RECREATIVO DE HUELVA, 3 – ATLÉTICO DE MADRID, 0
Nos hemos empeñado en llegar a los confines del ridículo y apenas nos queda una esquinita.
RECREATIVO DE HUELVA, 3 – ATLÉTICO DE MADRID, 0
Nos hemos empeñado en llegar a los confines del ridículo y apenas nos queda una esquinita.
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¿Os imagináis que, por una vez, somos nosotros los que remontamos? Minuto 94. Sí, la verdad es que sería bonito. Simao centra el último cartucho del partido. ¿Os lo imagináis? Antonio López remata. Gol. ¡Sí, la verdad es que es la leche!
Probablemente el Sevilla no mereció perder el partido. Más bien, nosotros no merecimos ganarlo. Ni de lejos. El Atlético de Madrid es un equipo de fútbol que juega al waterpolo, un tenista que lanza jabalina, un ciclista que no se mantiene en pie. El Atleti no sabe jugar al fútbol. En 94 minutos, si fueron cinco los pases con sentido, no fue ni uno más. Cada pelota es una pesadilla y los compañeros no ofrecen una oportunidad de atacar sino un salvavidas con el que mantenerse a flote.
La primera parte fue un tú la llevas histérico que el Sevilla no era capaz de romper porque milagrosamente, la combinación defensiva número 325 en lo que va de liga (Valera, Perea, Domínguez, Antonio López) no insistió lo suficiente en su ridículo habitual. Lo intentó, no faltaron ni el tradicional despeje al centro del área ni el acostumbrado lío con la pelota, sola y desamparada, botando en el punto de penalty, pero no era el día.
Contra un Sevilla que había salido con ganas de marcha pero con muy mala puntería, nosotros sólo opusimos al sevillista Reyes. El chico lleva unos meses como si se hubiera dado un golpe en la cabeza: de repente se ha acordado del futbolista que fue y no hay quién le tosa. A Reyes y al debutante Ibra. Blandito, lento de bostezo al girarse, pero con mucha clase.
Forlán malgastaba miseráblemente cada buena ocasión que le pusieron en los pies. El chico está desquiciadito y no hace cosas que el año pasado eran parte de la rutina. Del resto, ni noticias. Entre nosotros que no sabíamos y el Sevilla que no se acordaba, el partido era uno de esos tostones que sabíamos que iban a acabar mal.
Si llevábamos pidiendo la hora desde el minuto 4, en el 44 se nos comían las ganas. Y más, al ver que les dábamos otro córner. Como Asenjo no espabile, tiene toda la pinta de acabar regalao al Getafe en un par de años. Quizá ayer hizo historia al recibir la primera vaselina estando en la raya de gol. Renato remató de cabeza con un poco de globo y Asenjo la vio pasar sin levantar los brazos siquiera. Sólo le faltó gritar ¡alta! como cuando éramos canijos. 0-1. Un gustito de acabar la primera parte, vaya.
Pero el fútbol tiene estas cosas y si Forlán lo estaba fallando todo, Squillaci se empeñó en subirle la moral. Cuando sólo tenía que rechazarla, se hizo tal lío con el balón que al despertar, Forlán ya tenía el balón a su espalda. El uruguayo volvió a medir mal los tiempos de la carrera, pero cuando Palop se le echó encima, sólo pudo despejarla. Dragutinovic que corría como un poseso sin creerse todavía demasiado bien lo de su compañero, la terminó de meter con el pecho.
El 1-1 no era mal resultado para nadie. Es más, tiendo a pensar que en el campo todos estaban encantados con la idea. Sobre todo, el Sevilla. Es un equipo al que siempre recuerdo perdiendo tiempo en el Calderón. Señal de que no les suele ir mal el marcador en nuestro campo y de que Palop es capaz de sacar de sus casillas al Santo Job.
Más de 40 minutos de intentos poco convencidos sin nada más destacable que la expulsión de Duscher, un gran tipo. Seguros de que un punto era un tesoro que a esas alturas había que conservar, los ataques del Sevilla nos ponían en la peor de las situaciones. Justo esa a la que estamos acostumbrados. Pero atacamos, y apareció Simao, y Antonio López. Y fue bonito que esta vez fuéramos nosotros los que remontábamos.
Primer partido post-Sinama: Victoria, remontada y nos despegamos del descenso. Una cosa no es perfecta cuando es imposible añadirle algo más, sino en el momento en el que no se le puede quitar nada sobrante. Nosotros hemos empezado por el francés. A que iba a ser eso…
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Resulta que no era una inocentada. El Sporting de Lisboa ha pagado unos 6 millones de euros (repitan conmigo: mil millones de pesetas) para que Sinama Pongolle deambule por el José Avalade. Esfuerzo, dedicación, devoción y gloria es el lema de ese equipo que viste como el Betis pero en plan raro.
Un buen delantero centro necesita algo menos de dos partidos para marcar un gol (Forlán), un delantero centro normalito aunque lo vistan de seda (Benzema) te marca un gol cada tres partidos como muchísimo. Si un delantero necesita cinco partidos para marcar un gol (gracias @menottinto por el dato) ni es delantero ni es na.
Gracias Sporting. Gracias por llevaros a Sinama. Pero, sobre todo, gracias por haberme sacado de esas jodidas dudas de fe en las que andaba últimamente. Seis millones de euros. A ver quién es el guapo que me dice ahora que Dios no existe.
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Visto en Las Penas del Agente Smith
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Supongo que a alguno de ustedes le pasará como a mí. Después de ir metiendo cosillas en el blog, a uno le hace ilusión que la gente las lea. Como el mar es muy grande y, salvo unas cuantas ballenas, los demás nos quedamos en boquerones que alguien caiga por tu blog no sólo es un honor, es una casualidad tremenda. Y para eso hay varias maneras:
Están quienes te conocen, que no sólo tienen la enorme bondad de soportarte tomando unas cañas sino que, en un acto de evidente temeridad intelectual, son capaces de leer lo que vas escribiendo (casi) a diario. Esos meten la dirección y tan campantes. Otros tantos, aunque sean sin cañas, te agregan al reader o al bloglines y, oigan, como si fueran amigos de toda la vida.
Otras veces la irresponsabilidad de alguno de los peces grandes llega al extremo de recomendarte a sus amiguetes. NetoRatón, JessicaFillol y Don Ricardo lo hicieron en alguna ocasión. Y esto se me llenó de gente. Algo parecido a lo que ocurre cuando agún ser humano decide menearme un post. Dada la carencia absoluta de fieles que se congregan en este sitio, semejante amabilidad me multiplica por 25 o 30 las visitas durante un par de días.
Y luego está el método clásico. Alguien busca en google algo que le interesa y aparece esta página. Política, música, periodismo, Miatleti… cualquier desalmado con intereses parecidos a estos, antes o después caerá por aquí. Hasta ahí todo normal, salvo cuando la cosa se sale de madre, lo que resulta bastante divertido.
Un consejo para quienes no lo hagan: si se ponen a revolver en las búsquedas de google, pónganse el casco. En lo que va de blog a esta humilde casa han llegado personitas que buscaban, palabrita que es verdad:
“vídeos gratis de hombres haciendo autofelación” Salvo si un blog se considera tal, que pudiera, se confunde usted, caballero.
“follandome a manoli” Hombredediós, ¿para qué quieres que aparezca en internet algo que estás haciendo?
“mexicanas su primer ves en un gan bang” ¿Qué pensaría esta criatura cuando cayó por aquí?
“hormonas para la cola” Un clásico. Le tengo tanto cariño que hasta le hice post.
“enamorada de abel resino” Hay que tener ganas.
“w.w.w.españa profunda .es” Todas las búsquedas son anónimas, salvo ésta, que es una firma sin búsqueda
“quedar para follar hoy en vilanova y la geltrú” Un poco lejos me pilla, mire usted. Además, precisamente hoy no me viene bien.
“avisos contingentes” Pero el blog es necesario.
Como verán, internet es esa autopista de la información que conecta a los pueblos del mundo en una gran aldea global de conocimiento y saberes infinitos y, al final, como todo, sirve para intentar echar un polvo. Ya puedes escribir una tesis sobre la división celular en condiciones de gravedad cero, que fijo que te llega alguno que buscaba tetas.
Esas son las mías, las búsquedas, no las tetas. Ahora, les propongo un jueguito: blogueros del mundo, en los comentarios de este post o en el twitter (#busquedaschanantes) vayan poniendo esas palabras-clave con las que alguien se topó con su blog y que a ustedes les hicieron soltar una sonrisilla. Cuando haya unas cuantas, las sometemos a votación. La mejor tendrá hastra premio: una llave que no abre ninguna puerta, pero es llave al fin y al cabo.
Cuanto más lo menees, menos posibilidades de llevarte la llave ->
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No se les puede dejar solos ni un ratillo. Hay que ver. Se va uno a casa por Navidad, como los turrones, después de soltar por aquí la vomitona prefiestas ineludible (para días como esos fue para los que me abrí el blog) y cuando vuelve se da cuenta de que le han dejado la fe hecha unos zorros.
Hace cuatro días y medio jamón menos, el santo padre guía-de-todos-los-rebaños-de-bien, cansado de pensar en las alturas, tuvo un ligero cambio de impresiones con la alfombra. Ya lo cantaba Mecano, entre el cielo y suelo hay algo con tendencia a esmorrarse a poco que una fan salida de madre le empuje. O no era exactamente así…
El caso es que el incidente ha provocado en Roma cierta controversia sobre la seguridad del papa, y a mí, que tengo el día mucho menos terrenal, la primera duda de fe. Razti es el vicario de Cristo. Cristo sigue siendo, mal que nos pese a todos los envidiosos, el ojito derecho de su padre. Su padre, Dios, es uno, trino y todopoderoso (un figura, vamos). Y aquí el figura permite que cualquier oveja descarriada se acerque al mejor amigo de su hijo con tal entusiasmo que la cosa a punto ha estado de acabar en cónclave.
Eso se soluciona con un papamóvil indoor, dirán ustedes cargados de razón. Pues sí, pero ¿al Papa no debería protegerlo mejor el jefe supremo que un cristal, por gordo que sea (el cristal, no el papa)? En esas dudas me hallo, que la omnipotencia me tiene bastante decepcionado últimamente.
Claro que no hubiera caído en ese dilema teológico si no fuera por lo que ha venido después. La asociación de amigos del cumbayá ha vuelto a montar su cirio de cada año en el centro de Madrid. Que a mí no me importa que se manifiesten, allá cada cual con su forma de pasar frío, a mí lo que me jode es el bochinche de tráfico que arman. El día del millón de hostias, dice más o menos un titular de Público de esos de tener el día salvaje y que nadie te frene.
Sin evidencias científicas de que siguiera bajo los efectos del golpe, Benedicto XVI se dirigió al personal por videoconferencia (los milagros de ubicuidad ahora los hace Bill Gates) con el mensaje de costumbre: Dios quiere que follemos como conejos y sin condón siempre que antes estemos en posesión de la póliza 23C. Sin póliza, no vale.
Claro que quién mejor estuvo fue el telonero. Rouco Varela y su encendida defensa del sexo amor de pago. Que aquí el monse raje contra las bodas gays y el aborto viene siendo parte del discurso habitual. Lo que tenía algo más olvidado y ahora recupera con entusiasmo es el divorcio. Supongo que lo de tirar hacia atrás del extremo rancio es una simple cuestión física: según avanza la sociedad, las reivindicaciones de la iglesia se vuelven más añejas para que el punto de equilibro (ese al que se agarran los gobiernos para no perder votos) siga siendo el actual. Si la sociedad logra que el aborto sea un derecho de la mujer (2009), la iglesia brama contra el divorcio (1981). Con un poco de suerte, la cosa se queda en 1995 y virgencita virgencita, que nos quedemos como estamos.
No me negarán que el argumento de Rouco es molón: si la cosa sigue por este camino (léase camino con todas las connotaciones posibles) Europa se queda sin hijos. Y aquí me surge la segunda duda existencial: Dios, que es bueno, todopoderoso y todas esas cosas que se dicen de él, ¿no pondría a procrear como chinchillas a sus representantes en la tierra dado el grave peligro que se cierne sobre nosotros? Pues no, el supremo hacedor lleva de brazos cruzados desde el séptimo día por la mañana y por cerca que esté el apocalipsis, los curas sin un triste hijo (reconocido).
La tercera duda me sobrevino por culpa del telonero bis. Kiko Argüello, guitarrista y pintor en la vida. Un altísimo como dios manda… un dios como el altísimo manda… un dios como dios manda… un altísimo co… (joder, perdonen el lío identitario) no hubiera permitido semejante crueldad para las decenas de miles de millones de infantes (recuento de Esperanza Aguirre S.L. o Sagradas Escrituras S.A., el que más alto pete) que pululaban por la manifestación.
Para un cuento que tienen dominado (todavía son cumbayás cinturón blanco-amarillo y lo de la santísima trinidad se les resiste) llega Argüello y se lo descojona. Toda la vida creyendo que los Reyes Magos son unos señores que llegan cargaditos de regalos el 6 de enero para que a la voz de amén se aparezcan en Madrid a 27 de diciembre con su negro de verdad y todo. Y ellos con las cartas a medio escribir. Ningún ser supremo que albergue la más mínima bondad puede consentir semejante ataque de pánico en tanto inocente. No sé si se hacen una idea. En el mundo calvo sería algo así como si Jessica Alba se les presenta cantando el aserejé justo el día que no se han cambiado la muda. ¿Es o no es como para perder la fe en dios bendito?
Menéalo, hombredediós ->
Escrito en Esos tipos | Etiquetado Aborto, Familia, Reyes Magos, Rouco Varela | 2 Comentarios »
El cuerpo tiene estas cosas. No es ni el primer año, ni siquiera el segundo que me pasa. Entre que los ninios certifican que sigo sin ser millonario y el langostino pertinaz sale de la cocina siempre se acaba desatando una fuerza cósmica que me deja hecho una pena. No hay día 23 de diciembre desde que el mundo es mundo que no me pase en pijama, arropado por una mantita, tirado en el sofá o arramblao delante del ordenador, con un calcetín puesto y otro a medio quitar y los ojos entrecerrados pegándole sorbitos a algún berbistrajo caliente. Se puede tener una pinta más indigna, seguro, pero ahora mismo no se me ocurre cómo.
Lo de que soy alérgico a la navidad en mi caso no es un tópico, visto lo visto es una evidencia médica. Debo de tener alguna glándula cabrona por ahí que, según se iluminan las calles, se pone a dar porculo. Será algún mecanismo de defensa: en lugar de deprimirme profundamenta al ritmo del jingle bells, me pongo malo. No hay manera de estar triste cuando intentas controlar un moqueo catarático.
Igual es un rollo asperger de esos y lo que pasa es que carezco de cualquier tipo de empatía, sobre todo si es navideña. La felicidad obligatoria así se te haya muerto el gato o tu equipo se arrastre por los confines de la liga, me pone de una mala leche que no les quiero contar. No acabo de entender eso de sonreir y mostrar buenos deseos con todo cristo sin haber fumado nada. Si un doce de junio, martes, la vida de Fulanito me importa una higa, socialmente soy un tipo normal y con unos respetabilísimos intereses. Si a veintitantos de diciembre la indiferencia no ha cambiado en exceso, lo mío ya es de monstruo comeniños. Amabilidad por calendario, se llama.
La navidad mola hasta que uno se da cuenta de que los reyes son los padres. Bueno, más bien, hasta que uno le dice a sus padres que se ha dado cuenta. Lo cual suele ocurrir un par de años más tarde, no sea que si saben que lo sé se joda el invento. A partir de ese momento, y dado que Cortylandia ya no es lo que era, uno de los principales cometidos de estos días es peregrinar de centro comercial en centro comercial buscando regalos para todo cristo. Un follón en el que nunca aciertas porque si a alguien le gusta mucho algo, lo tiene. Y si no lo tiene, probablemente no le guste tanto.
El resto del tiempo, te lo pasas de comida en comida, de cena en cena, como si el día 7 de enero fuera a llegar otra posguerra. Normal que muchos de esos días acabes con una melopea de pronóstico reservado. Total, si estás en casa, la que sea, malo. Y si sales a la calle, peor: pese a lo que digan estadísticas plenamente falseadas, el día 31 de diciembre en los bares de toda España sólo se consumen 12 litros de whisky. El resto son productos adulterantes para hacer garrafón.
Así que, entre unas cosas y otras, la navidad es esa época en la que, al menos dos días pasan como en una nebulosa. Los jugos gástricos luchando por salir del barco hundido de tu estómago mientras tú peleas por comer un bocadito más de cordero. Sólo uno. Que te lo han hecho con mucho cariño.
Una época en la que haces cola hasta para ir a mear en casa. Las cuentas entre catorce personas, 53 metros cuadrados y un solo baño no suelen salir bien. Colas para pagar los regalos, colas para comprar el marisco porque otro año más no has hecho caso a quienes te dijeron que lo congelaras.
Colas hasta para ir al cine. Porque a día uno o a día 25, a las seis de la tarde la situación se empieza a hacer tan insostenible que cualquier cosa que te ofrezca un par de horas de evasión se convierte en la tierra prometida. Si de normal, una sala de proyecciones puede convertirse en una tragedia, en navidad y año nuevo la paciencia tiene que alcanzar cotas épicas para que la cosa no acabe en comisaría.
Igual lo del cuerpo es una señal y yo me empeño en despreciarla a base de medicamentos. Un año de esto me dejo ir y no me tomo nada. Sólo por comprobar si, como sospecho, estaré al borde de la muerte hasta la mañana 7 de enero, momento en el que me levantaré hecho un pincel como si aquí no hubiera pasado nada.
Menéalo, fun fun fun ->
Escrito en Y todo lo demás | Etiquetado Compras, Navidad, Renqueante Salud | 1 comentario
Puedo negar y niego (categóricamente, ojo) que este post vaya sobre un país donde la voz de los empresarios tiene más agujeros que una tela metálica, un territorio en el que la noticia del mes es que a una semi-analfabeta le han hecho una cara nueva, esta piel de toro en el que esa chica que juega a periodista por fin va a hacer porno (de lejos, ay, cuántos sueños -húmedos- incumplidos), los mismos 504.645 kilómetros cuadrados que una ardilla puede recorrer, de trinque en trinque, sin tocar el suelo. No, aunque por el nombre pudiera parecerlo, este post no va sobre ésta, Mispaña.
Tontilandia, queridos niños, es un lugar de peregrinación navideño como otro cualquiera. Un sitio que, por mucho que uno se esfuerce, acaba visitando año sí, año también, por los más variados motivos. Tontilandia es una aberración propia de unas fechas en las que cualquier burrada vale si se lleva a cabo con una sonrisa y tarareando el tamborilero. Ojito, mucho ojito, a la versión reggetón de la cosa. El mundo se acaba. Y se acaba por cosas como esta, quedan avisados.
Reconozco que la idea no dejaba de ser brillante en sus comienzos (1979): en mitad del gilipollismo navideño (que ese es de siempre), una generación de niños para los que Heidi era alta tecnología televisiva presenciaba asombrada historias contadas por muñecos autómatas. Lo nunca visto y todo eso.
Esos-grandes-almacenes (manera habitual de referirse a El Corte Inglés disimulando que tito Areces paga la mitad de las nóminas de cada medio vía publicidad) ganaban potenciales compradores, y las pequeñas criaturas vivían una experiencia mágica en la que unos gigantes ciertamente ortopédicos se volvían buenos gracias al espíritu de la Navidad y dejaban que el príncipe y la princesa sellaran su amor en público para hacer cosas de mayores en privado a la que desapareciera tanto puto niño.
Pues bien, démosle un poquito palante al vídeo. 2009 dando las boqueás. El más tonto de los inocentes infantes se ha pasado cuatro juegos en la PSP desde que se la regalaron por cumpleaños. Con un poco de suerte, sus padres le habrán llevado al Circo del Sol, a todos los estrenos de cine en 3D del último año y se habrá aprendido de memoria el cantajuegos, pocoyó y bob esponja en un pantallón de plasma que no le cabe en la pared.
Y ahora, con dos cojones, pretendemos decirle que cuatro armatostes con menos cintura que el portero de un futbolín, un doblaje lamentable y una historia más simple que el mecanismo de un chupete son parte de la esencia de estas fiestas. Cuatro años y ya plenamente consciente de que sus padres son idiotas. Criaturita.
Acabando 2009, decía, y cada nueva representación (¿?) tontilandesca sigue colgando el no hay billetes (o no hay un metro cuadrado de calle, que viene a ser lo mismo). De espectadores, una inmensa mayoría de padres y no padres rondando la treintena. Estos últimos, empeñados en decepcionarse año tras año porque ya nada es lo que era. Los otros, con el mismo sentimiento de zozobra pero armados con la excusa de que van para que sus hijos vivan esta bella e ineludible experiencia navideña.
No sé si era una estrategia de márketing muy a largo plazo o simplemente que la propia imbecilidad del personal ha superado las previsiones más optimistas. De toda la vida, los primeros 10 minutos de Tontilandia iban destinados a alucinar a los niños y el minuto final, con decenas de ojitos henchidos de ilusión clavados en las carteras paternas, a ofrecer puntuales direcciones sobre dónde comprar los juguetes.
Desde hace un tiempo se ha producido una curiosísima inversión de la cosa: ahora son los pequeños monstruos quienes aguantan 10 minutos de coñazo sideral, mirando condescendientemente a sus padres, a la espera de que una voz les diga dónde leches están los juguetes con los que piensan dejar tiritando la economía familiar.
Es el precio que tienen que pagar, los pobres, porque papá y mamá se olviden de la mierda nómina que cobran y, con los ojitos henchidos de ilusión, les digan a todo que sí en las plantas segunda y cuarta. Gran exposición de juguetes. No se la pueden perder. Oigan.
Menéalo, por la ilusión de un niño ->
Escrito en Y todo lo demás | Etiquetado Juguetes, Navidad, Niños, Tontilandia | 1 comentario
Empatamos a desgracias contra un recién ascendido que demostró que podía ganarnos. A nosotros, que llevamos las estrellitas en la manga. Asenjo tuvo que parar un penalti y una chilena en el último minuto para que no nos volviéramos con la cara del todo colorá. Jurado marcó sin mucha fe y Sinama falló absolutamente convencido. Nada nuevo, y menos sin Agüero.
Se llama media inglesa a esa cuenta de la vieja que dice que ganando los partidos de casa y empatando los de fuera, un equipo es campeón de liga. ¿No será que esta gente se ha liado y está empatando fuera y palmando en casa a conciencia? Una pena, con la ventaja de ser la última de 2009.
Escrito en La pelotita | Etiquetado Asenjo, Atleti, Jurado, Liga, Tenerife | 1 comentario