuadrados y un solo baño no suelen salir bien. Colas para pagar los regalos, colas para comprar el marisco porque otro año más no has hecho caso a quienes te dijeron que lo congelaras.
Colas hasta para ir al cine. Porque a día uno o a día 25, a las seis de la tarde la situación se empieza a hacer tan insostenible que cualquier cosa que te ofrezca un par de horas de evasión se convierte en la tierra prometida. Si de normal, una sala de proyecciones puede convertirse en una tragedia, en navidad y año nuevo la paciencia tiene que alcanzar cotas épicas para que la cosa no acabe en comisaría.
Igual lo del cuerpo es una señal y yo me empeño en despreciarla a base de medicamentos. Un año de esto me dejo ir y no me tomo nada. Sólo por comprobar si, como sospecho, estaré al borde de la muerte hasta la mañana 7 de enero, momento en el que me levantaré hecho un pincel como si aquí no hubiera pasado nada.
Menéalo, fun fun fun ->
El márketing de la amenaza
Con la Lotería de Navidad pasa como con los Reyes Magos. Uno se pega la infancia asociando a ambos conceptos mercantiles un mundo mágico y luego, de mayor, acaba pagando las consecuencias. Los Reyes significaban que te ibas a pegar un atracón de regalos de no caberte en los ojos. El soniquete de los milloooneeesdepeseeeetaaaas de cada año, te ponía en trámites de empezar tres semanas de vacaciones. Casi na. Luego la cosa pasó de pesetas a euros y eso no hay dios que lo canturree con decencia, pero esa es otra.
El caso es que cada año que pasa lo pone a uno más lejos de los regalos que caían del cielo y más en medio de la tarjeta de crédito pidiendo clemencia el día 5 de enero, después de un par de semanas sobrecogedoras. Con la Lotería, el canturreo supone que, a poco que el asunto sea normal, vas a acabar el día rompiendo unos décimos que te han costado una pasta.
Porque uno va de racional por la vida, la banca siempre gana, los juegos de azar son una esperanza inútil y todo eso; pero hace un rato, repasando con Misanta, acabamos de contarnos 120 eurazos como 120 soles en Lotería. Con crisis y con hostias, los españolitos nos hemos jugado en Lotería de Navidad más de 2.700 millones de euros. Lo que Greenpeace le pide al Gobierno para luchar contra el cambio climático, la cantidad necesaria para sanear Opel, lo que la UE destina a cooperación con Latinoamérica. Ea, vayan ahora a pedir puerta por puerta ese dinero para tan nobles fines y luego me hacen un croquis de dónde les han mandao.
Sí, me dirán que ese es el precio de la ilusión, de que esta noche nos vayamos a la cama siendo un poquito menos pobres, con la hipoteca pagada, en mitad del viaje de nuestros sueños, sin acordarnos de cuándo acaba un mes y empieza otro. Pero no. 2.700 millones de euros es el valor de la envidia en esta, Mispaña.
Que levante el dedito el que haya comprado más de un décimo sólo con las palmeras de Cayo Coco en el horizonte. ¿Nadie? Porque igual resulta que lo que compramos con la Lotería de Navidad no es la posibilidad de que nos toque, sino la de que no le toque al vecino y nosotros con cara de imbéciles.
La Lotería de Navidad no necesita calvos, ni anuncios espectaculares. Es un negocio que funciona solo. Si en bares habituales y centros de reuniones el miedo a pasar a la historia como Paco, el bobochorra que no llevaba ni una participación, ya sirve de estímulo, en el trabajo su efecto es demoledor. El márketing de la amenaza hace que todos los miembros de una organización laboral, sea cual sea su credo, ideología y costumbres alimenticias acaben llevándose al menos un decimito para casa.
Porque el día a día de no ser millonario se hace jodido, doy fe. Pero el día a día de saber que Fulanito el trepa sí lo es gracias a un décimo cuya compra despreciaste durante meses, debe de ser uno de los dolores más terribles que un alma padecer pueda.
Doscientos millooooones de Meneeeeeeeeeos ->
El cristal con que se mira.
Hasta para fusionarse no dejan de sudar la camiseta. Que se note que se trabaja una barbaridad en ambas televisiones. Con lo digno que es el trabajo.
Ahhhhhhhh, Anarrosaaaaaaaa. ¡Noooooooooooo!
Público, hilando fino.
Cuernos
No tengo un sólo argumento racional para defenderlo. Así que todo lo que lean a continuación quizá me salga un poco más de las tripas que de costumbre. Pero, oigan, el rollito este de prohibir los toros me parece una soberana gilipollez. Sobre todo, con la que lleva cayendo en este mundo de dios (alguno) desde que Caín se fumigó a Abel por una frusilería.
En Cataluña se está discutiendo muy parlamentariamente hoy si se prohiben los toros, las corridas, se entiende, porque cuernos seguirá habiendo en cualquier sitio al que mires. Lo que básicamente se discute es si se prohiben en la Monumental de Barcelona, porque en el resto de territorio catalán (salvo algunas excepción que se me escapa y me da pereza mirar) ya no hay toros por falta de clientela.
A las corridas les queda un telediario porque pertenecen al pasado y los tiros hace décadas que van por otro sitio. A lo mejor hubiera sido más efectivo dejar que se extingan por sí mismas. Hay dos tipos de amores de verano: los que se agotan por inanición en septiembre y cuando llega febrero ya no te acuerdas de su nombre y los que acaban con tu padre devolviéndote a Madrid a 15 de agosto porque tu churri veraniego es un golfo que no te va a traer nada bueno. Al macarra, lo acabarás echando de menos toda la vida. Como la chorradita, leáse (ILP) les salga mal, el año que viene en la plaza de Barcelona no habrá billetes ni para las becerradas nocturnas.
Escolar da unos cuantos argumentos anti-taurinos la mayoría de ellos bastante razonables. Efectivamente, todas las tradiciones son discutibles, el toro sufre una barbaridad y los abolicionistas ni son todos independentistas de su pueblo, ni catalanes ni perroflautas de jardín. Es más, yo le añado a estas razones que no he conocido mundo más mafioso que el taurino. Y lo conozco con cierta solvencia. Si en política se cargan a un alcalde por quítame allá esa recalificación, en la cosa de los cuernos a uno le pueden quemar los caballos para quitarlo de los carteles por la vía rápida. Aunque luego resulte que los sicarios eran de una subcontrata chunga y se equivocaron de camión.
Lo que no acaba de ser cierto es que el toro de lidia tuviera mucha vida más allá de las corridas. Es un bicho caro y con una ruinosa relación coste de mantenimiento/producción de carne. Se prohíbe la cosa y en dos años quedan ocho ejemplares en un par de zoos. Lo que, teniendo en cuenta que es una especie “artificial” tampoco es tan grave. Eso sí, luego no vengamos con pancartas salvemos a pobre toro de la extinción.
No sé si será una pelea de igual a igual, lo que sí sé es que servidora no se encierra con un bicho de 600 kilos y cuernos en una plaza ni hartito de jumilla. Quienes hablan de marcadores y demás me da la sensación que no han visto una corrida de toros (de las de verdad, no esas jaurías humanas que persiguen a un bicho) en su vida. El asunto está mucho más reglado de lo que puedan imaginar y sí, prácticamente todo el tiempo es uno-para-uno. Vale que el uno humano tiene un trapo en las manos. Enorme arma, vive (más o menos dios.
Claro que espero de corazón que todos los furibundos opositores a la cosa sean estrictamente vegetarianos. Porque ahí Escolar dice una mentira dentro de otra mentira. Se matan terneros, cerdos, pollos y conejos. Y se matan (cuando quieran se dan una vuelta por el campo, que esa cosa donde no hay asfalto) sin demasiados miramientos al sufrimiento animal. Salvo cargárselos a base de canciones de Perales (que eso sí que está penado por La Haya) los bichos sufren de todo antes de llegar a la bandeja de porexpan del súper.
No les vaya a pasar como en cierto campo de trabajo veraniego en el que me puso la vida hace años: en 15 días, comimos conejo dos veces. La primera vez, recién llegados, cada uno su ración. Todo cristo rebañando. La segunda, un par de días después de pasar por las jaulas y comprobar con asombro de muchos que antes de comérselo, había que cumplimentar un leve trámite: matar al animalico. El conejo seguía estando de puta madre, pero unos cuantos pudimos repetir hasta cansarnos.
Reconozco que una corrida de toros puede ser la cosa más aburrida del mundo. Para ver un ratito de arte (si me discuten el término dígame como se llama a bailar con un pablorromero sin que te lleve por delante) te tienes que tragar unos coñazos siderales. Ni siquiera protestaré demasiado si la cosa catalana sigue adelante y se acaba extendiendo hasta Tarifa. Pero no me vengan con milongas 2.0 y qué fachas, qué rancios y qué analfabetos que son ustedes porque se me ocurren así, sin pensar demasiado, una decena de tipos rojeras y brillantes que siguen pirrándose por una barrera de sombra. Algunos, incluso, hasta tienen blog (bueno, dos).
Mientras la cosa se acaba de prohibir o no, déjenme seguir buscando esos diez segundos de inspiración que a uno le emocionan sin saber explicar demasiado bin por qué. Tengan la bondad.
ACTUALIZACIÓN 10:55: Se ha votado a favor de debatir el asunto (lo cual me parece cojonudo, debatir siempre es bueno) por escaso margen. La cosa disparadita en menéame, un buen termómetro.
Menéalo con el capote ->
Fauna y flora de la pista
Por motivos que no vienen al caso, o sí, pero me da lo mismo, todos los días me meto entre pecho y espalda casi 200 kilómetros en mi Ferrari F430 Spider. Bueno, no exactamente… Kilómetro tras kilómetro, aprovecho para escuchar la radio, ordenar la cabeza, hablar por el manos libres, planear algún post o tener pensamientos impuros, según me dé. Eso, mientras esquivo a la panda de abencerrajes que la DGT parece tener en nómina: no hay día sin que tenga que evitar a alguno de ellos.
Está el transportistaamodelapista, un clásico: ese hombre que siempre tiene mucha prisa, que se sabe sus caminos diarios de memoria y que piensa que Fernando Alonso debería llevar la L. Cuando ves una C15 por el retrovisor a 500 metros, ya asumes que vas a tardar un par de segundos en verla al lado y décimas en tenerla delante. Eso, cumpla o no cumpla la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos. Por un motivo todavía en investigación, el ojo del transportistaamodelapista decodifica lo que se le presenta delante: en concreto, elimina de su visión todo aquello que tenga ruedas para que cerebro reciba la carretera absolutamente vacía.
La versión 2.0 del transportistaamodelapista es el transportistaconcamión. Salvo contadas excepciones, no sólo posee todas las características anteriores, sino que, además, lo hace con dos cojones: o te apartas o te piso. Su uso del intermitente es inversamente proporcional a la hostia que te puedas pegar contra ellos. Si los tienes lejos y controlados, te anunciarán la maniobra con una educación versalleca, si los estás adelantando a 130, ten por seguro que decidirán invadir el carril izquierdo sin previo aviso. El transportistaconcamión también tiene prisa, pero el cacharro no le da, así que ahoga su frustración de ser adelantado hasta por un triciclo cuando puede pasar a cualquier otro pedazo de cacharro que vaya un par de kilómetros por hora más lento que él. La escena es hasta tierna: camionaco de piedras a 84 km/h arrastrándose por el carril derecho, 8 ejes de vigas de hormigón por el izquierdo haciéndole una pasada épica a 86 km/h. Si la madre naturaleza te pone la maniobra justo delante, acabarás memorizando hasta el número de teléfono del carrocero.
Más esporádico, aunque haberlo haylo, es el torrijallevorrediós. Se trata de un individuo al que le da exactamente igual ocho que ochenta. Él va a su bola, con las luces encendidas en un día de pura primavera, sin encenderlas en su corcel negro así sean las doce de la noche con una niebla infernal. No es maldad, es sólo que no se entera. En estados muy evolucionados, este individuo es capaz de hacerse 20 kilómetros con una rueda trasera reventada y pensar que los demás le dan luces, le hacen gestos y le pitan porque hoy se ha puesto la camisa nueva y bien reguapo que va.
Otro imprescindible es el abuelosisabréyo. Él aprendió a conducir cuando los coches se arrancaban con manivela, así que no vayas tú a decirle ahora que está un poco torpe. Si lleva un parato más o menos nuevo, malo porque se lía. Si el abuelosisabreyó es abuelosisabréyofetén y va en su Simca 1200, peor: la versión pata negra del abuelo no conoce Dios. Usará los dos carriles indistintamente, irá por camino de cabras o autopista de peaje, pero siempre a 80 en cualquier caso. El hombre es un animal de costumbres. Si de normal son un peligro público, en una rotonda el espectáculo es para pedir palomitas y coca-cola grande: las posibles combinaciones entre el carril por el que entrará, aquel por el que saldrá y aquellos que dicen las normas de tráfico son como el espacio sideral, infinitas.
No me quiero olvidar del eloso, en sus dos posibilidades: la elosoprudente, que no adelantará aunque tenga delante un tractor y tres carriles libres a su izquierda y el elosovivalavida:
- Tengo un ibiza to guapo y un pedazo de musicote puesto, ¿necesito algo más para recorrer el mundo?
- Sí, amigo, un poco de pericia con la cosa, pero eso igual lo tienes que aprender en décimas de segundo: entre que te das cuenta del error y te estampas.
En categoría aparte, porque es combinable con todas las demás, está el equilibristamesobranmanos: habla por teléfono, se enciende un cigarro, sintoniza la radio, ajusta el retrovisor y cambia de marchas todo así, de golpe. Cómo consigue que el coche se mantenga más o menos derecho es un misterio de la naturaleza. Eso sí, ni se te ocurra frenar delante, porque el volantazo lo tendrá que dar con el tobillo izquierdo, y no siempre lo tiene desocupado. El equilibristamesobranmanos va tan confiado de sus capacidades que cuando lo para la Guardia Civil para darle una leve lección de anatomía (dos manos-un volante) se lo toma hasta con humor. La conversación es real, lo juro:
- Oiga, caballero que lo llevamos siguiendo medio kilómetro y ha incumplido usted una docena de normas de tráfico, esto van a ser 6 puntos menos.
- ¿Seis puntos? Ay, seis puntos. Con seis puntos estaba el Atleti metido en la zona UEFA.
Si es que, como dice Mimadre, no pasan más cosas porque dios no quiere.
Menéalo sólo después de poner el intermitente ->
Si es que van provocando…
Prometo que iba a escribir este post con ánimo conciliador. La fiscalía de Sevilla, finalmente, no ha presentado escrito de acusación contra mi amiga Samanta Villar. Después de toda la caña que se llevó la pobre, me parece injusto que esta buena noticia pase desapercibida. El juez abre el proceso y la cosa se lleva más de 400 meneos, el fiscal no ve delito y la noticia se arrastra por las catacumbas de lo irrelevante. No hay derecho.
El fiscal, en contra de la opinión del juez que instruía el caso, ha decidido que Samanta no tenía conocimiento previo y cabal del robo. Supongo que cuando la productora decidió hacer un programa sobre una familia chabolista no pudo imaginar que alguno de sus miembros no fuera un probo cumplidor de la ley.
Ejercicio práctico, vean los primeros 5 segundos de este vídeo.
Bien, sigamos…
Que somos unos malpensados y cuando la joven dijo aquello de “me va el corazón a 2000 por hora. Dios mío, como venga alguien y nos pille” realmente se refería a que la furgoneta tenía el intermitente anterior derecho fundido. Y estaba cagadita por la multa, claro.
Andaba yo en pleno propósito de enmienda, resignado a aceptar que lo de Samanta & cómplices es telebasura perfectamente legal; que el insulto a todos aquellos que se juegan el pescuezo de verdad por contarle las cosas que pasan sólo es un novedoso formato que los carcas del quéquiéncomocuandoyporqué no acabamos de pillar. Estaba yo todo contrito cuando me paso por la web del programa y me encuentro la siguiente encuesta:
¿Dónde enviarías a Samanta Villar?
Joder, por lo menos, no provoquen.
Menéalo si se te ocurren 10 ó 12 respuestas a la pregunta ->
Lugares que no deberían perderse
Lo malo de las pajas es que no conoces gente, lo bueno del bochinche digital que se ha montado estos días es que acabas leyendo blogs que ni conocías y recuperando otros. Les dejo tres de ellos. Si tienen un ratito, dénse una vuelta que, de verdad, merecen la pena.
El Descodificador: Tras salir tarifando de El Mundo Javier Pérez de Albéniz dio con sus huesos en el difunto Soitu. Ahora, sigue en haciendo su lúcida y mordaz crítica televisiva desde un rinconcito de wordpress. No se la pierdan.
Wardog y el Mundo: Seguramente sólo haga gracia a quienes trabajamos en una empresa mediana o grande con mucho ordenador y mucho cacharrito. Él es el encargado de que todos esos cachivaches hagan lo que tienen que hacer. Por el camino, un bestiario al que casi todos podemos poner (más o menos) cara en nuestro propio curro. Ingenioso y cabroncete hasta el extremo.
Perspicalia: Un clásico que yo descubro ahora. De todo un poco y la mayoría bastante bueno. Juin y el Señor E. acompañan a Fuckowski, para mí la verdadera estrella del invento. Su análisis sobre el chiringuito 2.0 (para muestra, un botón) no tienen desperdicio, de verdad. El resto, prácticamente tampoco.
Correspondencia
Acabada de leer la última columna de Juan Manuel de Prada en ABC y su encendida defensa de la cultura libre (libre=free=gratis, recuerden) me he permitido mandarle un mail que copio para disfrute de algún incauto que se pase por aquí. Notificaré (pero obviamente, no copiaré) si hubiere contestación:
Estimado señor De Prada:
Acabo de leer, con no disimulable regocijo, su última columna en ABC en la que explica su firme oposición a los derechos de autor, ese tremendo expolio al pueblo oprimido. Habiéndome convencido sus razones, hasta el punto de que me hallo escribiéndole con los ojos arrasados en lágrimas y postrado ante el ordenador (me empiezan a doler las rodillas), le pido que ejerza su bien probada coherencia: publique todos sus libros pasados y futuros en su página web para facilitar el acceso a una obra que no merece ser hurtada al pueblo. Cambie también, ese RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS ©JUANMANUELDEPRADA.COM 2007 que desluce su página por una licencia Creative Commons, mucho más acorde con sus principios. No crea que no pienso en su manutención, a la que tiene fundado derecho: en su misma página, proceda a colgar un enlace en el que recibir donaciones vía paypal.
Hágalo, por favor, no querría yo quedarme sin disfrutar de una de las más ilustres plumas de nuestro país sólo por una cuestión de dineros.
Reciba un afectuoso saludo.
ERT
Menéalo, si eso ->
¿Se puede matizar?
Les presento la lista (provisional) de gentecilla a la que también le parece mal que los controles de alcoholemia los hagan patrullas vecinales. Algunos coinciden conmigo en que tomarse una cerveza con alcohol, una, antes de conducir entra dentro de lo razonable. Gente, al fin, que brama como uno cuando, aprovechando la razonable oposición a la justicia sin juez, el personal reivindica que lo de ir como un piojo por la carretera es un derecho. ¿Quién eres tú para decirme qué me puedo descargar? Nada nuevo, vaya:
Pues eso, la lista:
Desde que nació Internet nos hemos hecho a la idea de que todo es gratis. Cine, fotografía, música, literatura… al alcance de la mano, como si no tuviesen dueño, sin reparar en que a menudo estamos traspasando la cerca del vecino para obtenerlo.
Los que creéis que tengo razón pero que os lo vais a bajar todo igualmente porque, oye, la vida es muy dura: pues ya me jode, pero en fin… ¡por lo menos no me castiguéis con vuestras teorías marcianas para justificaros!
Las empresas [españolas] ofrecen el ADSL más caro de Europa y el más lento. Y siempre se van de rositas porque son el gran anunciante del país. Invierten en medios, blogs y empresas donde trabajan los promotores del Manifiesto. Quienes por supuesto exigen el todo gratis para los productos culturales pero no para la conexión gratuita a Internet. ¿Se me entiende verdad?
La posibilidad de que la administración pueda cerrar una web ya existe ahora.
Efectivamente, muchos aplican/aplicamos esa teoría: “si está en la red a mi disposición y gratis, ¿por qué voy a adquirirlo comprándolo?”. Es más, me pregunto, ¿por qué mi “derecho a internet” tiene que prevalecer sobre el derecho a que un artísta pueda obtener un beneficio por su obra? ¿A alguno de Uds. les gustaría trabajar gratis mientras que otro tipo se lleva su pasta?
El P2P tiene consecuencias económicas, las mismas que obstaculizan el nacimiento de webs españolas rentables, más allá de la cancamusa.
Para empezar, encuentro que entre esos derechos fundamentales falta uno que es no menos importante: el de propiedad. Es decir, el derecho de los artistas a disponer de sus creaciones del modo que estimen oportuno, incluso si ese modo es una estupidez. Creo sinceramente que se equivocan al cerrarse a las innovaciones tecnológicas, pero al mismo tiempo tienen todo el derecho del mundo a equivocarse.
No creo que el derecho de acceso a la cultura signifique barra libre. Por un lado, ese derecho de acceso no tiene por qué ser gratuito, y segundo se cataloga como “cultura” cualquier cosa que queremos consumir gratis. Por lo tanto, creo que es razonable que la ley y la justicia haga todo lo que esté en su mano para tutelar el derecho de los creadores a decidir cómo distribuir y explotar su obra. Creo que este Anteproyecto es lo que pretende, y creo que en el camino no vulnera todas esas libertades que el Manifiesto le supone. Otra cosa es que la tecnología haga esos esfuerzos básicamente estériles. Pero no por eso dejan de tener razón.
Proclamar así por las buenas “derechos” también queda muy bonito, a la Asamblea Constituyente o Proclamación de Independencia. Lo de “fundamentales” también me suena a proclama constitucional, como poco, y en el caso español… creo que antes de llamar “fundamental” a cualquier cosa relacionada aunque sea lejanamente con el lenguaje jurídico hay que mirarlo con lupa. Qué pena que nos olvidemos que los derechos y su mantenimiento activo implican también unas obligaciones, o si lo preferís, que el poder que nos confiere a todos Internet conlleva una gran responsabilidad. De eso no se dice ni pío, claro.
Tenemos que respetar la forma de compartir que tengamos los creadores. Para mi compartir no es lo mismo que aprovecharse de los demás. Si por ejemplo te gusta este post, cópialo por favor, pero reconoce su autoría y eso sí, no te lucres con mis ideas. Yo no lo hago, es mi decisión.
La propiedad intelectual es indestructible. Uno es autor de lo que crea, lo quiera o no. Otra cosa es cómo se retribuye esa creación. Podemos engolfarnos en el debate de si uno es “dueño” de lo que crea. Parece que si uno fabrica ordenadores, uno es dueño de ellos y cobra por ellos. Ahora, si fabricas ideas, tienes que regalarlas por cojones… No lo tengo claro, la verdad.
[Ni que decir tiene que el hecho de que cite y enlace supone que cito y enlazo porque me parecen interesantes y estoy bastante de acuerdo con ellos, no porque comulgue al 100% ni con Dios (alguno) bendito]
¡Menéalo, denúncianos por herejes! ->



