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Archivo mensual: septiembre 2009

A Pozuelo se llega por Vallecas

Treinta kilómetros y cien metros. Eso es, por el camino más corto, lo que separa el colegio Loyola de Palacio, en Vallecas, de la comisaría de la Policía Nacional de Pozuelo. Esa es la distancia, apenas 28 minutos en coche, que seguramente habrá soñado con recorrer (sólo de ida) el fulano al que han detenido por pegarle a una profesora y amenazar con todo lo amenazable al jefe de estudios del colegio donde desasnan al hijo de sus entrañas.

Según la versión oficial, la criatura correteaba por el comedor. Como hacen todos los niños de 5 años a los que nunca se les ha dicho en casa que quietecito está más guapo. ¡Cómo vamos a coartar la libertad de pobre niño! Según esa misma versión oficial, el jefe de estudios le cogió del brazo para que no se estampara contra una columna. Igual fue para que se estuviera quieto de una puta vez. A lo mejor le dijo niño, te sientes, coñoya, y lo llevó a su sitio sin demasiada delicadeza. La verdad, no me parece un problema.

Al que sí se lo pareció es a nuestro alejadito del alma. Mi niño ha llegado llorando de clase. Mi niño es un angelico del cielo. Si a mi niño le apetece correr en el almuerzo o mearse en la cabeza de su amiga Marijuani hay que dejarlo hacer. Mi niño es mío y como yo no he tenido huevos, o ganas, de enseñarle a vivir en sociedad, no voy a permitir que nadie lo haga por mí.

Luego, cuando el niño crece, se agarra una melopea épica y le da por tirarle botellazos a la primera persona que le contradice un poquito, salimos diciendo que pelearemos hasta el final por su inocencia. Lo peor es que es posible que lo crean. Si papá es capaz de cruzarle la cara a una profesora por semejante gilipollez, seguramente sea porque piensa que su querubín no merece ni la más mínima reprimenda.

La nueva ley de Esperanza Aguirre, sin esos medios que la buena mujer parece poco dispuesta a dar a lo público,  no tiene demasiado sentido. Al energúmeno de Vallecas le hubiera dado bastante igual la consideración legal del maestro. Yo soy Íñigo Montoya, tú reñiste a mi hijo, prepárate a morir. Los cafres de Pozuelo fueron, directamente, contra la autoridad que más acojona desde que la Guardia Civil no pasea con capa y tricornio.

Habrá que buscar otras soluciones. Dado que con cinco años, uno no genera más conflictos que el destrozo sistemático de las rodilleras del pantalón y con 17 parece demasiado tarde para casi todo, quizá haya que empezar a mirar hacia una generación de padres tan confusos como autocomplacientes.
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Publicado por en 18 septiembre 2009 in Y todo lo demás

 

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La razón del sufrimiento

Me gané una bronca de puta madre por aquello. Vale que entre amigos suelo ser de titular fácil: primero condenso y luego ya tendré tiempo de matizar. Lo dije entonces y lo digo ahora (aunque esta vez procuraré explicarlo un poco mejor): A Jesús Neira lo ha convertido en un héroe una mala caída.

Todos necesitamos ponerle cara y ojos a nuestras luchas. Ante un enemigo incierto, porque cualquier pacífico oficinista puede ser un cafre cuando cruza la puerta de casa, es imprescindible saber al lado de quién peleamos. En lo que va de año, 40 fulanos han decidido que sus celos, su impotencia o su mala leche son más importantes que la vida de su pareja. Estamos hambrientos de capitanes. Y ahí aparece Neira.

Acostumbrado a salir en la tele, con una mujer dispuesta a contar su batalla a todo Cristo y, lo que es más importante en este Gran Hermano que nos hemos montado por vida, con una agresión grabada y emitible. La tormenta perfecta. El héroe que estábamos esperando. El personaje que el periodismo de investigación patrio podía utilizar para meterse en un tema del que los estereotipos que vomitan a diario tienen mucha culpa.

Vaya por delante que si este hombre evitó que un maromo apalizase a su novia, ya hizo más que suficiente. En un país en el que los más suben el volumen de la tele cuando escuchan hostias en el piso de al lado, es necesario darle bombo a aquellos que se meten por medio. Neira hizo lo correcto, sí. Pero ni un poquito más que Vicente, Juan Pablo, este señor de Badajoz o este grupo de compradores de Alcantarilla. En mayor o menor medida, todos se la jugaron. Cuando te metes entre un toro y el caballo del picador, lo más normal es que acabes con la femoral hecha una pena.

Todos se la jugaron, y Neira perdió. Eso no lo hace ni más valiente, ni más justo ni más razonable. Sólo lo convierte en una víctima. Y las víctimas merecen respeto, pero aunque esto suponga romper un dogma de fe, lo que dicen no es palabra de Dios. Su único mérito es una desgracia que hemos convertido en referente moral.

Ahora Neira pontifica en todos los altares y da pregones allá donde lo llaman. Su opinión es relevante porque tuvo una mala caída. Igual que lo es la de Juan José Cortés porque padece el dolor inmenso de que le mataran a su niña.

Ambos se han convertido en codiciadas piezas políticas, como otras víctimas lo son desde hace años. ¿Quién será el monstruo capaz de criticar a una formación que los lleve en sus filas? En un mundo cada vez más maniqueo, contradecir sus opiniones te convierte en cómplice del verdugo. Somos civilizados porque vivimos convencidos de que el ojo por ojo no es ley. El populismo parece cada vez más interesado en identificar la razón con el dolor irracional. La trampa es demasiado evidente, pero hay mucha gente dispuesta a caer en ella.
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Publicado por en 16 septiembre 2009 in Esos tipos, Juntaletras

 

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La explicación

Somos de letras

Somos de letras

Con esta viñeta les ahorro quinte párrafos de noentiendonadas. Rubio, que es muy grande.
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Publicado por en 16 septiembre 2009 in Esos tipos

 

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Guapas todas

Pero una, más guapa que las demás…


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Publicado por en 15 septiembre 2009 in Para mis oídos, Y todo lo demás

 

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Hannibal en la sala de cine

No falla. Ya puedo haber visto una obra maestra (como Distrito 9, por ejemplo), que cada vez que salgo del cine me convierto en el marciano del tricornio. No sé qué me pasa, pero me entran unas ganas de ponerme a repartir hostias…

Porque sí, mucho emule y mucho anuncio de no robarás. Como si la mayoría llevarámos cámaras (con su minitrípode y su canesú) bajo la camiseta o, más idiota aún, como si el pirata inminente, cuando le dicen que grabar la peli es como guindar un coche (oh, cielos), se fuera a arrepentir de sus pecados y salir de la sala con los ojos arrasaos en lágrimas. ¡Santa Sinde! ¡Santo Teddy! ¡No soy digno!

No, todo eso puede tener su importancia en la actual crisis del cine, que empezó, más o menos, allá por los hermanos Lumière (Está demostrado: sólo los agricultores de secano -y no siempre- son más llorones más que actores, directores y demás). Lo que realmente se está cargando la industria del cine es el komando de las viejas de la fila de atrás, ¡coñoya!

Porque uno paga religiosamente sus siete eurazos (o más) de la entrada. Generalmente no es una, sino dos: catorce. Como la peli es larga, un par de coca-colas por si hace sed. Seis más (en el mejor de los casos), veinte. No se puede fumar: palomitas para no morder el asiento de delante a la hora y media. Veinticuatro. Cuatro mil pesetazas. Una detrás de otra.

Procurando no echar cuentas del número de cervezas al que equivale esa cantidad y que, de paso, no se te caiga la feria de muestras que sujetas entre las manos, pasas a la sala. Y ahí están. El komando se ha ido perfeccionando a lo largo del tiempo. Ahora, te lo puede encontrar en múltiples formas, y no todas ellas reconocibles a primera vista.

Está la versión clásica. Pareja, trío u otros grupúsculos de señoras de avanzada edad. Peluquería reciente y vestidas de domingo. Por lo general, manteniéndote lejos de cualquier cosa que tenga un tío y una tía mirándose a los ojos en el cartel, estás a salvo de ellas. Claro, que siempre están las que no van a ver la peli, sino el cine. Como espacio cerrado, de temperatura desapacible pero siempre cósmicamente opuesta a la de la calle y en el que se está sentadito cerca de dos horas. En en ese caso, ya puedes estar viendo Battle Royale que las tienes al lado. Ya te puedes ir dando por jodido. Si les gusta la peli, no habrá escena sin su comentario adicional o avance del guión. Ahora, le mata. Ahora se cae. ¡Ahora se calla de una puta vez, señora! Si no les gusta, puede ser peor: los comentarios adicionales van por libre. El tiempo, lo carísima que se ha puesto la vida y la peluquería, Maripuri, y hasta lo que mejora el madrid sin extremos serán la banda sonora que acompañará para siempre a tu drama épico iraní.

Otro clásico son los jóvenes granosos y folloneros. Ellos no van al cine. Ellos van a intentarse tirar a la nieta de Maripuri. Con 16 años esa es la única misión de una vida. Así que se la suda el personal. Palomitas, bebidas y otros géneros lo mismo son alimentos que engullir como si volvieran del desierto bíblico que armas arrojadizas según el caso.  Mientras llega el momento en el que la vida les regala una hostia y Maripuri bis se pira en la moto de un fulano cinco años mayor, en su cabeza sólo cabe un axioma: a más grito, más posibilidad de revolcón. Y se aplican con ahínco, vive dios.

Hasta aquí lo que es razonablemente evitable.  Si la sala no está muy llena, con un quiebro oportuno hasta puedes ver la peli con tranquilidad. Pero no son las únicas amenazas. En una lista que siempre está abierta, cada día aparecen nuevas incorporaciones dispuestas a ser ellas, y no otras, las que te jodan la película.

Hace tiempo, las parejas con ganas de roce también iban al cine. Últimas filas, magreo subsiguiente y todos tan contentos. Algunos más que otros, eso sí. Que ahora el magreo, afortunadamente, pueda producirse en cualquier entorno y situación, tiene su daño colateral. Al cine ya no se va a pillar cacho, ahora se va a demostrar amor profundo y sensibilidades a flor de piel. Y eso hay que hacerlo público. Cuanto más, mejor. Si toca plano de atardecer sobre paisaje otoñal, un ohhhhhhhhh nunca estará demás. Si a algún secundario le diagnostican una enfermedad chunga, un qué pena anunciará a la pareja (y a todo aquel en un radio de cinco butacas) que estamos ante un ser humano tierno y empático. Y siempre, siempre, siempre, aunque en la boca tengan un puñao de palomitas regadas con cocacola bebida a sonoros sorbos, el clímax de la película será acompañado de un qué bonito. El prota acaba de arrancarse el corazón para colocarlo, a manos limpias, en el pecho de la chica, que tenía soplos. Todo con mucha lágrima y música de Vangelis. Efectivamente, era emotivo hasta que tú, imbécil, me sacaste de la escena para recordarme que estaba en un cine sentadito a tu vera. Gracias, muy amable.

Si el roce se salió de madre hace tiempo, la nueva pareja, la de hoy en día, la moderna, padres y cinéfilos en la vida, también pueden darte la tarde. Porque no tienen con quién dejar a Quique, cuatro años, rubito, ojos azules, majísimo. Y como no encuentran parking para la criatura y carecen, además, de sentido común, acaban llevándose al criajo a ver la peli con ellos. Aunque sea Viernes 13, Jason-el-eterno-retorno. Y claro, el niño, como todos los niños, o se asusta, o se entusiasma o se aburre. Y tú, con tus 24 eurazos en la cabeza, te pegas dos horas aguantando gorjeos, llantos y mamáscuantoqueda. Aunque te den ganas de matarlo, el crío no tiene ninguna culpa. Pero claro, asesinar a los padres allí mismo tampoco parece buen plan: demasiados testigos y, encima, por orfandad manifiesta, acabas convertido en el responsable de callar al pequeño monstruo. Así que te jodes y, además de la peli entrecortada, te llevas para casa una dosis extra de anticonceptivo mental. El día que Rouco descubra el truco, dejará de recomendar el rosario. Palabrita.

La última modalidad, muy frecuente en pelis de ciencia ficción, es el grupo de frikis con ganas de marcha. Ellos, que se tragaron todos los señores de todos los anillos, versiones extendidas, of course, de un tirón. Como unos jabatos. No es que analicen la peli plano a plano, que está bien, sino que tienen que demostrarlo. No habrá secuencia sin acotación, sin referencia a un clásico, sin denuncia de plagio descarado de aquella peli de serie B. Tienen una rica vida interior. Prometo que un día los abro en canal con un cortauñas para encontrarla.

Una peli es eso que un señor ideó en su momento. Que pasó por guionistas, productores, actores, cámaras, maquilladores, estilistas, iluminadores, montadores y demás patulea. Decenas de personas que se han currado una historia para que yo pueda olvidar, por dos horas y por ejemplo, que el Racing es el Milán de Sacchi cuando juega contra nosotros. Eso, siempre que alguien no decida que la peluquería, su sensibilidad, las bragas de Maripuri, el niño de sus entrañas o lo que les salga de los huevos es mucho más importante.

Misanta dice que una tarde de estas salimos en los papeles. Y no le falta razón: cada vez que voy al cine acabo acordándome de Hannibal Lecter y su afición por cepillarse a la gente maleducada.

No se vayan todavía, porque la cosa sigue

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Publicado por en 14 septiembre 2009 in Perdiendo el tiempo

 

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Pozuelo, ese lugar especial

Pozuelo es un sitio especial. Se trata de un municipio que agrupa gran cantidad de familias jóvenes, con alta natalidad y que han  demostrado un gran vigor a la hora de defender su visión de la vida. Un hito en la historia sociorreligiosa reciente del lugar fue la construcción entre innumerables dificultades de la nueva Parroquia de Santa María de Caná, famosa por sus abundantes y frecuentadísimas misas, con presencia de numerosos movimientos volcados en la “nueva evangelización” predicada por Juan Pablo II.

Forumcumbayá, digo… Forumlibertas.com, hace tres añitos de nada

Es lo malo del libre albedrío. Señor, señor, ¿porqué nos lo otorgaste? Luego resulta que en lugar de frecuentar en tropel las misas de Santa María de Caná, a los vigorosos retoños les da por comulgar con roncola y ya la tenemos armada.

Hay que rezar más el rosario. (Vía: Escolar.net) Visto el éxito del gori gori colectivo contra los separatismos, la manipulación televisiva, EpC, el divorcio, el matrimonio gay, la ley de memoria histórica, las leyes de Zapatero y hasta la gripe A, (¿exagero? miren y alucinen) ya podía Rouco ponerse innovador una tarde y recomendar una lambada comunitaria. Total, sería igual de útil y nos íbamos a reir mucho más.
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Publicado por en 11 septiembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Allá ustedes si se lo pierden

Si no tienen nada mejor que hacer este sábado día 12 de septiembre, y se me ocurren muy poquitas cosas, en un lejano pueblo de Extremadura, por dos duros, podrán hartarse de uno de esos placeres que hacen que la vida valga la pena.

Día del Jamón en Monesterio. Acudan antes de que se declare Patrimonio de la Humanidad, que falta poco, y todo se llene de japoneses.


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Luego no digan que no les avisé.
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Publicado por en 10 septiembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Estas (pobres) criaturas

Al BOE acaba de aparecerle un duro competidor por hacerse con la contrata de la educación más liberal. La judicatura no va a perderse el jugoso pastel que ofrecen miles de padres tan ocupados por su vida como siempre pasotas y ahora impotentes con sus pequeños.

Que levante el dedito quién no haya tenido que negociar con su misericordiosa madre el castigo paterno de una semana sin pisar la calle. ¿Nadie? Ahora, que lo levante quién no lo haya hecho alguna vez al contrario.

Pues que sepan que son todos ustedes unos progres pasados de moda. Ahora, lo que se lleva es que el castigado en tu cuarto lo dicte una resolución judicial. Leo, boquiabierto, en El Mundo:

El juez impide a los menores detenidos en Pozuelo ir de fiesta durante tres meses

Los siete adolescentes detenidos por los disturbios de Pozuelo han sido castigados por un juez de menores a tres meses sin salir de fiesta a partir de las 22.00 horas.

Todos son estudiantes con un buen historial académico y carecen de antecedentes. Jóvenes sin problemas, equilibrados, buenos estudiantes y pertenecientes a familias estructuradas. Además, ninguno de los chavales había tenido problemas de conducta y de absentismo y sus expedientes eran limpios.

Los abogados de los siete menores anunciaron que recurrirán la decisión judicial. El padre de uno de los menores lamentó el juicio mediático que se ha hecho a los chicos y sus padres. “Estos menores han pagado los platos rotos. Ni pegaron ni quemaron pero fueron detenidos y encima golpeados brutalmente por los agentes”, contó uno de los progenitores.

“Vamos a demostrar que los chicos son inocentes y que no se les puede responsabilizar a estas criaturas de esa barbarie. Los verdaderos alborotadores están libres”, señaló otro de los padres.

Versión resumida de este artículo de El Mundo.

No descarto que, efectivamente, alguno de los detenidos tuviera poco que ver con los incidentes. Ser  pijo y entretenerse rozando el coma etílico sábado sí, sábado también, no está penado por la ley. Por el momento. Pero estoy convencido de que más de uno y más de dos de los angelitos son miembros del aparato militar de la KaleBurberry.

El perfil es el que suponíamos. Razonables estudiantes de esos colegios donde a la hora de las notas, el maestro tiene muy presente (o se lo hacen tener) que papá se deja una pasta año tras año. Hijos modelo siempre que su estructurada familia esté dispuesta a ignorar la peste a humo y jotabé que desprende la ropa del mozalbete al llegar al adosado.

No se llevarán ni una colleja en casa, ni siquiera un mínimo castigo, porque en ese vistazo general al que han reducido la labor de padre, son sólo unos chicos inocentes. No se atreven a ejercer de lo que son, no sea que Pocholín se nos traumatice.

Lo curioso del caso es que, esos mismos padres que delegan en el BOE la educación de sus criaturas suelen ser los más firmes opositores a EpC. Quizá sea el momento de explicarles que, en Pozuelo, la asignatura se llamará Educación para Cafres.

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Publicado por en 10 septiembre 2009 in Y todo lo demás

 

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Los jueves, italianos

Los martes, españoles. Los jueves, italianos. Se hacía llamar Paloma y tenía ese aspecto de gacela inalcanzable que sólo vemos en las revistas. Pero no caminaba por una pasarela sino por la tierra seca de una desvencijada terraza brasileña. Llegamos allí por una mezcla de casualidad, torpeza y desconocimiento del idioma. La casualidad nos puso en Salvador de Bahía, la torpeza impidió que interpretáramos correctamente la mirada del taxista y el desconocimiento de los matices del idioma nos soltó, de pronto, en medio de un puticlub cutre, perdido de la mano de dios, polvoriento y abarrotado.

Paloma intentó de todas las maneras posibles llevarnos al huerto. A mí, a mi amigo o a los dos juntos, siempre que la paga fuera doble, supongo. Le advertimos de que iba a perder tiempo y dinero. No estábamos allí para eso, aunque el ambiente decía todo lo contrario. El ambiente lo pintaban varias docenas de machos hispánicos en celo, ansionsos y sudados, a punto de acostarse con una mujer, la que fuera, que ni en sus mejores pajas.

Pero insistía. Supongo que éramos su mejor opción de la noche. Jóvenes, duchados y sin enseñar la medalla de la patrona entre un matojo de pelos en el pecho. En ese momento, todo un lujo. Después de una hora, la conversación intermitente y nuestras fintas a sus dobles sentidos terminaron el asunto. Nos fuimos y se fue. Decepcionada porque, efectivamente, había perdido el tiempo necesario para buscar algún otro objetivo potable. También había perdido dinero. Los reales que le metí de tapadillo en el paquete de tabaco me parecieron suficientes entonces y sólo una triste miseria ahora.

Todo esto viene a cuento por las fotos que nos regaló El País hace unos días. Para el ex-diario independiente de la mañana las putas de la calle son escandalosas. Las de unas páginas más adentro, sólo rentables. La cosa ha derivado en cierta polémica sobre si hay que prohibir la prostitución, regularla o quedarnos como estamos. Que esto último no lo dice nadie, pero es lo que acabará pasando.

Cada cual es muy libre de disponer de su cuerpo. Las aficiones de don Silvio sólo me interesan porque el caballero es, entre otras minucias, presidente de un país y pretende llenar de misses sin más mérito que sus medidas todo parlamento a su alcance. Por lo demás, si un contribuyente tiene 1.000 euros para ahorrarse el trabajoso (y divertidísimo) camino que conduce a un polvo, allá él (o ella). Si la otra parte contratante accede libremente por esa cantidad, seguramente no sea por una necesidad imperiosa de comer.

Porque la gracia está en eso, en disponer de uno mismo. Si alguien decide por su cuenta y riesgo vivir bien a costa de sus orgasmos nadie debería prohibírselo. Si detrás no está una mafia, ni el hambre, ni el abuso ignominioso; si es una opción elegida entre varias alternativas, tendrá que cabernos en la cabeza que haya casos (quizá raros, quizá la minoría) en los que el sexo de cobro sea una opción razonable. Afortunadamente, aquello de en tu cama mando yo, tan común a la sotana, tiene mucha menos relevancia en la vida diaria de la que Rouco desearía.

Lo que no parece digno es vivir en un mundo lleno de Palomas. De chicas obligadas por su propia desesperación, o la de su familia, a buscar un novio por lo que dura cada paquete turístico. Una semana de comidas garantizadas y, con suerte, algo de pasta y un vestido sexy con el que camelar al siguiente. Español o italiano. Da igual.

Compartimos vuelo de vuelta con todos aquellos fulanos. Ocho horas mirando a la cara a la parte más asquerosa de la prostitución. A la de esos que se aprovechan de la miseria ajena, en Brasil, Camboya o aquí mismo, para presumir entre los amigotes con la foto de una mulata triste.
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Publicado por en 10 septiembre 2009 in Juntaletras, Y todo lo demás

 

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40 euros, botellones y cintas de vídeo

Les separan hoy unas líneas en el mismo periódico. Tienen edades parecidas. Unos, un brillante futuro por delante a poco que se lo curren. La infraestructura les viene de serie. Los idiomas, la universidad, los viajes, no contar los días para que acabe el mes… todo eso, ya es suyo. Su único problema será cómo administrar ese capital que les ha tocado en la lotería de la vida.

Para los otros, mala suerte, la cosa pinta un poco más negra. Cuando el juez grita ¡en sus marcas! tienen que sudar la gota gorda para llegar al sitio donde los primeros estaban esperando. A varios kilómetros y cuesta arriba. La carrera está decidida antes de empezar.

Hoy me tomo el café leyendo sobre ambos. Los dos grupos se dedican a esto de lo audiovisual. Y los dos anuncian próximos capítulos de sus series de gran éxito.

Con ustedes, de Producciones KaleBurberry (hallazgo inconmensurable de @carvalladolid): Este fin de semana se va a volver a liar. Fuego, explosiones, eses arrastradas y jerseys sobre los hombros. Aquí un resumen del capítulo anterior, para ir abriendo boca.

Los otros, los fumetas (que dice El País en un alarde de buenrollismo), tienen mucha menos pasta para los efectos especiales: llevan meses intentándose pagar los bocadillos con el dinero de producción. Les pongo un trailer del primer capítulo.

Hacen Malviviendo, en su blog cuentan más o menos cómo va la cosa, y si todavía no han visto la serie, ya están tardando. No sólo es buena, además, empezaron con 40 euros de presupuesto y un par.

Luego, quién más y quién menos, nos ponemos a analizar lo que ocurrió en Pozuelo de manera más seria, más sensata o más faltona. Según tengamos la tecla. Muchos dicen que esto ha pasado toda la vida. No lo comparten, pero oyes, desde hace años en el corredor oeste de Madrid y otras zonas de esta mi piel de toro, se juega al tiro al poli apenas peligra el jotabecola. Que los derechos civiles son los derechos civiles. Así que, si esto pasa ahora, no es que los chicos sean unos cafres, es que la juventud es así. Rebelde y de gasolina fácil.

También es bastante agradecido el recurso a la decadencia de los valores (¿de eso no se deberían encargar en casa? o la falta de alternativas de ocio. Pobres, como viven en una planificación urbanística muy yanky y muy demencial (sus padres, esos señores que prefirieron complejo privado a plaza pública) la puta sociedad les aboca al consumo demesurado de toda clase de alcoholes como única manera de divertirse. En el fondo, unas víctimas de la carencia de polideportivos after-hours es lo que son.

Pues no. Porque en Sevilla, los esfuerzos de la administración por el ocio juvenil vienen a ser los mismos que en Pozuelo o Valencia. Pocos y diseñados por gente que nació con 45 años y corbata. De esa misma falta de alternativas salen los idiotas del botellón Lacoste y los artistas que con dos palillos, una tuerca y un chicle te montan una serie que da gloria verla.

Claro que, con 40 euros, cuesta más trabajo liarse la manta a la cabeza con mucha imaginación y mucho talento que acercarse al chino del barrio y comprar botellón para cuatro. Lo difícil no mola nada. Papá ya se lo curró cuando le tocaba. O sea.
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Publicado por en 9 septiembre 2009 in Perdiendo el tiempo, Y todo lo demás

 

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