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A Pozuelo se llega por Vallecas

18 sep

Treinta kilómetros y cien metros. Eso es, por el camino más corto, lo que separa el colegio Loyola de Palacio, en Vallecas, de la comisaría de la Policía Nacional de Pozuelo. Esa es la distancia, apenas 28 minutos en coche, que seguramente habrá soñado con recorrer (sólo de ida) el fulano al que han detenido por pegarle a una profesora y amenazar con todo lo amenazable al jefe de estudios del colegio donde desasnan al hijo de sus entrañas.

Según la versión oficial, la criatura correteaba por el comedor. Como hacen todos los niños de 5 años a los que nunca se les ha dicho en casa que quietecito está más guapo. ¡Cómo vamos a coartar la libertad de pobre niño! Según esa misma versión oficial, el jefe de estudios le cogió del brazo para que no se estampara contra una columna. Igual fue para que se estuviera quieto de una puta vez. A lo mejor le dijo niño, te sientes, coñoya, y lo llevó a su sitio sin demasiada delicadeza. La verdad, no me parece un problema.

Al que sí se lo pareció es a nuestro alejadito del alma. Mi niño ha llegado llorando de clase. Mi niño es un angelico del cielo. Si a mi niño le apetece correr en el almuerzo o mearse en la cabeza de su amiga Marijuani hay que dejarlo hacer. Mi niño es mío y como yo no he tenido huevos, o ganas, de enseñarle a vivir en sociedad, no voy a permitir que nadie lo haga por mí.

Luego, cuando el niño crece, se agarra una melopea épica y le da por tirarle botellazos a la primera persona que le contradice un poquito, salimos diciendo que pelearemos hasta el final por su inocencia. Lo peor es que es posible que lo crean. Si papá es capaz de cruzarle la cara a una profesora por semejante gilipollez, seguramente sea porque piensa que su querubín no merece ni la más mínima reprimenda.

La nueva ley de Esperanza Aguirre, sin esos medios que la buena mujer parece poco dispuesta a dar a lo público,  no tiene demasiado sentido. Al energúmeno de Vallecas le hubiera dado bastante igual la consideración legal del maestro. Yo soy Íñigo Montoya, tú reñiste a mi hijo, prepárate a morir. Los cafres de Pozuelo fueron, directamente, contra la autoridad que más acojona desde que la Guardia Civil no pasea con capa y tricornio.

Habrá que buscar otras soluciones. Dado que con cinco años, uno no genera más conflictos que el destrozo sistemático de las rodilleras del pantalón y con 17 parece demasiado tarde para casi todo, quizá haya que empezar a mirar hacia una generación de padres tan confusos como autocomplacientes.
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3 Comments

Publicado por en 18 septiembre 2009 in Y todo lo demás

 

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3 Respuestas a A Pozuelo se llega por Vallecas

  1. javierM

    18 septiembre 2009 at 8:37

    Si en mi blog te has referido a este post, he de decir que coincido contigo. Por eso, y por otras cosas como quítame allá unos cuantos puntos de pib de la inversión en educación, me parece que la medida de Doña es purita filfa. Ya lo dices tu, no parece que los jóvenes de Pozuelo andaran muy acojonados a la hora de tirar botellas a la autoridad, y mira que un poli tiene autoridad!!.

    No nos hagamos el loco: la mayoría de los conflictos que se dan en los centros, viene hechos de fábrica en casa, porque desde que el colegueo se instauró como forma de educación paterna, cualquier intento de marcar límites saltó por los aires.

    Límites. Claros. Desde que les sale el primer diente. Y pensar y asumir que un padre no es un colega y que los profesores no son el enemigo porque castigue a tu hijo.

    Da para mucho, pero ahí te dejo algunas cositas.

    Ah!!. Y no estoy de acuerdo en la medida de alejamiento del padre. Yo le hubiera encerrado dentro del centro cinco meses. Lo mismo aprendía educación mientras pintaba las aulas.

     
  2. Rubio

    18 septiembre 2009 at 10:57

    A mí me dieron unos cuantos capones y todavía no he cometido un delito. La madre que aprió a la LOGSE, la LOE, la LODE y al segmento de ocio, antes llamado recreo.

     
  3. Antonio

    18 septiembre 2009 at 20:51

    Es cierto que se ha perdido toda la autoridad en las aulas y creo que el problema viene desde cuando se empezaron a dictar leyes un poco raras, con una sobreprotección al alumno exagerada, al mismo tiempo que se desprotegía totalmente al maestro. Todo esto acompañado evidentemente de una mala educación, o quizás una falta de educación, en la familia.
    En casa ha desaparecido la palabra NO. Los padres se han convertido en amiguetes de los hijos, los hijos campan a sus anchas y el principio de autoridad ha desaparecido. Evidentemente si el nene hace lo que quiere con su padre, que es su padre, y además consigue lo que le da la gana sin ningún esfuerzo, ¿qué no va a hacer con el profesor que es un perfecto desconocido y además intenta enseñarlo, con lo que eso cuesta? Y ¡ay del profesor si contradice a su nene!, que para algo está aquí su padre. Ya se están viendo algunos resultados de este engranaje -Pozuelo-, “de aquellas aguas vienen estos lodos”. Esperemos qué nos falta por ver. Desde luego, con este sistema, nada bueno.

     

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