Caminito no es una calle, ni siquiera un tango. Caminito es el pequeño paseo que separa el estudio de la cocina. Para regocijo de Misanta, vuelvo a tener un ordenador en el hueco preciso de un ordenador. En esencia, eso significa que dejo de mangonearle su portátil y, lo que es más doloroso, dejo de escribir en la cocina. El único lugar habilitado de toda la casa para darle al vicio nicotínico en plenas condiciones.
Ganaré en salud, porque no se crean que mis pulmones estaban contentos con eso de meterse medio paquete entre las nueve y las once. Pero me da que los post van a ser un poquito más cortos. Hasta ahora, cada párrafo era un cigarro. Escribir, encender, fumar, repensar, corregir y al siguiente. Ahora, todo tendrá que salir de un tirón. Dicen que una costumbre tarda en asentarse quince días. Sólo llevo media hora del primero y ya me he recorrido dos veces el caminito.
Bien pensado, no sé si al final fumaré menos, lo que es seguro es que se me van a poner unas piernas que me río yo de Mario Cippollini.


Exfortuna
9 noviembre 2009 at 19:22
Veo que todo son ventajas. Menos humos, más salud, más fornido y más concisión. Al final las cajetillas van a tener razón. Fumar perjudica seriamente hasta el blog.